Opinión

José Alfredo Calderón: Las formas de ver la violencia…

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

Imposible no hablar de violencia en un país donde la inmensa mayoría de guatemaltecos la identifica como el principal flagelo nacional. Medios de comunicación, ciudadanos, y una legión de “expertos”, opinan (que no es lo mismo que analizar), basándose en criterios empíricos que: o bien se basan en el morbo, o bien en términos cuantitativos de si sube o baja el número de muertos. Es por ello que una primera sugerencia es usar una metodología o cuando menos, criterios técnico-científicos para el abordaje de las violencias y es que –precisamente– son varios tipos y manifestaciones de violencia, siendo la estructural la más importante de ellas, pues da origen a toda la serie de expresiones en las que se manifiesta en la cotidianidad.[1]

El carácter estructural es el que provoca en el imaginario frases como: “Violencia hay en todas partes”; “Eso ya nadie lo para”; “Solo podemos aspirar a reducir los niveles de violencia pero no a erradicarla” y otras tantas expresiones que reflejan una aceptación (tácita o expresa) y una visión fatalista que permite “lidiar” y, peor aún, convivir con ella.

En términos generales, el guatemalteco común tiene su referente en las redes sociales, con las consecuencias empíricas y muy limitadas que esto implica. Por otra parte, los medios de comunicación están –en su gran mayoría– más interesados en explotar el morbo por lo que hacen énfasis en el número de muertos y heridos, o la espectacularidad de los casos. Los políticos la usan (o provocan) a su conveniencia y el crimen organizado hace de la violencia su principal insumo y herramienta de dominación y expansión. El movimiento ciudadano (todavía marginal y pequeño), es una masa heterogénea que, en la mayoría de casos, no alcanza a divisar los alcances, dimensiones y particularidades del fenómeno de las violencias.  La academia sigue en una burbuja, distante y aislada, y su espacio se llena de “expertos y analistas” mediáticos, que opinan igual de cualquier tema, con la “profundidad” que otorga la “todología” y la carencia de método.

Una segunda sugerencia metodológica, es acudir a los parámetros internacionales de Naciones Unidas para medir la violencia homicida por arma de fuego, principal causa de las muertes en el mundo. Más de 8 muertes por cada 100 mil habitantes se considera epidémico y un problema de salud pública.[2] Guatemala llego a tener 49 en 2006[3] y actualmente ronda las 26/22 muertes a nivel nacional, según la fuente que se consulte. Sin embargo, solo el departamento de Guatemala mantiene una tasa de 49.08/100mil. Además de la capital, hay otros ocho departamentos con incrementos sensibles.[4]

Un tercer elemento para el análisis, es entender que la violencia, la seguridad y otros temas como la política, se basan fundamentalmente en percepciones, muchas veces, independientes de los datos duros; tema que da para mucho más que esta columna.

Finalmente, propondría un enfoque basado en tres variables para entender la inseguridad y la violencia que se ha incrementado, sobre todo a final de año y en áreas emblemáticas como el Centro Histórico y el Centro Cívico.

La Violencia Sistémica que básicamente es de carácter estructural. Guatemala tiene una tradición histórica de violencia desde la Colonia y luego en su vida independiente, la cual se agudiza con la guerra interna de 36 años. El proceso posterior a la Paz, tal como sucedió en El Salvador, provocó un alza de las formas de violencia, con énfasis –paradójicamente– en los homicidios por arma de fuego. Incluso hubo un incremento sustancial en la adquisición y consumo de municiones con respecto a los años de la guerra. Cuando la violencia sistémica tiende a la baja, como es el caso guatemalteco, fuerzas oscuras intentan mantener la percepción de paranoia, por motivos tan perversos como diversos.

La Violencia como distractor. Siendo estructural e histórica la frecuencia de violencia, ha demostrado su efectividad, no solo para mantener el miedo ciudadano sino para distraer la atención mientras se fraguan y/o realizan actos en contra de la población (organizada o no), así como contra la Justicia, la Paz, la Democracia y la lucha contra la corrupción y la impunidad, o bien para efectuar actos que benefician intereses clientelares, gremiales, empresariales, políticos o militares.[5]

La Violencia como tendencia. Siempre hay un incremento al final del año y ahora esta alza fue más sensible en 2017 con respecto a 2016. Diversidad de intereses pueden estar detrás de la misma, aunque hay fuertes indicios para pensar en una afectación del imaginario social, relacionado con la presencia militar en las calles. Se debe recordar que en diciembre finalizaba esta presencia y que se acaba de prorrogar hasta marzo de 2018, con carencia de datos duros que demuestren la incidencia en la baja de la violencia por la presencia castrense.

El ejército sigue resistiéndose a abandonar su papel protagónico como poder fáctico en una sociedad sin guerra….

[1] Violencia física, sexual, patrimonial, psicológica y otras, ya sea en forma material y/o simbólica.

[2] OMS maneja el dato de 10 o más homicidios por arma de fuego.

[3] El suscrito fue secretario técnico de la Comisión Nacional para la Erradicación de Armas Ilegales –CNEAI– de 2006 a 2009. Además, profesor de la Escuela de Criminología de la Universidad Mariano Gálvez y actualmente, docente de la Facultad de Ciencias Forenses e Investigación Criminal de la Universidad de Occidente. También asesor de la Comisión de DDHH, Seguridad y Justicia del Consejo Nacional para el Cumplimiento de los Acuerdos de Paz. Actualmente Consejero.

[4] Quetzaltenango, Chiquimula, Chimaltenango, El Quiché, Huehuetenango, Totonicapán, Santa Rosa y Sacatepéquez. También los municipios de Amatitlán, Chinautla y San José Pinula. Datos de la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Seguridad, que por cierto, no coinciden con la PNC.

[5] Cabe destacar que en el pasado el uso de la violencia como distractor era más estratégica (o cuando menos táctica y no tan burda como ahora).

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