Opinión

JOSÉ ALFREDO CALDERÓN: “Subibaja” de movimientos sociales en el contexto de la guerra

José Alfredo Calderón E.

(segunda parte y final)

Vimos en la primera parte como 3 factores caracterizaron al movimiento social y la protesta política de 1954 a 1986: La unificación ante un enemigo en común, el carácter oscilante entre el auge, el declive y el resurgimiento ante la represión del Estado y sus agentes anexos y conexos; y la orientación ideológica del movimiento de masas, fuera esta socialdemócrata, socialcristiana, socialista o claramente marxista.

A pesar del fuerte apoyo del movimiento social al Frente Nacional de Oposición en las elecciones generales del 3 de marzo de 1974, se daría el enésimo fraude electoral del país y la dictadura militar entroniza a otro general, Kjell Eugenio Laugerud García, quien consciente de su debilidad e ilegitimidad, no logra contener el fortalecimiento del movimiento de masas, ahora ya en un nuevo contexto: En alianza con la segunda guerrilla.[1] El terremoto del 4 de febrero de 1976 vendría a añadir un componente crítico a la realidad nacional, al poner al descubierto la tremenda pobreza y desigualdad imperante. El movimiento guerrillero crece y la conexión entre éste y los movimientos sociales se hace más fuerte ante la ausencia de partidos políticos de izquierda que sirvieran de intermediarios.

En este contexto llega el general Fernando Romero Lucas García en 1978 (otro fraude), con el precedente de varios asesinatos selectivos de dirigentes sociales e intelectuales políticos después del terremoto, así como la masacre de Panzós el 29 de mayo de ese año.[2] Durante los cuatro años del gobierno Luquista la guerra interna se intensificó llegando a ser una amenaza militar real para el Estado guatemalteco. El golpe de Estado del 23 de marzo de 1982 tiene varias motivaciones, pero la mayor de ellas es la preocupación de Washington por el rumbo que estaba tomando Centroamérica a partir de una triunfante revolución nicaragüense de corte marxista y una lucha revolucionaria de la misma línea en El Salvador. En Guatemala, logran bajar la intensidad de la guerra y cuando la derrota militar de la guerrilla era un hecho, ya no fue necesario Ríos Montt y eso facilita otro golpe de Estado el 8 de agosto de 1983 con Oscar Humberto Mejía Víctores a la cabeza.

Ya sin la amenaza militar, el conflicto armado interno se vuelve manejable y esto permite el proceso de Asamblea Nacional Constituyente en 1984 y las elecciones generales de 1985 que dan como ganador al primer gobierno civil desde 1954[3]

Un movimiento social y político totalmente descabezado, sea por dirigentes muertos o en el exilio y acciones guerrilleras ya sin la contundencia lograda en el lapso 1979-1983, permiten una capacidad de maniobra del último gobierno militar para aparentar lo que se dio en llamar “Apertura Democrática”. Un Frente Unido de la Revolución –FUR– y un Partido Socialista Democrático –PSD– prácticamente sin cuadros y con escasas bases, así como un movimiento sindical y estudiantil completamente desarticulado, dejan un panorama de oposición completamente desolado.

Pero el movimiento sindical, social y popular se levanta de nuevo. El gobierno demócrata-cristiano genera una esperanza que, en realidad, no tenía muchas bases dado el carácter conservador de la corriente socialcristiana a nivel internacional[4] La USAC y los institutos de Educación Media reactivan su movimiento estudiantil y los sindicatos toman fuerza de nuevo, pero las cosas habían cambiado. Sin enemigo en común que aglutinara a todo el movimiento de oposición, sin cuadros que pudieran reproducir la otrora sólida formación política y ciudadana, sin partidos políticos realmente de izquierda; el péndulo que se había mantenido y que permitía al movimiento social y político levantarse de sus cenizas con nuevos bríos, ahora tenía otro sentido, menos político, menos ideológico, más oportunista y acomodado. Dos fenómenos nuevos sellaron este proceso y se pusieron de moda: El oenegismo y el protagonismo de una Sociedad Civil que pronto llenó el vacío de los partidos políticos de oposición real al sistema. Vinicio había logrado lo que la represión nunca pudo hacer: atomizar al movimiento de masas, corromper a las dirigencias sociales y políticas, y lo más importante: generar la ilusión de que vivíamos en democracia.

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

[1] Por segunda guerrilla se entiende un movimiento guerrillero muy diferente, ya con la irrupción de dos actores nuevos: La Organización del Pueblo en Armas –ORPA – y el Ejército Guerrillero de Los Pobres –EGP–, así como el acompañamiento del Partido Guatemalteco del Trabajo –PGT– Otro elemento fundamental es la incorporación de las masas indígenas a la guerra, que ahora ya revestía un componente popular y una connotación nacional, muy diferente a la “primera” guerrilla en los sesentas (que ya explicamos en la primera parte).

[2] La masacre se da en las postrimerìas del gobierno de Laugerud y ya con Lucas como Presidente electo.

[3] Ya se explicó que el breve intervalo 1966-1970 con un gobierno civil de fachada, es en realidad una continuidad en la dictadura militar.

[4] Guatemala es un país tan conservador que hasta la Democracia Cristiana (centro derecha) se incluía dentro de la izquierda.

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