Opinión

José Alfredo Calderón: Tiempos y preguntas en Xibalbá

No terminas de hacer las preguntas cuando Xibalbá te atropella con las respuestas o dicho en palabras de Galeano: “Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas”. El jueves 16 de marzo decía que sería terrible que la resignación endémica[1] apareciera de nuevo después de 40[2] niñas muertas y muchos sucesos macabros anteriores. Once días después, los sucesos de “Etapa II” con cauda de cuatro monitores muertos y 24 horas más tarde, el ataque sincronizado a media docena de comisarías de la PNC, con resultado de 3 elementos policiales muertos y 9 heridos. Simultáneamente, otros hechos de violencia alimentan las estadísticas mortuorias. Todas las víctimas, seres humanos que impactan en otras familias y comunidades, pues su convalecencia o ausencia afecta a más seres humanos, muchos de ellos niños. ¿Casual? Para nada!! ¿Indignación nacional? Para nada!! ¿Y el Estado? ¡¡Fallido y perverso!!

La indignación surge en los más sensibles sin llegar a ser mayoría y sin llegar a ser permanente, además, con el inri que su espacio de incidencia es virtual en la mayor parte de casos. Las redes dan para todo, menos para la organización de la rebeldía y el encausamiento de la rabia. Va quedando claro que la empatía, la solidaridad, el respeto, la ternura y demás expresiones axiológicas por el dolor/sufrimiento de otros, son demostraciones emocionales que solo se dan o se provocan entre “iguales y cercanos”. El “otro”, los “otros”, no son dignos de nuestras emotividades, mucho menos de procesos de rebeldía y organización para cambiar las cosas.

El jueves 23 me atrevo a preguntar ¿Están nuestras élites en la capacidad política y disposición histórica de consensuar ese país y Estado que queremos y necesitamos? Por un carajo!! Si todavía no podemos indignarnos lo suficiente por tanta muerte!! Si el principio fundamental de la preminencia de la vida no logra colmar nuestros imaginarios sociales, si nuestra incapacidad de ver y sentir a los “otros” como iguales y como parte de nuestra propia sensibilidad y dignidad humana, se reproduce perversamente… ¿Cómo diablos ensayamos el atrevimiento de querer reinventar “Guate”? ¿Cómo embarcarse en la tarea de rediseñar el único modelo de Estado que hemos conocido? Ese mismo que en el siglo XIX (Reforma Liberal) construyó el concepto de Patria y generó los símbolos para una identidad nacional que solo abarca a unos pocos y que se basa en los antivalores del individualismo, la discriminación y la exclusión.

Ese mismo diseño de Patria que nos heredó un himno[3] que no entienden las mayorías, la institucionalización de un ejército que décadas después incumplió con el mandato constitucional de defender la vida y la seguridad de los guatemaltecos, una historia de vencedores criollos, asimilada –a la fuerza– por la masa ignorante y pobre; una homologación que trata de universalizar el sentido nacionalista bajo la categoría “Chapín”[4], una palabra de origen despectivo y que –históricamente– solo corresponde a los habitantes de la Antigua Guatemala y de la Nueva Guatemala de la Asunción, compuesta en la época por sectores blancos, urbanos y elitistas por excelencia. Quizá el único éxito atribuible a este concepto de Nación, fue vendernos la combinación del sistema colonial con una especie de República, de mote liberal, pero naturaleza intrínsecamente conservadora, la cual, con crisis y remiendos, alcanzó para llegar a rastras a los inicios del siglo XXI.

¿Qué tal si empezamos tan solo a ensayar para ser humanos y que el dolor nunca más nos sea indiferente? Ganado el curso propedéutico: ¡¡Nos ponemos a construir las bases de un país de verdad!!

 

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

Eterno soñador de un país diferente

 

[1] Esa mezcla de indolencia, indiferencia, individualismo perverso disfrazado de impotencia, que surge y resurge después de cada suceso que: “Ahora sí, nos indigna”.

[2] Ya son 41 niñas muertas por responsabilidad directa del Estado.

[3] Tanto el himno original como la modificación efectuada por el pedagogo José María Bonilla Ruano en 1934 por instrucciones de Jorge Ubico (el dictador de turno), utiliza vocablos que muy pocos entienden.

[4] Derivado de unos zapatos franceses de charol con chapas de metal, que solían usar las élites -nada humildes- de la Capitanía General y en sus viajes a Centroamérica los habitantes del resto de provincias de C.A. acuñaron el término “Allí vienen los chapines”, con cierto tono despectivo, pues se consideraban ciudadanos de segunda clase por el monopolio político, comercial y cultural de la sede de la Capitanía.

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