Luis F. Linares López: OBRAS SON AMORES – Crónica
Opinión

Luis F. Linares López: OBRAS SON AMORES

Luis F. Linares López

La terrible tragedia sufrida por los habitantes de comunidades ubicadas en las faldas del volcán de Fuego pone al desnudo, por enésima vez, las enormes brechas existentes en nuestra sociedad, donde siempre las catástrofes se ceban en los más pobres y marginados, y las carencias y vicios que siguen corroyendo las entrañas del Estado.

Ante los señalamientos que se han cruzado entre la CONRED y el INSIVUMEH es conveniente que se realice una investigación independiente para determinar si la alerta sobre la erupción del volcán llegó oportunamente a las comunidades, sacar las necesarias lecciones y deducir las responsabilidades pertinentes.

La misma CONRED reconoció que en el Club La Reunión tuvieron tiempo para evacuar las instalaciones y poner a salvo a los residentes, visitantes y personal. Por supuesto que hay diferencia entre abandonar un club-hotel, donde la mayoría de personas están de paso y, en cuestión de minutos, pueden dirigirse a sus vehículos y evacuar el complejo, sin mayor preocupación por lo que le suceda a este.

Cosa muy diferente es cuando se trata de comunidades habitadas por familias campesinas, cuyo único patrimonio es la casa donde habitan, sus aves de corral y frutales. Aquí se precisa todo un proceso de prevención y concienciación, previsto en la Ley de la CONRED (Decreto 109-96), que incluye la organización y capacitación a las coordinadoras locales para la reducción de desastres (COLRED). De acuerdo con dicha ley las COLRED deben contar con planes de emergencia y la CONRED está obligada a capacitarlas para establecer una cultura en reducción de desastres, con acciones claras antes, durante y después de su ocurrencia.

Es indudable que en donde la CONRED debe poner la máxima atención, para organizar esas coordinadoras, capacitar y elaborar los planes de emergencia es las comunidades que, por su ubicación, tienen un mayor nivel de vulnerabilidad. Y el primer paso para ello es contar con un mapa de vulnerabilidad ¿dispone de ese mapa la CONRED? Se requiere además que tenga suficientes equipos técnicos y de acción inmediata para responder adecuadamente a la prevención y atención de desastres.

Así que es indispensable realizar la investigación que mencionamos líneas arriba. No se trata de buscar al chompipe de la fiesta, pero sí de sentar precedentes para evitar o reducir el daño ante eventos similares que continuarán dándose en Guatemala. La investigación debe determinar si hay incumplimiento de deberes por parte de los mandos superiores de la CONRED y deducir las responsabilidades del caso.

Una primera duda que salta es la competencia del coordinador de la CONRED. Es necesario recordar que hace un año más o menos, cuando el gobierno intentó una declaratoria de calamidad que fue rechaza por el Congreso. El coordinador solamente lamentó que no podrían comprar carros, usando el régimen de excepción, para uso de la CONRED. Eso da una idea de la clase de preocupaciones que lo agobian.

Personas que en estos días tuvieron contacto con la CONRED, requiriendo información, me han comentado que esta “anda por la calle de la amargura”, dando muestras de falta de capacidad para informar y orientar a quienes necesitan tomar decisiones y prepararse ante contingencias derivadas de la erupción. Se indica que la CONRED tiene olvidadas a las comunidades que se encuentran en el flanco occidental del volcán, en el San Pedro Yepocapa y que buena parte de la cuantiosa ayuda que está recibiendo para los damnificados la están embodegando, mientras estos padecen graves carencias.

También trasciende, cosa nada rara, que varios alcaldes están manipulando la ayuda que llega a sus municipios, para distribuirla en los meses siguientes con fines electorales, cayendo en una criminal acción de clientelismo.

Estas condenables actuaciones contrastan con la responsabilidad de las parroquias católicas para atender, sin distingos de ninguna clase y procurando las condiciones más dignas, saludables e higiénicas, a quienes llegan a los albergues que habilitaron.

Finalmente es obligado felicitar a Ricardo Arjona por haber señalado que además de atender el suministro de emergencia para los damnificados, lo más importante es dotarles de nuevas viviendas, en lugares donde corran menos riesgos. El ofrecimiento que hace de ayudar hasta donde le sea posible, es digno del mayor de los aplausos. Es de esperar que el gran empresariado se una a esta iniciativa, comenzando por aportar tierras adecuadas y en extensión suficiente en áreas menos expuestas de la boca costa. Aquellos que han acaparado las tierras más productivas del país, bien harían en desprenderse de unas pocas caballerías, para que los damnificados tengan viviendas dignas y una pequeña parcela para salir de la pobreza y el riesgo permanente.

 

 

 

 

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