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Mujeres en busca de la equidad de género

¿Avance, estancamiento o retroceso? Altos niveles de pobreza y pobreza extrema, limitado acceso al mercado laboral y una remuneración menor a la de los varones, elevados indicadores de analfabetismo y poca participación política son algunas de las características que retratan a la mujer guatemalteca, quien gana espacios de participación en todos los ámbitos sociales, aunque los avances aún son insuficientes.

Ser mujer sigue siendo un obstáculo para el desarrollo personal, profesional, económico, empresarial y político de este sector de la población, que, según cifras oficiales recientes, son el 48 por ciento de la población guatemalteca.

Ellas siguen, sin embargo, ganando poco a poco espacios en los distintos ámbitos sociales, demostrando que son iguales o mejores que los hombres y construyendo un mejor futuro para su género.

De hecho, en la universidad estatal y en las privadas se están matriculando y graduando más féminas que hombres. En 2013, del total de estudiantes inscritos en los distintos centros de estudios superiores, el 50.8 por ciento eran féminas, y del total de graduados ese año, el 55.7 por ciento fueron mujeres, especialmente en las profesiones de humanidades, ciencias naturales y exactas y ciencias médicas. Así lo evidencia el Perfil estadístico de género dado a conocer en diciembre del año pasado y elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Mientras llega un mejor momento para las mujeres guatemaltecas, el cual ya se empezó a construir, las damas siguen siendo víctimas de la marginación, la exclusión, la violencia y el machismo que imperan en el país.

En los más recientes indicadores oficiales de pobreza y pobreza extrema prevalece más el rostro de mujer –51.2 por ciento y 50.2 por ciento, respectivamente– y lo mismo ocurre con los índices de analfabetismo –65.5 por ciento–.

La tasa de participación de las damas en el mercado laboral sigue siendo baja –41.4 por ciento– y se les paga menos, incluso por hacer las mismas tareas asignadas a los hombres.

En cuanto a la participación política, las elecciones generales realizadas en septiembre de 2015 dejaron de nuevo en claro que los partidos políticos y los comités cívicos poco las toman en cuenta para postularlas a cargos de elección popular: solo dos mujeres participaron para el cargo a la Presidencia de la República, de 14 presidenciables, y ninguna para el puesto de vicepresidente de la Nación.

Los resultados electorales también dejaron en evidencia las pocas oportunidades de las mujeres por ocupar puestos de elección popular. Tal vez, el caso más emblemático es el hecho de que solo 10 féminas fueron electas como alcaldesas, en comparación con 228 hombres. Y en el caso de los nombramientos políticos, en el Gabinete de Gobierno del presidente Jimmy Morales solo hay dos mujer al frente de uno de los 14 ministerios.

Avances, insuficientes

Raquel Zelaya, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes), señala que hay avances, pero aún subsisten rezagos. Ellas siguen siendo, dice la entrevistada, como históricamente ha ocurrido en un sistema patriarcal, discriminadas y tienen que seguir demostrando su capacidad de ser igual, pero trabajando dos y tres veces más que los hombres.

Asimismo, agrega que en el tema de educación sí hay avances en la participación femenina; por ejemplo, en muchas de las sedes departamentales de las universidades, la mayoría son estudiantes mujeres, cosa que antes era impensable.

La ganadora del Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú indica que no hay que buscarle mucho pie a las circunstancias, pues las últimas cifras oficiales sobre condiciones de vida desnudaron no solo la situación del sector femenino, sino de la población en general: la principal víctima de la pauperización es la mujer: madres solteras, indígenas y trabajadoras.

En el otro lado del filo de la navaja, la diputada Nineth Montenegro, de Encuentro por Guatemala (EG), estima que la situación de la mujer se ha deteriorado en el área rural, lo que a su juicio es por falta de oportunidades de acceso a estudios, y sobre todo por el nivel de embarazos prematuros en niñas de 14 años. Una niña que a esa edad esté embarazada o ya está casada, pierde grandes oportunidades de desarrollo humano a futuro, sostiene la legisladora.

Participación política

Igual que en otros ámbitos de la vida social, las damas también muestran pocas oportunidades de partición política. En los ocho eventos electorales registrados desde 1985, ninguna mujer ha llegado a ocupar el cargo político más importante del país: la Presidencia de la República. Además, en los comicios de 2015 solo dos mujeres fueron postuladas a la primera magistratura, de un total de 14 presidenciables.

