Opinión

JOSÉ ALFREDO CALDERÓN: Movimientos y resistencias para transformar y trascender

José Alfredo Calderón

Historiador y analista político

Cuando te gana el miedo, te paralizas; cuando te gana el entusiasmo te mueves…pero no necesariamente en la dirección correcta. La velocidad entonces, es importante si y solo sí, la dirección es la correcta y las condiciones del vehículo son óptimas. A esto debemos agregar que la visibilidad debe permitir una panorámica de la carretera y no solo la próxima curva.

Traigo a colación esto, porque no sé qué es peor: El descaro de los corruptos y perversos o la distracción (para decirlo elegante) de las masas ciudadanas.[1] ¿Se recuerdan del 2015? El derrumbe del uno y la dos (OPM y Roxana), provocó un gran júbilo –razonable lo sé–, pero que dejó intactas las estructuras del estercolero en el que seguimos metidos. Antes de la votación en el Congreso para defenestrar a OPM (132-0), la apatía para ir a votar era evidente, pero después del manido resultado[2], la algarabía nos movió en la dirección incorrecta. Y todo ello; con los mismos candidatos, los mismos partidos, las mismas condiciones; total, en el paquete se había hecho a un lado al impresentable Manuel Baldizón y la abrasiva Sandra Torres había quedado muy disminuida. Los resultados de las alegres elecciones… los padecemos ahora.[3]

No es solo la miopía de ver solo el árbol y no el bosque, que al fin de cuentas se debe tener alguna formación para aguzar estos sentidos. Es este sempiterno cortoplacismo clientelar que adora y promueve lo simbólico, lo mediático, lo visible, lo cercano, lo inmediato. Después de los picos de indignación ciudadana, viene la calma chicha siempre bien aprovechada por el lado oscuro.   Es innegable que la marea ciudadana fue parte fundamental hace dos años, como lo es ahora (¿o lo fue?). Pero no nos llamemos a engaño, sin discurso ideológico, sin una plataforma ciudadana unitaria, organización y programa político, las movilizaciones y manifestaciones devienen en catarsis y lo que viene después, es gatopardismo puro!!

No se trata de subestimar la esperanza que aportó todo el proceso 2015, desde el 25A al 27A y que revivió en 2017 con el 20S. Todos esos cambios cualitativos, todas esas emociones, todos esos descubrimientos, encuentros y re encuentros, esa ocupación de espacios y todas esas interrelaciones jamás soñadas ni jamás pensadas… Claro que nos volvieron a sacar lágrimas y emociones que hace mucho no sentíamos y gozábamos. También sacaron ansiedades y frustraciones, por las velocidades unas veces, por las profundidades otras. Múltiples experiencias y diversidad de aprendizajes…pero debo llamar la atención y preguntar nuevamente: ¿Después del día D[4] qué? Tal parece que desechamos la historia como fuente de sabiduría.

Poco a poco diversos actores –recién indignados al límite hace 15 días–, empiezan a enfocarse en las “reformas” a la LEPP, solapando el hecho de que esta legislatura (no solo la Comisión de Asuntos Electorales), no tiene ninguna legitimidad. Como que el eco unitario: ¡¡Fuera Jimmy y fuera diputados!! nos caló a muchos pero no a todos…

Si no transformamos el sistema político, las elecciones 2019 no resolverán la crisis, porque los comicios están diseñados para reproducir perversidades y no para combatirlas. Cuánta razón tenía Luis Cardoza y Aragón cuando mencionaba que: “El largo plazo del guatemalteco, es el desayuno del día siguiente.” Sin la transformación social que combata la desigualdad, siempre se impondrá la lógica de la Pirámide de Maslow. La paradoja es que todos los actores, unos con mayor profundidad, otros desde el empirismo y la cotidianidad, pero todos, lo entendemos, al menos, desde lo básico; pero luego la mayoría juega a no darse cuenta y lo expresan en la espontaneidad de sus comentarios y la practicidad de sus acciones, como si no hubiera pasado nada.

Reflexionemos en torno a la necesidad y significado de la resistencia ciudadana, la transformación del sistema y la construcción de futuro mediante un gobierno provisional.[5] El reto es generar prácticas virtuosas que, poco a poco, vayan eliminando lo viejo, lo perverso, lo desigual, lo obsceno y pueda darse paso a una nueva y más desarrollada forma de relacionarse, una nueva estructura política, social y económica que no se base en dinámicas corruptas o racistas, ni en la acumulación ilícita e ilegítima de riqueza, ni en el aprovechamiento de la necesidad y precariedad de otros, en ningún sentido.

Lo que se viene es más fuerte y difícil que lo logrado hasta ahora. Enfoquemos nuestra atención y energías en la dirección correcta (la transformación política del sistema) y construyamos juntos un vehículo, cuya velocidad y óptimas condiciones, dependan de la más amplia y sostenible articulación, dentro de la más genuina y sólida aglutinación de consensos. ¡No al gatopardismo político! ¡¡Si a la construcción de un nuevo pacto social y la construcción de un verdadero sistema de partidos políticos y un régimen electoral decente!!

Luego del 20S viene la prueba de ácido. Donde solo estarán aquellos hijos e hijas de la patria por construir de los que hablaba Brecht: Los imprescindibles. Los contracorriente, los que ven más allá del árbol y puede ver simultáneamente el bosque. Los que no se arrugan y encuentran en el estudio y la reflexión, en la construcción colectiva y democrática de conocimiento, en la reproducción de prácticas virtuosas, en la más amplia articulación y espíritu de inclusión y consensos; los mecanismos para perseguir hasta lograrlo, la Reforma Política Integral del Estado.

 

[1] Y hablo de masas ciudadanas que ya de por sí son muy reducidas, pues la gran mayoría se mueve entre el analfabetismo político y la franca ignorancia.

[2] La pretendida contundencia espontánea queda para los registros. Hubo algo más profundo y oscuro en ello, como corresponde a las dinámicas de las mafias.

[3] Pocos son ahora los bayuncos que sostienen que no había otra opción.

[4] El 27A de 2015 y el 20S de 2017 son días “D” que después no supimos/sabemos aprovechar.

[5] Muy distinto conceptualmente del gobierno de transición que apunta al tránsito entre un gobierno y otro sin afectar la estructura, mucho menos el sistema.

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