Opinión

El poder a los jóvenes

MARIO FUENTES DESTARAC* Mario Fuentes Destarac


Ortega y Gasset afirma que cada generación tiene su vocación propia, su histórica misión, aunque acontece que las generaciones, como los individuos, faltan a veces a su vocación y dejan su misión incumplida, por lo que se convierten en generaciones desertoras, porque son infieles a sí mismas, es decir que defraudan la intención histórica depositada en ellas.

Estoy convencido de que la actual generación de guatemaltecos es desertora, ya que no tuvo el valor y la entereza para asumir su responsabilidad histórica en todos los órdenes, en la política, en la economía, en el derecho, en la academia, en la ciencia y en el arte.

En la política, esta generación, en lugar de dotar al país de un sistema político moderno y acorde con una genuina democracia republicana, conservó el modelo partidocrático tradicional, sustentado en el malsano clientelismo político y el financiamiento político anónimo, así como alimentado por un repudiable rentismo estatal, que despertó una insaciable codicia politiquera y desencadenó una corrupción generalizada.

Asimismo, en la cuestión económica, la generación actual, en vez sentar las bases de una verdadera economía social de mercado, mantuvo, como dice García Hamilton, el viejo modelo de la concentración de recursos y el sostenimiento de empresarios prebendarios, a quienes se les otorgan privilegios y reservas de mercado, sin que impere la competencia.

En el derecho, esta generación no fue capaz de construir un genuino Estado de derecho, basado en la aplicación de leyes justas —generales, abstractas, razonables, coercibles, estables— y legítimas —que obedecen a la realidad y son emitidas con apego a un debido proceso legislativo—, que garantizara el acceso a la justicia, la igualdad ante la ley, la resolución pacífica y eficaz de los conflictos, la erradicación de la impunidad y la certeza de la aplicabilidad de la Constitución y ley. Esto potenció la conflictividad, la inmoralidad, la frustración, la desesperación y la violencia con todos sus horrores, desde las extorsiones y el despojo hasta el linchamiento y la matanza, que nos tiene sumidos en la incertidumbre, el temor y la angustia permanentes.

El populismo académico, bajo cuya dominación la excelencia, la exigencia y la renovación cedieron ante la demagogia, la masificación, la mediocridad y el estatu quo, nos alejó del mérito, de la competitividad, de la productividad y de la pertinencia educativa. Además, el desinterés por la investigación, la innovación y la diversificación, así como por el arte, se ha traducido en un freno para el desarrollo integral.

En fin, esta generación simplemente fracasó, ya que no cumplió con su misión histórica. Por consiguiente, debe ser reemplazada por la siguiente generación, así como ocurrió en la Guatemala de 1944 o en países en donde los jóvenes tomaron el control de las instituciones y las empresas, y con energía, optimismo y, sobre todo, con la autoridad moral que da la entereza, la puridad, el patriotismo y el espíritu de lucha y de sacrificio, catapultaron a su nación hacia adelante.

La codicia, el odio, el engaño, el temor, la simulación, el atajo a la ley, la posesividad y la indiferencia por el prójimo se han apoderado de nuestra vida. La autenticidad y la integridad personal han caído en un lamentable desuso e inadvertencia. A su vez, el liderazgo político dista mucho de ser patriótico, visionario, moral y veraz.

José Ingenieros decía que cada vez que una generación envejece y reemplaza su ideario por bastardeados apetitos, la vida pública se abisma en la inmoralidad y en la violencia.

La renovación moral de nuestra sociedad no puede seguir aguardando, y esta solamente la pueden llevar a cabo los jóvenes, que, según Ingenieros, son los que no tienen complicidad con el pasado, pueden mirar hacia el amanecer sin remordimiento, tienen la energía y el entusiasmo necesarios y constituyen una nueva generación, que es tal por su espíritu, no por sus años. Inequívocamente, los jóvenes comprometidos con el futuro de su país son las reservas morales de la sociedad guatemalteca.

De suerte que es imperativo que la juventud guatemalteca, especialmente aquel segmento de jóvenes que es idealista, vigoroso, entusiasta, audaz, preparado, correcto y no comprometido con el pasado, sustituya a la actual generación, cuya impronta es la deserción y la cobardía, con sus honrosas excepciones por supuesto, y promueva y abandere la profunda transformación que necesita la sociedad guatemalteca en todos los órdenes, con el claro objetivo de salir de la pobreza, del inmovilismo, de la injusticia, de la inseguridad y del subdesarrollo. Desarrollo integral para todos debe ser la consigna.

* Abogado y Notario (URL). Máster en Administración de Empresas (INCAE). Catedrático de Derecho Constitucional (URL). Columnista del diario elPeriódico. Vicepresidente de Acción Ciudadana. Ex-Decano de Derecho (URL). Ex–Presidente del Centro para la Defensa de la Constitución (CEDECON). Ex–Presidente de la Junta Directiva de la Cámara Guatemalteca de Periodismo. Ex–Vicepresidente del Tribunal de Honor del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala.

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