Opinion

Dr. Dionisio Gutiérrez (Comentario sobre su discurso en el Primer Encuentro Ciudadano)

EDUARDO COFIÑO 


Me disculpo de entrada con mis poquísimos lectores, pues, a los cuatro micos saraguates que me leen, aunque diga Chalo Marroquín que en la versión electrónica me siguen muchos fans, yo les había prometido en mi último artículo, hace un par de semanas, que hoy continuaría con Turistas: por favor, no vengan (Parte II), pero, debido a cambios repentinos en la inspiración literaria, modificaciones climáticas inesperadas, informaciones recibidas y aprendizaje constante, aunque desordenado, tengo intenciones de compartirles algunos pensamientos y cavilaciones alucinadas que, no precisamente propios, mas sí adoptados como propios, me parecen muy interesantes. Y me disculpo también con vos, Dionisio, por usar tu nombre y dejarte para la segunda parte de esta diatriba, esperando ahora que realmente logre abordar el tema de tu discurso y algunas otras cosas que se me ocurren, contando únicamente con 5,000 caracteres permitidos ­—incluyendo espacios­—, los cuales he sobrepasado infinidad de veces y que, debido a esto, los editores y el director de Crónica, en lugar de disminuir la letra para que mis elucubraciones marihuanas aparecieran en su totalidad, con absoluta libertad me modifican frases y oraciones, sumamente importantes para mí, por lo que desde ya y aquí solicito encarecidamente que no lo hagan. Corregir no es lo mismo que editar, ¿saben? Corríjanme la ortografía, la puntuación y el orden, pues a veces hasta invento palabras. Pero no me cercenen mis creaciones, me siento como censurado, inhabilitado de expresarme con libertad. A veces, incluso, me he sentido como la gran puta. Gracias. Y ya sobrepasé 1,471 caracteres, perdoná, Dionisio, a ver si cabe mi comentario a tu discurso.

Quería, pues, compartirles unos pensamientos sobre el caso de Puerto Quetzal, el del terreno arrendado a la empresa TCB:

…y es que pienso que los verdaderos Capos de los negocios turbios en el mundo, se han vuelto muy profesionales. Son dueños de bancos, de navieras y administradores de puertos. ¿De qué otra manera se te ocurre, querido amigo y lector incondicional, que podrían  ingresar los miles de millones de dólares a los países desarrollados (y consumidores compulsivos, como los Estados Unidos) sin que nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, agarren a uno de esos cerotes?

De plano estos señores son graduados de Harvard o Yale, tienen hermano Senador (o incluso Presidente), son miembros de la alta sociedad y no le ponen a ninguna droga. Nítidos. Alguno de sus tres hijos ganó medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Invierno (los de verano, está por demás afirmarlo, son para los shumos), acuden a la iglesia y contribuyen con el bienestar social por medio de Fundaciones (algunas propias, por supuesto) y caridad. Compran arte del antiguo y juegan polo, además de golf. A medio día, en el Club, practican el tenis, con gran enjundia. Tienen jets, yates, mansiones, automóviles y joyas, en varios lugares del mundo.

Me imagino que se hacen los babosos cuando compran por muchísmos millones (mil millones de dólares, en este caso, pues) a una empresa (TCB, llamémosle, para identificarla) que es señalada a la semana siguiente de la transacción, de corrupción, empresa que manejaba 11 puertos, desde Colombia a España, por lo menos.

En Guatemala, además de los 30 millones de dólares que repartieron en mordidas, invirtieron otros 130 millones en infraestructura. Esta otra empresa (APM, llamémosla, para identificarla, también. No se me pierdan.) es un conglomerado empresarial que también está entre las tres navieras más grandes del mundo y administran más de 70 puertos. Esta empresa, digo, no se percató de los malos negocios de TCB ¡y la compró!

–Ups, no nos dimos cuenta, sorry.

Y yo me pregunto si estas empresas multi multimillonarias no investigan bien antes de hacer estos negocios. Me pregunto si no es todo parte de una mafia inmensa cuyo hábitat está afuera de nuestra realidad tercermundista, como extraídas de las novelas de Stieg Larsson, porque, ¿sabes qué?, cuentan con el poder económico para comprar el país entero…

Y me recordé de un caso que sucedió en Petén, cuando los alemanes, buena onda aquellos, mis ancestros, nos donaron la Planta de Tratamiento del Lago Petén Itzá, con la condición de que ellos la construían, era su dinerito, con mi dinero hago lo que quiero. Resulta que así lo hicieron: una empresa alemana ganó la licitación allá, en Alemania y vinieron a subcontratar aquí a otra empresa de Guatemala para que construyeran la Planta, incluida bomba y tuberías de traslado de aguas negras. Suena todo divino hasta que, ya inaugurado el sistema, la Planta empezó a desboronarse, los muros de las lagunas de aireación se empezaron a caer en  pedazos. Ni lentos ni perezosos los abogados del Estado, pusieron una demanda contra la empresa constructora pero, ¡sorpresa!, otra empresa alemana, mas grande, por supuesto,  la había comprado y ya no había a quien demandar. Parece parecido, este padecimiento.

En fin, todo rarísimo, inverosímil, como escribe Mario Alberto Carrera. Digno de novela. Gracias por tomarte el tiempo de leer mis estupideces.

Pero, volviendo al tema del Puerto Quetzal, los buenazos de APM, para demostrar su buena fe, depositaron en un banco guatemalteco, raudos y veloces, como dice el dicho, los USD 30 millones requeridos por nuestras autoridades. Y como nosotros, además de pobres, analfabetos, desnutridos y sometidos, somos incapaces (no como aquél cuate que se presentaba diciendo me llamo Tal y Tal, pero me dicen El Incapaz…las hinco y ¡paz! ¡Ni se les ocurra quitar este chiste!) de construir las pinches grúas que aquellos instalaron y las necesitamos, pues sin ellas este país se viene abajo. Como pasó en CELGUSA, ¿te acordás? No sé cómo logramos sobrevivir sin ellos….

Entonces transamos con APM.

De a huevo. Todos salimos ganando. No importa si el hospital de Izabal lo construyeron los narcos, o el centro acuático de Dolores, Petén. Los necesitamos. A nosotros los países pobres nos vale madre de donde vengan los fondos. ¿Verdad?

Y así, debido a la necesidad de las grúas, debido a que no queremos que la inversión se convierta en chatarra y, debido también, a los transes normales con las empresas que gobiernan el mundo, llegamos a la conclusión de que lo maneje y administre APM, para bien del país y prosperidad del pueblo. Aunque, no sé porqué, a mi todo este asunto me huele a mierda.

Dionisio: No me cabe el comentario magnífico y profundo que iba a hacer sobre tu excelente y objetivo discurso. Pero les recomiendo oírlo y verlo en http://youtube.com/watch?v=ZpN_mKFX6SY&sns=em

 

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