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Basurero mal tratado: oídos sordos de autoridades municipales para mejorar manejo de desechos sólidos

Unos 550 camiones depositan diariamente 3 toneladas de basura en el relleno sanitario y esta, al no ser manejada de la mejor manera, contribuye a la contaminación ambiental y propaganción de enfermedades.

Es el mayor botadero de basura del país y uno de los principales focos de contaminación en la ciudad, aunque también es fuente de sobrevivencia para más de mil personas que arriesgan la vida en busca del sustento diario. El mal manejo de los desechos sólidos es uno de los tantos problemas irresueltos por la comuna capitalina, la cual no ha atendido múltiples advertencias ni ha tomado en cuenta estudios serios.

Álvaro Alay

aalay@cronica.com.gt

Con un bebé de un año en brazos y una niña de tres a quien sostiene de la mano, Estela Roche hace pacientemente fila para poder obtener una credencial para ingresar a trabajar al basurero de la zona 3, el cual se ha convertido; además de ser foco de contaminación, en un peligro para los que ahí trabajan.

Espera poder ganar al final del día, con la recolección y venta de aluminio, vidrio o plástico, entre Q35 y Q50 que servirán para comprar alimentos a sus pequeños.

Ella, al igual que 1 mil 200 guajeros —como les llaman a los recicladores de basura— sobreviven y dan alimento a sus familias con el dinero que ganan a diario en ese lugar pestilente y en el cual la muerte acecha en cada recodo a causa del abandono de la comuna capitalina del mal llamado relleno sanitario.

El pasado 27 de abril seis personas fallecieron y 24 más han sido reportadas como desaparecidas, tras derrumbarse una parte de ese botadero de basura que no es administrado por la Municipalidad de manera técnica para evitar este tipo de percances, según destacan algunos estudios realizados por diferentes organismos internacionales.

Hasta hoy, las autoridades municipales no han proporcionado ninguna información sobre los desaparecidos, más allá de anunciar que se suspendía la búsqueda de cadáveres tras la tragedia, 72 horas después de ocurrida. Otro hecho penoso es que la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), tampoco cuenta con planes para prevenir este tipo de tragedias. Si le pasa algo a uno, ese es nuestro problema y de nadie más, asegura Estela.

Unos metros más adelante de donde se encuentra la madre con sus dos hijas, está la entrada principal al basurero que es resguardada por un agente de la municipalidad con porte de militar y lentes negros.

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Este impide la entrada de las personas que no están registradas, pero al final eso no importa, ya que se estima que al menos una cantidad similar a los guajeros registrados entra por puntos ciegos al vertedero de desechos sólidos.

Por eso, cuando ocurren este tipo de tragedias, es muy difícil precisar la cantidad exacta de víctimas, debido a que pueden ser más.

El relleno sanitario empezó a operar en el año de 1953 en la administración edil de Juan Luis Lizarralde, quien también construyó el Palacio Municipal y, posterior a ello, dividió la ciudad en zonas y la dotó de un nuevo sistema de nomenclatura.

Su capacidad y tiempo de vida ha terminado y a pesar de ello la comuna capitalina no cuenta con un plan para reemplazarlo y más bien asegura que todavía lo pueden utilizar por dos o tres décadas más.

Actualmente se depositan en él tres toneladas diarias de basura proveniente de 10 municipios y trasladada hacia ese lugar por, al menos, 550 camiones recolectores.

Los rayos del sol se intensifican, el verano está por terminar y el reloj marca casi el mediodía. El polvo y el pútrido olor marcan la actividad frenética del vertedero, el cual tiene una longitud de 284 mil metros cuadrados que se divide en ocho patios y cuyo orden corresponde de la parte más alta a la más baja.

Es decir, el patio uno es el más alto y el ocho, el más bajo. Sin embargo, durante la época lluviosa se inhabilitan los patios profundos seis, siete y ocho; mientras que en la época de calor, no se operan los patios altos uno, dos y tres, por los incendios que se pueden registrar. En este sentido, se tiene en operación constante el patio cuatro y cinco, los cuales se encuentran en medio.

Y de ese lugar emana uno de los focos más grandes de contaminación y de enfermedad para las poblaciones aledañas. Ello porque no existe un tratamiento técnico de la basura y los líquidos que esta genera, en especial los desechos orgánicos, que se filtran a los mantos freáticos de la ciudad, los cuales son cada día más escasos, y los contaminan.

Los olores fétidos; sobre todo en época de invierno, entran sin pedir permiso por las puertas y ventanas de las zonas aledañas y lo mismo hacen las enfermedades respiratorias y gastrointestinales.

