Opinión

José Alfredo Calderón | La Vírgen, la Feria y La Nueva Guatemala de la Asunción

José Alfredo Calderón

Ayer se celebró el día de la Vírgen de la Asunción, patrona de la ciudad capital, evento que anuncia –entre muchos otros– el poder que todavía guarda la que considero la única institución propiamente dicha en Guatemala[1]. La Feria de Jocotenango –ya sin los brillos de antaño– sigue siendo la principal festividad capitalina, sobre todo, ante la carencia de parques y espacio públicos de fácil, seguro y gratuito acceso.

Respecto de la festividad, nos refiere mi docto amigo Ángel Valdés[2], “…también es conocida como el Tránsito de la Vírgen María o Dormición de la Vírgen. Dogma de fe proclamado por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950, aunque la fiesta como tal se celebra desde el siglo IV.” Dicha festividad nos recuerda también el traslado de la ciudad capital de la Antigua Guatemala a la Nueva Guatemala de la Asunción (nombre correcto y oficial muy poco usado). Dicho traslado por cierto, no fue miel sobre hojuela, como bien refiere el Dr. Valdés, quien critica la forma banal y silvestre en la que algunos se refieren a la supuesta “heroicidad” de quienes hicieron el traslado. Admiro la mediación académica de los sucesos bajo la forma de coloquio popular: “Heroicidades nada, se fueron al Valle de la Ermita a la fuerza, bajo amenaza de cárcel y expropiación de bienes, porque los muy bandidos habían solicitado exoneración de impuestos para sufragar gastos de traslado y construcción de la ciudad nueva, pero los muy pícaros estaban reconstruyendo sus casas y edificios en la ciudad de Santiago, hoy Antigua Guatemala. Entonces el Rey vino y dijo claramente que ahora Santiago era la Antigua Guatemala y que debían irse a la Nueva, que ya se les veía el plumero panda de sinvergüenzas, por lo que les caería el peso de la ley si seguían con sus chanchullos. ¡Y hasta el sol de hoy andamos en la mismas!” Esta genial exposición me trae a cuenta la situación actual de las élites que acaban de pedir “perdón” por los “errores” de financiamiento anónimo e ilícito cometidos (la gente mala e informada dirá que fueron delitos). Según la historia nos demuestra, las mañitas de obtener beneficios en forma espuria tienen larga data. Con razón el expertise.

Pero alejémonos –temporalmente– de la política que tantos sinsabores nos da dado. Quiero amenizar esta entrega citando a Pepe Milla quien se refiere a la feria en estos términos: “¡Bendito sea el que inventó las ferias! Eso de reunirse en un estrecho espacio de terreno un número de bípedos racionales y de cuadrúpedos irracionales cuatro o cinco veces mayor del que podría contener cómodamente; asolearse, tragar polvo, exponerse uno a que lo estrujen, empujen y atropellen; ensordecerse con el ruido aturdidor de coches y diligencias y con el que producen los herrados cascos de los caballos sobre las piedras en pavimento; todo para ver y ser visto durante algunas horas, o para comprar algunos novillos y muletos por la tercera parte más de lo que valen, no hay duda que merece la pena de sacar de sus casillas a una población tan quieta, tan soñolienta y tan costumbrera como la de nuestra querida Guatemala.”[3]

¡Bendita la historia que nos enseña tanto! Como ve, estimado lector, lo embelequero también tiene larga data, así como la apatía ciudadana que desde los albores del siglo XX tan bien retrata don Pepe.

Finalizo con la “vuelta en caballo” en la feria de Jocotenango:

“–¿y que le han parecido a Ud. las carreras? –le dije.

-¡Ay! –me contestó–, con perón de Ud. Y de los santos caballos que corren bien, pero lo que no me cuadra es esa cacha en que han dado los españoles de hacer que estén los pobres animales vuelta y vuelta en aquella ruedota, hasta que se cansan. Si quieren divertirse, ¿por qué no cuelgan un pato y lo corren ellos mismos, a ver quién le arranca la cabeza?

-Pero esa –dije yo– es una diversión un poco bárbara, que no estaría bien en la ciudad.

– Será lo que Ud. quiera –replicó don Clímaco–, pero allí sí que se lucen los que saben andar a caballo. O si no quieren pato, ¿por qué no corren en el llano, o en las calles, en lugar de dar esas vueltas por el hipógrofo que no sé cómo no se les atarantan las cabezas a los patojos que van en los caballos?”[4]

Los pasos de animal siguen rumorándose y al parecer su “dead line” es en septiembre. Mientras tanto, aprovechemos los días de feria…

 

[1] Al margen de adhesiones y preferencias, nos referimos a aquellas organizaciones regidas por principios y valores, creando bases de solidez con la que mantienen un orden social, el cual cohesionan con la integración de sus miembros mediante la practica disciplinada de sus doctrinas y la fidelidad a su razón de ser, a su misión. La tradición, el orden, la disciplina, la jerarquía le dan sostenibilidad, arraigo y poder. En Guatemala, la otra institución era el ejército, pero con tanta captura por corrupción, narcotráfico y delitos de lesa humanidad, está desprestigiada, corroída y a la deriva.

 

[2] Dr. En Historia de la Universidad de Zaragoza. Profesor de la Escuela de Historia de la USAC y académico de altos kilates quien me honra con su amistad y me autorizó el uso de tan coloquiales términos para explicar el dato histórico.

[3] Milla y Vidaurre, José. Cuadro de Costumbres. Clásicos de la Literatura Guatemalteca, volumen 21 Tipografía Nacional. Guatemala, 2ª. Edición 2010. (La primera edición es de 1950). Pág. 13.

[4] Las aventuras de Tío Climas. Op. Cit. Pág. 17.

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