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LaEsquina (análisis): Las reformas constitucionales entre el amor y el odio

Las reformas constitucionales pasaron por una especie de diálogo nacional y fueron elevadas al Congreso por iniciativa de los tres poderes del Estado. La iniciativa propuesta por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público (MP), llegó a parecer en un momento con la fuerza suficiente para avanzar prontamente y así se aprobaron en tres lecturas.

A partir de entonces las cosas se complicaron, al extremo que hoy, hoy no muchos apuestan a que serán aprobadas en las dos instancias pendientes: Congreso y Consulta Popular, porque más que oposición, hay confusión y no llegan a despertar el interés colectivo, como suele suceder con este tipo de reformas.

El camino pendiente es complicado. La iniciativa está en su fase de aprobación artículo por artículo, y su avance no solo es lento, sino que las discusiones se han vuelto ideológicas y al parecer se ha logrado un entrampamiento que no permite suponer que el proyecto avanzará de la mejor manera.

Pero eso no es todo. Si finalmente el pleno termina por aprobar las reformas, los cambios que se puedan introducir por parte de los diputados pueden distorsionar el proyecto y no alcanzar los estándares que los ponentes pretenden.

Uno de los golpes fuertes que ha recibido la iniciativa es el retiro del apoyo de parte del presidente Jimmy Morales y su partido, FCN-Nación, porque al perder ese soporte, se pierde la fuerza del partido mayoritario en el Congreso y con ello se complica cualquier votación, tomando en cuenta que para aprobar la modificación de cada artículo se debe contar con un mínimo de 105 votos –las dos terceras partes de diputados–, algo que no se ha logrado en los temas medulares.

Las reformas se deshojan como margaritas. Unos sectores las quieren, otros las rechazan (o desconocen), y algunos hasta las odian y atacan directa y públicamente. Los diputados, en cambio, manejan diferentes posturas, posiblemente por el temor de reacciones de parte de CICIG y el MP, a los que en voz baja califican de intervencionistas.

Tic-tac-tic-tac. El tiempo no se detiene y corre en contra de las posibilidades de que sean aprobadas en sus dos instancias.

El debate es acalorado entre sectores a favor y en contra. Algunas de las polémicas llegan a ser incluso ideológicas, aunque el tema en sí mismo no lo es. En resumidas cuentas, la mayoría de escenarios a la vista son complicados: a) porque el Congreso puede introducir cambios inconvenientes; b) porque la fuerza de un NO puede ser mayor que una voz tibia a favor –sin el respaldo del Gobierno–; c) no es fácil que el tema sea del interés de las grandes mayorías.

Ante esta situación es difícil pensar que en caso de que sean aprobadas por el Congreso, se pueda ir a una Consulta Popular y ganarse fácilmente. De hecho, la historia ha mostrado que este tipo de referéndum o votación, no alcanza a despertar el interés más allá de un 15-20 por ciento

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