Opinion

“El Cincinato de ayer, no cabe duda, es la CICIG de hoy”.

Hace quince días, en el artículo que publiqué con el nombre de Cincinato, un personaje romano que nació 519 años antes de Cristo, preguntaba a los lectores de Crónica que, utilizando toda su imaginación, trataran de identificar a este personaje en el ambiente que estamos viviendo en Guatemala, a partir de las manifestaciones del 16 de Abril -2,544 años después-. El texto decía así:

Si a Roma la amenazaba un grave peligro interno o externo, el Senado nombraba un dictador por un período de seis meses y le investía de un poder ilimitado sobre la comunidad. En tiempos de guerra o en situaciones que exigían decisiones rápidas, prefería confiar el poder a un solo hombre. En tales momentos es peligroso dividir el poder supremo entre personas de igual autoridad. El de dictador era, pues, un cargo ilimitado, excepcional, y nadie podía ejercerlo más de seis meses… Cumplida su misión, el cesante volvía a ser un ciudadano cualquiera, dispuesto a rendir cuentas sobre las medidas que había tomadas durante su mandato. Cierta vez, los romanos se enzarzaron en una peligrosa guerra contra un pueblo vecino, los Ecuos. Sobrevinieron malas noticias: uno de sus cónsules era de una incompetencia militar increíble. Desesperados, los romanos solo vieron una solución: concentrar todos los poderes en manos de un solo hombre y eligieron aCincinato, un patricio que adquirió antes fama como cónsul por su valor político. La historia cuenta que Cincinato derrotó en una sola noche a los Ecuos, que se vieron forzados a pedir la paz. Cincinato los dejo libres a condición de rendir las armas y entregar a los jefes a los romanos. Cumplida su misión, el dictador se despojó de la toga orlada de púrpura, transcurridos apenas seis días y, aunque aún podía prolongar el poder durante seis meses, se reintegró a su arado. 

¿Quién es, en los momentos actuales, ese dictador cuyo poder supremo tiene en sus manos salvar a Guatemala? Después de darle varias vueltas, entre los amigos que a veces nos reunimos a platicar sobre esta revolución positiva que vemos venir para Guatemala, llegamos a dar con esta respuesta: el Cincinato de ayer, no cabe duda, es la CICIG de hoy.

Pero las tareas del Cincinato de ayer, nuestra Cicig de hoy, no terminaron con la victoria sobre los Eucos, porque veinte años después esto volvió a ocurrir: 

Veinte años después de su victoria sobre los Eucos, Cincinato volvió a salvar a su pueblo. Un romano influyente, llamado Espurio Melio, era un hombre riquísimo que trató de apoderarse de Roma. Al ser Roma afligida por el hambre, pensó que podría apoderarse del mando gracias a su fortuna. Tito Livio, el gran historiador romano de aquella época, cuenta que Espurio Melio distribuyó trigo a la plebe que le seguía por doquier seducida por los regalos, consiguiendo que le miraran y exaltaran… prometíanle el consulado por sus favores y promesas … él mismo, en fin (que el hombre es insaciable con cuanto le ofrece la fortuna), aspiró a metas más elevadas y prohibidas. Se eligió otra vez a Cincinato. Tenía entonces ochenta años. Decidió mandar a llamar a Espurio. Al sentirse amenazado optó mejor por huir, y la caballería lo alcanzó y le dio muerte.

¿Quién es, en nuestra historia, 2, 544 años después, nuestro Espurio Melio?

Si bien esta respuesta es sencilla, y falta poco para conozcamos su desenlace, una vez nuestro Cincinato logre vencer a nuestro Espurio Melio, la gran pregunta que debe concentrar nuestros mejores esfuerzos es esta otra: ¿qué es lo que, en la realidad, nuestra gente añora y reclama y quiere para Guatemala?Podemos hacer una lista de leyes y podemos darle prioridad a una sobre las otras, pero, en el fondo, el gran clamor popular no es legalista ni, por asomo, quiere romper con el orden constitucional. La verdadera muralla, el verdadero mal y el problema que tenemos por delante no es legal, sino mental, porque el gran desafío que tenemos que superar es la mentalidad con la que diseñamos nuestras instituciones, haciéndolas girar alrededor de la figura de un líder que llega a tener tanto poder que, tarde o temprano, se corrompe. No poder pensar fuera del ámbito de las organizaciones piramidales que tienen como razón y sustento ser jerárquicas, y que, por naturaleza son corruptas, es nuestro verdadero problema. 

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Este esquema es el verdadero muro de nuestros lamentos. ¿Cómo salir de este paradigma que nos tiene mentalmente atrapados?

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