Oscar Estrada; quien ha recolectado basura desde hace 18 años, recuerda las penas que han pasado en las dunas de basura. Es demasiado peligroso este trabajo, no hubiera querido que mis hijos trabajaran acá, porque uno puede contraer enfermedades con todo lo que se encuentra, peor cuando se busca vidrio, uno es vulnerable a cortarse y con ello hasta amputaciones pueden haber, comenta Estrada, quien en un buen día puede ganar unos Q40.

El problema es una historia que no da muestras de tener fin en el mediano ni largo plazo, debido a que la administración de Álvaro Arzú, que ya lleva 18 años en el poder, no tiene un plan para resolver esta problemática.

Tampoco se ve voluntad política. En la página web de la comuna capitalina no existe un pronunciamiento que lamente la muerte y desaparición de los recolectores de basura y lo único que hay es un comunicado de prensa en el cual se deslindan de toda responsabilidad, al argumentar que les pidieron a los guajeros, cinco minutos antes del derrumbe, que abandonaran el lugar. No se identifica; además, en la página web, una dirección que esté a cargo del basurero de la zona 3.

Abandono y contaminación

Basurero 1

A inicios del año 2000, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) elaboró un informe referente al basurero, en el cual hace ver que desde 1991 dicho vertedero tenía una vida útil de al menos 11 años, tomando en cuenta que se encuentra enclavado en una vertiente hídrica en un área de unas 20 hectáreas y con una altura desde la base de los residuos hasta su punto más alto de hasta 100 metros. Ese tiempo de vida ya terminó.

El estudio también evidenció que el basurero no cuenta con especificaciones técnicas y ambientales mínimas que permitan controlar los impactos ambientales asociados a la disposición y descomposición de los residuos sólidos.

Y esos problemas no han sido corregidos hasta la fecha. La investigación del BID detalló que se carecía de zonas de aislamiento seguras contra las zonas pobladas; sistema de impermeabilización de fondo para prevenir el flujo de lixiviados hacia el subsuelo —líquidos que genera la basura orgánica— y gases que genera la descomposición de los desechos sólidos.

Señaló que tampoco existía un sistema de captación, evacuación y tratamiento de lixiviados; una cobertura diaria para regular la minimización de olores fétidos y control de agua de lluvia; y sistemas de monitoreo técnico y de estabilidad geotécnica.

A partir de esa avaluación se emitieron recomendaciones —desde corto hasta largo plazo— las cuales, al día de hoy, se han ignorado.

Florentín Martínez, director del Centro de Estudios Urbanos y Rurales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Ceur), comenta que lo primero que se debió hacer en el basurero de la zona 3 fue impermeabilizar el suelo para recoger los líquidos que se generan con la descomposición de los desechos degradables.

Desde el punto de vista del urbanista Alfredo Trinidad, los problemas son muy de fondo y vienen desde hace muchos años, debido a que no se cumplió con el elemento básico que es colocar una capa de tierra, otra de basura, otra de tierra. Así sucesivamente.

Por lo cual agrega que el cimiento de la capa original del relleno comenzó bien, pero se distorsionó con el tiempo, debido a que en algunas gestiones ediles no se ponían las camionadas de tierra que requería la basura.

Otro de los inconvenientes que resaltan los expertos, es la ubicación del vertedero, tomando en cuenta que está casi en el centro de la ciudad y que no se toman las medidas necesarias para evitar tragedias humanas, contaminación y enfermedad.

Ahora, en este lugar se depositan desechos sólidos de otros municipios, la cantidad ahí es enorme, pero en este botadero hay otro aspecto importante y es que en uno de los lados corre un río de aguas negras, el cual se colapsa y se obstruye para después producir fuertes derrumbes, comenta el director del Ceur.

Estudios técnicos indican que no se encuentra localizado en un sitio ideal para tratar los residuos sólidos, está dentro de la ciudad y no deja una distancia prudencial hacia las viviendas, de manera que se pudieran disminuir los malos olores, incendios, el tema de enfermedades por los desechos sólidos, todo esto plantea un problema para la gestión de estos residuos, asegura Jaime Luis Carrera, investigador del Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (IARNA).

Luis Linares, analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies), agrega que este vertedero fomenta la contaminación del aire, malos olores que afectan gran parte de la ciudad, especialmente después de una lluvia copiosa. Así como la contaminación de los mantos subterráneos, debido a que nunca ha contado con un sistema de control de los líquidos que despide la basura, denominados lixiviados.

Esta contaminación y condiciones precarias son notorias desde cualquier perspectiva, una de ellas el Cementerio General, que se vio perjudicado hace un año con un derrumbe donde se colapsaron 18 mausoleos en los cuales iban 12 osamentas

A oídos sordos

Basurero 2

Para poder subsanar estos problemas que año con año se vuelven a repetir, informes, estudios y expertos consideran que Guatemala debe adaptar nuevas tecnologías y con ello implementar nuevos sistemas que pueden ir desde el fomento al reciclaje, hasta la utilización de la basura para generar energía.

