Opinión

Luis F. Linares López: DEL PÁNICO AL ATAQUE

Luis F. Linares López

A la actitud de los corruptos de tres años para acá le cae como anillo al dedo el título de la extraordinaria crónica del levantamiento contra las dictaduras de Ubico y Ponce Vaides, escrita por Manuel Galich.   Alrededor de septiembre de 2015, los políticos y los que se habían beneficiado de actos de corrupción, tanto dentro como fuera del Estado, estaban poseídos de verdadero pánico. Recuerdo que El Chapús, de don Próspero Ventura, les recomendaba dormir vestidos y a las damas peinadas y maquilladas, especialmente en las noches de miércoles, pues había muchísimos candidatos a protagonistas de los “Jueves de CICIG”.

Una novedad derivada de las acciones del MP y de la CICIG es que, quizás por primera vez en la historia de Guatemala, el sistema de justicia hacía honor a los atributos de la diosa Justicia, una venda y una espada. Una aludiendo a la imparcialidad y la otra al castigo. Porque como bien dijo una vez el juez Miguel Ángel Gálvez, el derecho penal es retaliatorio, es vengativo. Además, como hemos señalado en otras ocasiones, se dio algo que era impensable en nuestra vida institucional: el derecho penal dejó de ser algo aplicado exclusivamente a los pobres, en tanto que el derecho civil era para los pudientes.

En aquellos días de fervorosa unidad en contra de la corrupción, incluso representativos del sector empresarial fueron sometidos a proceso y este guardó prudente silencio, olvidándose del “uno para todos y todos para uno”, pues la “Plaza” era implacable y no admitía distinciones o excepciones.

Pero poco a poco pasaron al ataque. Comenzaron con un laborioso y tendencioso socavamiento del apoyo a la CICIG, especialmente entre los estratos de más altos ingresos de la clase media, que tienden a ver el mundo con los lentes de los potentados. De tanto repetir mentiras y argumentos retorcidos, muchos se convirtieron en axiomas que no requerían demostración: la conspiración de la izquierda, y particularmente de Semilla, para llegar al poder sin ganar las elecciones; la presunción de inocencia, esgrimida por grupos que no vacilan en simpatizar con la ejecución extrajudicial cuando se trata de extorsionadores y secuestradores; la justicia selectiva, cuando es materialmente imposible investigar e iniciar procedimientos contra legiones de corruptos.

Hace unos meses, en un foro organizado por la Fundación Libertad y Desarrollo, el expresidente boliviano Jorge Quiroga aludió a los tres fundamentos de la lucha contra la corrupción en Brasil, que llevó a la destitución de Dilma Rousseff y al procesamiento de Lula da Silva y de numerosos políticos de todo color y pelaje: prisión preventiva, delación premiada y difusión informativa. Es el modelo de CICIG y sus componentes son imprescindibles para que la lucha contra la corrupción, que se enfrenta a fuerzas poderosas, tenga posibilidades de éxito. Cabe señalar que mientras en Brasil y Argentina la lucha contra la corrupción es vista como una conspiración de la derecha, en Guatemala es la izquierda la supuesta beneficiaria.

Simultáneamente con la labor de zapa, dentro y fuera de Guatemala, en el Congreso y en el Ejecutivo comenzaron a tantear a la opinión pública, para ver hasta dónde llegaba la tolerancia y hasta qué punto la lucha contra la corrupción perdía apoyo popular. Punto culminante fue el intento de reducir las penas para una enorme cantidad de delitos, incluyendo los que se cometen contra la administración pública. Morales se envalentonó, pues piensa que el traslado de la embajada a Jerusalem le significa un cheque en blanco del gobierno de Trump. Al mismo tiempo que impide el retorno del comisionado, en el Congreso pretenden reformar la Ley en Materia de Antejuicio, para convertir esta garantía jurídica en un instrumento de chantaje y neutralizar a todos los órganos de control.

Como decía una columna de José Rubén Zamora, daba la impresión de que el arroz ya estaba cocido, y que la lucha contra la corrupción entraba en un declive irremediable. Que el ataque salía victorioso. Pero no toman en cuenta que el apoyo ciudadano a esa lucha sigue siendo amplísimo y que lo retan de manera irresponsable.

Cuando estoy terminando estas líneas me entero de la resolución de la Corte de Constitucionalidad que revoca la medida contra el comisionado. No se podía esperar otra cosa, si la CC está dispuesta a ser coherente con resoluciones anteriores y alienta la esperanza de que la lucha continuará. Ahora no hay que bajar la guardia ni quitar el dedo de la llaga, para que les vuelva el pánico.

 

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