Opinion

Darle vuelta a la tortilla, como escenario nacional de los próximos 5 años

GUSTAVO LEIVA


Gustavo Leiva
La idea de escribir esta columna en Crónica cada quince ideas es ir encontrando el camino hacia una revo-lución positiva. La mejor de las sorpresas es que, así como Guatemala se encuentra en un proceso de cambio profundo, cuya imagen podría ser la estar dándole vuelta a las tortillas, a esta columna le está pasando lo mismo. Al principio creí que lo importante era hacer reflexiones sobre la vida y el futuro nacional, con el fin de promover una nueva conciencia de país. Después, con los eventos semanales de las manifestaciones, comencé a darle vuelta a la tortilla en esta misma columna. En lugar de reflexionar sobre algo que fuera posible algún día, decidí acercarme a lo que día a día estaba ocurriendo en Guatemala. Poco a poco se fue formando en mi mente esta imagen, como un escenario que explica de manera fácil y sencilla lo que nos está sucediendo: Guatemala se ha convertido en un gran comal: una por una, la nueva moral ha ido dándole vuelta a las primeras cuatro, cinco, treinta tortillas; contándolas por el número de casos que la CICIG y el MP ha logrado destapar.
Recientemente, la primera ronda de elecciones también sirvió para darle una vuelta ejemplar a unas cuantas tortillas más.
La Presidencia y la Vicepresidencia de la República, en este gran comal que ahora es Guatemala, ya no son las mismas tortillas de antes: ya les dimos vuelta. Ahora van a mostrar su verdadera cara. Cuando se le da la vuelta a la tortilla, el fuego va mostrando un segundo lado totalmente distinto al anterior. La tortilla se pone de cara, entonces, la vemos como realmente es, y podemos tocar su parte suave y blanda. Ese es el arte de tortear, al fin y al cabo: ir poniendo a las tortillas con la cara enfrente y la espalda atrás, hasta que están listas para sacarlas del fuego.
La imagen del gran comal, en cuanto a la relación entre el espacio y el tiempo, también es la correcta. No fue lo mismo darle la vuelta a la tortilla de la Vicepresidencia, como lo fue darle la vuelta a la tortilla de la Pre-sidencia. Algo especial está sucediendo porque, por ejemplo, el mismo MP es como una tortilla que se dio la vuelta a sí mismo, y ahora está mostrando su verdadera cara y poder.
Lo cierto es que, tarde o temprano, en este gran comal que ahora es Guatemala, poco a poquito, pero cada vez más rápido que la vez anterior, nuestra tarea como sociedad civil, que ya despertó, es irle dando vuelta a todas aquellas tortillas que se han estado resistiendo a ser lo que son y que no quieren revelar su verdadera naturaleza.
Lo importante es comprender que una persona en lo particular, por ejemplo un diputado, un alcalde o un juez, debe ser volteado como una tortilla, para que el hecho de ser diputado, alcalde o juez, vuelva a ser apreciado como mérito ciudadano. El caso del IGGS es toda una contradicción, porque una vez volteada esta tortilla se volvió a poner bocabajo.
Esta manera de hacer historia, comparando a un país como el nuestro con una tortillería, quizá no es la mejor, pero sí es una representación mucho más elocuente de lo que nos está pasando y que nadie puede parar ya. Por ejemplo, es fácil poner frente a nuestro comal a las 338 municipalidades con sus alcaldes y corporaciones, o a los 158 diputados del Congreso, o a los 14 ministros del Gabinete de gobierno, e ir viendo cómo, uno por uno, no tienen salvación: van a tener que voltearse, como las tortillas, o morir. Es inevitable. Se terminaron las trampas. Aquel que no pueda voltearse y resistir al fuego, va a quedar condenado a ser tirado a la basura. Esta revista y gran parte de los medios que siguen de cerca los acontecimientos nacionales, van a estar dedicados a reportar cómo, una a una, a cada tortilla le tocará su turno.
El mismo reto que tienen los servidores públicos, desde sus cúpulas de poder hasta sus bases, se tiene también a nivel social y empresarial. Como persona, como familias, como comunidades y como empresas y mercados, nuestra nueva moralidad va a exigirnos darnos vuelta voluntariamente, o esperar a que alguien más que lo haga por nosotros y nos obligue a poner la cara que ya no vamos a poder esconder más. ¿Cómo se puede lograr, en cada uno de nosotros, voltear nuestra propia tortilla antes que la historia lo haga por nosotros?, es la gran pregunta.
Es inevitable. Se terminaron las trampas. Aquel que no pueda voltearse y resistir al fuego, va a quedar condenando a ser tirado a la basura.

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