Opinion

A un año de la Renuncia de Pérez Molina

JUAN MANUEL RODRIGUEZ2

A un año de la renuncia de Otto Pérez, esta­mos ante un escenario que nos recuerda que, justamente hace 365 días, se vivieron momentos intensos en la historia del país que exigían cambios y nuevas resoluciones. Hace un año, la ciudadania obtuvo tantos logros, que eran muchas las expectativas y los anhelos de ver una Guatemala diferente. Eran momentos críticos: rescatar a nuestro país de una red y mafia de saqueadores que se dedicaron, decididamente, a vaciar las ar­cas del Estado de una forma descarada, cíni­ca y desmesurada. Todos los gobiernos han sido corruptos, y la corrupción es un flagelo con el que debemos lidiar en el mundo de la política, porque siempre habrá alguien co­rrupto. Pero era tal la desfachatez del gobier­no Patriota, que se logró movilizar a todos los sectores del país. La izquierda, la derecha, el centro. Las universidades privadas y la es­tatal manifestando como un todo. Empresa­rios y personas de todas las clases sociales con un solo propósito: el rescate de nuestra Guatemala.

Fue hace un año que se desmoronó tam­bién el proyecto de Manuel Baldizón y el partido Líder. Gracias a toda esta coyuntura, su plan que dictaba pretenciosamente que le tocaba, se vio disminuido a un plan fallido al verse proyectado ante la ciudadanía como una extensión de la corrupción y más de lo mismo. La ciudadanía, en general, estaba harta: queríamos nuevos aires. Queríamos que cambiara toda la estructura, que saliera toda esta podredumbre de una buena vez por todas. Y fue cuando apareció el proyecto de Jimmy Morales, que de un momento a otro, pasó de ser un chiste sin ninguna mo­raleja a la opción más viable dentro de los contendientes: en teoría, Morales representa­ba esa opción diferente y fresca, con un slo­gan ahora bastante cuestionado, ni corrupto ni ladrón. La ciudadanía se encontraba ante la disyuntiva de volver a elegir a un partido gastado como la UNE, enarbolado por San­dra Torres, que a ojos del público era tam­bién más de lo mismo, extendiendo la pesti­lencia de la que estábamos tan orgullosos de haber sacado. Es por ello que, con mucha expectativa por algunos sectores y con una total frustración de otros no tan optimistas, Morales llega a la presidencia con el outsider más suerte de todos los tiempos: todo le fa­vorecía para volver su sueño de Presidente de a sombrero toda una realidad.

¿Qué cambios hemos observado y qué logros se han obtenido de todas las peticio­nes que hace un año teníamos tan presentes en La Plaza? ¿Hemos logrado rescatar a nuestra Guatemala de toda esa clase política que tanto aborrecíamos? Considero que, tris­temente, no es exactamente así. ¿Hemos, entonces, como ciudadanos, dejado por un lado las exigencias y, de nuevo, se vuelve to­do aquello una mera llamarada de tusas?

Ha habido logros, claro que sí. A nivel de justicia, una implementación nunca antes vista, desde hace un año de la renuncia de Pérez, gracias a un excelente trabajo promo­vido por la mancuerna de la CICIG y el MP. Un trabajo representativo que ha logrado la captura de casi todos los exfuncionarios del Gobierno Patriota. Esto es un avance: ver ca­sos que anteriormente hubieran quedado durmiendo el sueño de los justos y ver la justicia aplicada a los que en algún momen­to se creyeron intocables. Claro que es un avance. Pero con ello, vienen entonces las críticas: cuando los empresarios han sido capturados por temas de evasión fiscal, ya no todo era tan color de rosa para ciertos sec­tores, quienes antes apoyaban a la CICIG, y luego decían si fueron por este señor, pueden ir por cualquiera, y podemos ser los próximos. En­tonces se dividió la clase empresarial: ahora existen aquellos que se han vuelto en contra de la CICIG, porque se sienten vulnerables y próximos a ser intervenidos y eventual­mente encarcelados. Esto habla, sincera­mente, mal de este tipo de empresarios, que convenientemente querían ver a Pérez Moli­na tras las rejas, pero no a un par, porque ¿y si en eso soy yo el próximo?. Si no quieren ser los próximos, paguen sus impuestos como todos los guatemaltecos y no sentirán tal de­lirio de persecución.

Se ha logrado que exista una ciudadanía más activa, vigilante y fiscalizadora del actuar del gobierno, a diferencia de gobiernos ante­riores, en donde se aprovechaban los saquea­dores de una ciudadanía pasiva y reactiva. En estos momentos, es una ciudadanía proacti­va, denunciante. No nos parece que sea un cínico el Vicepresidente con sus comentarios ridículos defendiendo el nepotismo tan des­carado del que efectivamente se le acusa. Pe­ro esta vez lo expresamos y lo evidenciamos masivamente. La mecha está corta en temas de corrupción: si yo fuera Jimmy Morales y su equipo, no jugaría con fuego y no me arriesgaría.

El Congreso ha estado más pasivo: nadie quiere llamar mucho la atención, menos ser acusado de plazas fantasma o algo por el esti­lo. Taracena ha jugado su rol político magis­tralmente, ahora proyectándose como un servidor del pueblo, simulando estar del lado de las peticiones de la ciudadanía. Aunque pueda tener su agenda política paralela, algo se ha logrado con este personaje que, a su conveniencia, no tiene pelos en la lengua para denunciar a sus mismos compañeros.

Pero, ¿son estos realmente los cambios que esperábamos hace un año? ¿Es ésta la respuesta ante las múltiples peticiones de la Plaza? ¿Es esto lo que esperábamos hace un año, cuando Otto Pérez renunciaba y lograba trasmitirnos un nivel de logro ciu­dadano nunca antes visto? Las expectativas, por coyuntura, de este gobierno eran gran­des. Pero no se le puede pedir peras al ol­mo. Morales y su equipo simplemente no tienen la capacidad para trasladar toda la fuerza de la Plaza. ¿Qué nos queda? Fisca­lizar. Denunciar. Observar sigilosamente que, entre la agenda tan escueta que pueda tener este gobierno, jamás se repita un ni­vel de corrupción y descaro como el que nos hizo movilizarnos. Y esperanza de que algunos puestos clave están avanzando con personas que efectivamente tienen buena intención.

Entre que el Presidente se duerme, el Vicepresidente cuida el pan de sus familia­res y pareciera que no hay rumbo, solo nos queda como ciudadanía retomar el tema: seguramente pronto vamos a la Plaza.

jmanuelrodriguezg@gmail.com

 

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