Aunque nada de esto es nuevo, todo hace presumir que esto no ocurrirá en el corto ni mediano plazo, ya que lo único que tiene la comuna capitalina son planes piloto. Linares comenta que cada municipio del área metropolitana debe habilitar un sitio para la disposición final de sus desechos sólidos, combinado con el uso de otras alternativas, como el reciclaje de una proporción mayor de desechos, la utilización como combustible para generar energía, hasta la producción de compost —abono orgánico—.

El mayor desafío en este caso es para la municipalidad de Guatemala, pues prácticamente todo su territorio está urbanizado, afirma el experto de Asies.

Martínez, del Ceur, plantea que lo que existe es un problema enorme y así deben ser los esfuerzos; es decir, que el gobierno central debería de participar para dotar infraestructura y ayudar a resolver el problema.

Sugerimos que se busque un lugar adecuado para el depósito de desechos sólidos, sé que es difícil porque cada municipio defiende su autonomía territorial y muy pocos municipios quieren tener un lugar para disponer los desechos sólidos de esta magnitud, pero es tiempo para buscar un lugar adecuado con las condiciones para constituir un deposito, por lo menos permeabilizar la parte más visible del basurero, asegura Martínez.

En este sentido, también se ha solicitado la aprobación de parte del Congreso de la República de la Iniciativa 4240 que data de 2010, por lo cual se espera aprobar la Ley Nacional que reglamenta el manejo de los residuos y desechos sólidos. Eso debido a que en la actualidad no se cuenta con una disposición legal, tomando en consideración que todos los esfuerzos competen a las comunas por medio del Código Municipal, supeditando; incluso, al Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales.

Se debe reglamentar muy bien el tema de la gestión de residuos sólidos para que estemos conscientes, como sociedad, para atender este problema, comenta el investigador del IARNA.

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Comuna insensible e inoperante

Las tragedias que han cobrado vidas humanas dentro del basurero de la zona 3, no son algo que les preocupe a las autoridades ediles, o al menos eso dan a entender. Cuando a finales de marzo del 2014 se incendió el mercado de La Terminal de la zona 4, el alcalde Álvaro Arzú se hizo presente al lugar del siniestro. Sin embargo, no hizo lo mismo luego de que ocurriera el pasado 27 de abril, la tragedia en el basurero de la zona 3. El pronunciamiento de la comuna fue por medio de un comunicado en el que se limitó a indicar que les habían avisado que desalojaran el lugar cinco minutos antes del segundo deslave.

Carrera, del Iarna, asegura que la comuna capitalina no ha estado a la altura de lo que se exige, tomando en cuenta que se tiene un problema grande, el cual requiere de acciones prontas y efectivas, pero lo único que se ve es la ausencia. Resalta que es un problema de dos vías, de quien lo genera y quien tiene la competencia legal, en este caso la comuna.

Se debe tener una mejor gestión para depositar la basura, no se tienen las condiciones para llamarse un relleno sanitario, donde se ven los gases y la falta de un impermeabilizado; en ese sentido, la comuna no ha respondido dándole la importancia debida y se debe evaluar por qué y cuáles son las limitaciones, si son económicas, voluntad política o elementos técnicos, añade Carrera.

Martínez comenta que este tema no se ha atendido debido a que el basurero no está dentro de las prioridades del plan de trabajo de los gobiernos locales y mucho menos del gobierno central.

No se visualiza ningún plan de parte de la municipalidad de Guatemala, porque ven que todavía hay algunos espacios que pudieran utilizarse; por lo menos no he visto ningún plan de trabajo que este contemplado, enfatiza el director del Ceur.

En este sentido, de no prestarle la atención debida al basurero de la zona 13, los problemas pueden ir en aumento, aseguran los expertos y temen que el tema se salga de las manos de las autoridades competentes.

Lo que pasa es que en la medida en que vamos acumulando más desechos sólidos eso tiene un peso sobre las siguientes capas, lo que estamos consiguiendo ahí es que con el futuro los trabajadores corran un mayor riesgo, por esas características de las capas y a mayor peso más probabilidades de derrumbes, concluye Martínez.

Desde el punto de vista de Trinidad, lo que puede pasar es que ya no funcione el vertedero; es decir, explica que se tendrán explosiones y derrumbes constantes, por no haber puesto las capas debidas, y esto irá acompañado de malos olores y con ello la nubes de contaminación. ¿Qué va a pasar?, que lo van a extender hasta que llegue a Chinautla, que no tiene ninguna congruencia teniendo nuevas tecnologías. No es de solo ir a tirar la basura y echarle tierra, debemos actualizarnos, lo que incluye un plan de ciudad, lo mismo es en el transporte y en el agua.

 

La comuna registra 1 mil 200 personas que se ganan la vida recolectando vidrio, aluminio y plástico en uno de los  botaderos de basura más grandes de Centroamérica.

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