Opinion

El descrédito como recurso fallido

RENZO ROSALRenzo Lautaro Rosal


Así como en nuestro país, el resto del mundo está en total agitación sin precisar la orientación o rumbo de esa nueva dinámica que se ha instalado. Signos de avances, como la lucha contra las diversas formas de impunidad, se mezclan con los giros a la derecha que se respiran en varias regiones del globo y que en América Latina son más perceptibles en Argentina y en la reciente elección en Perú —por citar algunos—. Este tipo de giros expresa cambio de estafeta, más no necesariamente avances. La victoria del brexit viene a complicar el escenario. No se trata de un fenómeno que afectará solamente a Europa. Los niveles de interconexión son de carácter planetario. Personajes como D. Trump y la gama de líderes de perfil similar en Italia o Francia; por ejemplo, saldrán de sus desfasados bastidores para cobrar vigencia. El partido Popular en España recién ganó las elecciones parlamentarias; si bien no la tendrá fácil para conformar la coalición que le permita la Presidencia, si se posiciona como la principal fuerza política. Los nacionalismos, parte del ADN de Europa, cobran inusitada importancia. En cualquier caso, escenario donde se están rompiendo moldes. Si eso generará avances o retrocesos, lo sabremos con el pasar del tiempo.

En épocas de remolino, basta introducir una pieza desvencijada para que el torbellino adquiera otra naturaleza. Ese ha sido el caso del brexit, como lo es también la oleada de desprestigio que desde hace unas semanas utilizan los sectores y personas a quienes los casos han puesto contra las cuerdas. La nueva trama se está encimando sobre los engranajes claves, MP, colaboradores eficaces y CICIG. Llama la atención que la propia declaración de Juan Carlos Monzón ahora se utilice en contra; no ha quedado claro quién es el responsable de esa filtración, que lejos de sumar en contra de la lista de los cuestionados, ahora quiera venderse como la pieza falsa del contraataque. Aprovechar los supuestos resquicios para echar abajo las principales evidencias, ese es el objetivo del momento. El juego de roles está montado. Los medios de comunicación sobre quienes pesan diversos señalamientos son los amplificadores, queriendo aprovecharse de una supuesta masa de ciudadanos inertes; cuando en realidad la agitación social ha dado como resultado claridad, racionalidad y criterio propio donde no tienen cabida los mensajes propios de la guerra sucia.  Otra pieza del rompecabezas de la resistencia es la aglutinación de sectores que comparten la misma carga de responsabilidades. La lógica de los casos los han unido, aunque aún tiene preponderancia el propósito de que cada quien vele por su pedazo. Los abogados de la defensa son los responsables de generar los mensajes de desgaste. Los sindicados, especialmente las cabezas OPM y RB, cumplen el papel de los vociferantes; el primero focaliza su ataque contra el mismo Monzón y el comisionado Velásquez, RB hace lo propio también contra Monzón y la Fiscal General. Son capítulos de una novela anticipada, de la cual ya se sabe su final. Patadas de ahogado de un grupo que siempre funcionó como colectivo criminal, que edificó un escenario de impunidad, lo cual garantizaría que ni en sus peores pesadillas se imaginara lo que ahora ocurre. Allí radica el factor sorpresa, lo inadvertido.

Quiere darse la idea de que estamos frente a una lucha de titanes. En lo legal, seguramente la fase actual y las venideras no son fáciles y mucho menos a la hora de anunciar las sentencias condenatorias. En lo político, el debate que se quiere instalar pretende crear un imaginario de confusión del cual se desprenda la pérdida de apoyos y legitimidades sobre las instancias responsables del actual cambio político-institucional. Ambos planos son debidamente orquestados por los grupos de poder que nunca pensaron estar en el patíbulo; pero en los dos, los hechos concretos se imponen y no dejan duda del impacto negativo/erosión hecha del Estado, sus recursos, instituciones y las relaciones generadoras de cultura ciudadana.

Así como en nuestro país, el resto del mundo está en total agitación, sin precisar la orientación o rumbo de esa nueva dinámica que se ha instalado.

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