En los comicios generales del año pasado, según ONU Mujer, de 254 candidaturas para diputaciones por el Listado Nacional, solo 61 –24 por ciento– fueron féminas. El mismo porcentaje se registró en el proceso electoral de 2011.

En las candidaturas por Lista Distrital en las elecciones de 2015, de un total de mil 347, solo el 25 por ciento –348– correspondió a mujeres. Como era de esperarse, la representación femenina en el Legislativo para la legislatura 2016-2020 es menor. De 158 parlamentarios, solo 23 –14.5 por ciento del total– representa al mal llamado sexo débil.

El porcentaje de legisladoras se reduce aún más si de mujeres indígenas se trata, y viene a demostrar, como ocurre en los otros ámbitos sociales, que la exclusión y marginación es mayor si son indígenas.

Ana Victoria Hernández, la única mujer diputada del partido Todos, se pregunta cómo se le puede pedir participación política a la mujer y en puestos ejecutivos, si desde niña no se le brinda acceso a la educación básica.

Asimismo, Sandra Morán, la diputada de Convergencia Democrática (CD), asevera que un país fuerte es el que les da a las mujeres la oportunidad de participar en los partidos y en las organizaciones sociales. Esa es condición básica para el avance del sector femenino.

Las mujeres también tienen obstáculos para acceder al poder local debido a que los partidos políticos y los comités cívicos casi no las toman en cuenta. En las elecciones generales del 2015, de un total de  23 mil 956 candidaturas para alcalde, síndico y concejal –titular y suplente–, solo cuatro mil 52 –16.9 por ciento– fueron mujeres. Y se postularon dos mil 187 hombres para el cargo de alcalde, frente a 136 mujeres –5.8 por ciento–. De esa cuenta, fueron electas para el período 2016-2020 un total de 10 alcaldesas, y ello representa el 3 por ciento del total de alcaldías del país.

MUJERESCronicaEn lo económico

Las mujeres también evidencian poco acceso al empleo en comparación con los hombres, y cuando consiguen emplearse devengan menos que los varones.

La  parlamentaria Hernández, del partido Todos, comenta que la presencia femenina en el ámbito profesional y laboral es reducido, y añade: Desde muy pequeñas se les dice a las niñas que no tienen derecho a ir a estudiar porque el que debe hacerlo es el hermano varón; por lo tanto, se le relega. No se le emplea porque tiene hijos, porque no pudo estudiar y no tuvo esa oportunidad; entonces, si no se sabe leer y escribir, se le limita el acceso al mundo laboral.

Cambio de esquemas mentales

Más que leyes, según las expertas consultadas, lo que hay que cambiar son esquemas mentales que impiden y bloquean el desarrollo femenino. Montenegro señala que, más allá  de la legislación y preocupación del Estado, se necesita un cambio de actitud desde la familia, porque si no se entiende que el tratamiento de nuestros hijos tiene que ser en condiciones de igualdad y que cuidar a los hermanos o el quehacer del hogar es tarea de todos, nunca vamos a dejar libre a la mujer.

Además, enfatiza la legisladora que es necesario que se entienda bien claro que lcuadroa mujer tiene el mismo de derecho de acceder a las oportunidades de educación y de salud y vivienda que cualquier hombre; si no, es imposible avanzar.

Montenegro advierte que uno de los obstáculos es la misma mujer, pues se ha visto, sobre todo en el área rural, que se privilegia al varoncito para que vaya a estudiar y la niña se quede cuidando a los hermanitos menores, y que cuando llegue a los 14 años ya no siga estudiando porque ya está en edad para casarse.

Zelaya, de Asíes, considera que la mujer ha empezado ganar espacios y romper con esos modelos patriarcales en los que todo está bajo el control de los hombres. Ahora se les ve participar a las mujeres en la organización y conducción de comités para el acceso al agua, mejoramiento de la escuela, del barrio, obras y servicios, entre otros. Son muchas las que, con gran espíritu, llevan la palabra en estas instancias de organización comunitaria y ya son número importante de involucradas con relación a lo que pasaba hace dos décadas y en diferentes circunstancias 

 

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