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‘La Línea’  que nunca ha terminado

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Es en la década de los setenta del siglo pasado cuando se puede ver el inicio de lo que ahora ha dado en llamarse La Línea, una permanente operación de defraudación aduanera que se ha vuelto poderosa y muy rentable para sus operadores, y cuya evasión fiscal se estima entre los Q10 y 15 mil millones.

Por supuesto que no se debe pensar que se trata de una estructura única, porque es seguro que el modelo se ha expandido en grupos y puede haber varios operadores, todos trabajando con el mismo fin: ingresar productos de contrabando al mercado nacional, lo que tiene diferentes y negativos impactos para el país y para el sector empresarial.

No se crea que el contrabando existe a partir del citado año. De ninguna manera, pues es una actividad ilícita que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad, desde que surgieron las fronteras y el pago de aranceles o impuestos por importaciones y exportaciones. Guatemala no ha sido la excepción.

De acuerdo con investigaciones e informaciones disponibles, una estructura criminal fue creada por altos oficiales del Ejército durante la época del conflicto armado interno —guerrilla-Estado de Guatemala— lo cual creaba un marco de impunidad para la institución castrense y sus integrantes, partiendo de gobiernos de corte militar.

Es en 1996, durante la administración del presidente Álvaro Arzú, cuando se hace el descubrimiento de la famosa Red Moreno, y entonces se habla de la Cofradía, cuyos miembros eran generales del Ejército involucrados en el delito de contrabando. Nunca se llegó más allá de la captura de cuadros medios de aquella Línea, de la que seguramente deriva la que ahora investigan el MP y CICIG, y tiene como principales implicados a los exgobernantes Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, así como a varios de los funcionarios de su gobierno.

De tal cuenta que todo indica que La Línea ha seguido desde 1970 a la fecha, con las mutaciones propias del paso del tiempo, la rotación de los militares gobernantes primero, y luego la advenediza clase política, que cada cuatro años ha renovado o diversificado los cuadros operativos, según el interés de grupo del momento.

Los gobiernos han cambian, pero La Línea ha sido una operación permanente y rentable, con efectos profundos, pues no solo genera más corrupción, sino que impide que el Estado pueda disponer de recursos para atender la demanda en materia de salud, educación, seguridad o infraestructura.

El llamado Caso Moreno llevó a pensar en algún momento —de manera errónea— que se trataba verdaderamente de un intento por desquebrajar esa estructura dedicada al contrabando y la defraudación aduanera. Como ya se ha señalado, no pasó a más, y las capturas jamás alcanzaron a la cúpula. Incluso fotografías del afamado capo Alfredo Moreno, acompañado de figuras como el general Efraín Ríos Montt y el expresidente Alfonso Portillo, no impidieron que estos personajes continuaran escalando en medio de la tristemente célebre clase política.

Las nuevas autoridades de la SAT, la responsable de la recaudación aduanera, trabajan en la Política Nacional contra el Contrabando; mas el propio vicepresidente, Jafeth Cabrera, habla de acciones a mediano y largo plazo, sin comprometerse por hacer algo de inmediato para evitar el ingreso de tanta mercadería de contrabando. En dos platos, no hay nada concreto.

Otro de los efectos, además de la evasión aduanera, es que se crea fuerte competencia desleal con la industria y el comercio formal —obligado a pagar impuestos—, lo que impacta en la generación de empleos e inversión nacional.

La pregunta que nunca se responde es ¿por qué no se logra romper nunca ese círculo vicioso de aduanas corruptas?

El MP y CICIG han realizado hasta ahora el trabajo de investigación más serio y determinante, pero no cabe duda de que hace falta un mayor involucramiento de las autoridades para desbaratar ¡verdaderamente! esas estructuras criminales. Hoy se reconoce que La Línea que está en la cárcel no es más que una parte de esta multimillonaria organización criminal, y que falta camino por recorrer, porque el contrabando, continúa…

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