Opinión

José Alfredo Calderón: Los prolegómenos de las “alegres elecciones”

Recientemente escribí sobre los significados de la “Foto” (efectiva por cierto), lograda por el autollamado Frente Cívico contra la Corrupción. La respuesta pendiente o por lo menos contenida, era sobre el o los resultados principales de dicho evento con pretensiones de efeméride. Les diré el más práctico, táctico e inmediato: Dar por inaugurado lo que llamo “Los prolegómenos de las ‘alegres elecciones’”. A partir de la famosa “Foto” se instala la discusión pre electoral en torno a posibles candidatos y partidos para el 2019…

La Plaza en el 2015 cuestionó el sistema político pero no desde su histórica perversidad estructural, sino desde los personajes constitutivos de la llamada “clase política”. Así sucede cuando la emoción nubla a la razón y la carencia de un programa político y de liderazgos reales pasa factura más temprano que tarde. Nos concentramos en personajes, sobre todo si de llevar la contra se trata[1] y fue así como se priorizó defenestrar a Sandra Torres y Manuel Baldizón[2], en lugar de fijarnos en la valiosa (y perdida) oportunidad de exigir un verdadero sistema de partidos políticos. La mano que mece la cuna si lo sabía y confió en las emociones y miopía de la masa.

Recientemente fui invitado a un programa televisivo de debate político y los temas a tratar giraban en torno a preguntas como: ¿Qué pasará en las elecciones del 2019? ¿Qué liderazgos o cuando menos candidatos se avizoran? ¿Cómo afectará los controles al financiamiento ilícito a partidos y candidatos? ¿Cuáles son los retos de los 25 “partidos políticos” inscritos para no desaparecer? ¿Cuáles serán las estrategias para ganar el voto ciudadano? ¿Cómo combatir los vicios de la vieja política? ¿Cuántos partidos desaparecerán en las próximas elecciones? Y cuestionamientos similares, todos ellos, partiendo de la premisa falsa de que en Guatemala existe un sistema de partidos políticos. Lo que existe en realidad, es una serie de agrupaciones politiqueras, maquinarias mercadológicas electoreras, vehículos que funcionan cada 4 años y luego descansan en el estacionamiento perverso de quien espera otra oportunidad para transar más que competir, lucrar más que alcanzar el poder político. Cualquier silogismo es inválido a partir de la falsedad de su premisa. Debemos partir de una realidad irrefutable, no se cuenta con Instituciones de Derecho Público que intermedian entre la Sociedad y el Estado (Partidos Políticos). Pero aunado a esto, se debe romper el mito mesiánico de que un líder emergerá de entre los vivos y será la “Solución Nacional”[3]

Cualquier país moderno que se respete, requiere de proyectos políticos y no plataformas de ocasión, de liderazgos éticos y no de oportunistas corruptos, de programas ideológicos y no de verborrea barata, de verdaderos líderes con dotes de estadista y no de caudillos comunales con ansias de enriquecimiento ilícito, de planes de gobierno serios y pertinentes con la realidad nacional, y no de plantillas cimarronas bajadas de internet.

Esta ansia perenne de buscar “salvadores”, quizá tenga su base en el rancio conservadurismo histórico del país pero también en la raigambre religiosa de las mayorías. Así como los judíos todavía esperan al mesías, los guatemaltecos parecieran esperar su referente político mesiánico. Al final, Guatemala es un país de caudillos y dictadores (Carrera, Barrios, Estrada Cabrera, Ubico, Castillo Armas, Peralta Azurdia, Ríos Montt y Mejía Víctores), así como la oprobiosa dictadura militar de 1954 a 1986 que cambiaba de gobierno más no de régimen. Y esa esperanza por “El Hombre” viene desde Arévalo, tanto en su apoteósica venida en 1944 desde Argentina, como en su segundo intento en 1963 y que precisamente motivó el golpe militar del 31 de marzo de 1963 a manos del Coronel Enrique Peralta Azurdia.

Después de los sucesivos gobiernos militares, se idealiza la figura de un Vinicio Cerezo, al extremo de considerar a la Democracia Cristiana como un partido de centro izquierda, o peor aún, de izquierda, cuando de todos es sabido el carácter conservador de dicha agrupación política internacional. El desengaño con Vinicio y su “pico de oro”, no fue obstáculo para dejarse embelesar por un Serrano que, nuevamente, utilizó la oratoria como su principal arma y las cancioncitas pegajosas como herramientas de mercado. Luego vino un Portillo cuya brillante oratoria y formación política, hacía olvidar el hecho de ser impulsado por un partido de raíces militares y carácter profundamente ultramontano y corrupto. Finalmente, el engaño y la ilusión por los “salvadores” continuó su marcha con un Álvaro Colom que, carente de luces, supo utilizar su apellido para crear la ilusión de un gobierno de izquierda, pero que en la práctica, pateaba socarronamente por la derecha. De OPM mejor ni hablar, solo nos queda el despojo nacional, la crisis actual y una novela barata de amor cortesano.

2019: Sin que el sistema haya cambiado –estructuralmente hablando– los prolegómenos de las “alegres elecciones” embelesan a tradicionales y emergentes, viejo y jóvenes, neófitos y pulidos, pícaros y honestos que se volverán pícaros, ignorando las contundentes palabras de Maquiavelo: “El Poder corrompe, luego aniquila.” Advertidos están…

 

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

[1] En Guatemala es un vicio enraizado votar contra alguien y no a favor de alguien.

[2] Aclaro que la defenestración de estos funestos personajes era necesaria, pero no a costa de revivir un sistema caduco, agotado y perverso. Los resultados de esa miopía están a la vista, con un personaje que, de lo histriónico, pasó a la tragicomedia con altísimos costos políticos.

[3] Por cierto, ese era el slogan del general Carlos Manuel Arana Osorio (1970-1974) quien llega con el vergonzoso mote del Pacificador de Oriente, eufemismo utilizado para matizar el exterminio de la población combatiente y no combatiente.

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