Opinión

José Alfredo Calderón: La lucha por la jornada continua de trabajo

El mes recién pasado se cumplieron 44 años de una gesta que poco conocen y/o recuerdan: La lucha de los trabajadores bancarios por obtener la jornada continua de trabajo[2], es decir, pasar de la doble jornada de trabajo a una de carácter corrido con la inserción de media hora para almorzar. A pesar que el gobierno del General Carlos Manuel Arana Osorio (1970-74) la implantó para los servidores públicos[3], la conquista de los empleados bancarios adquiere relevancia histórica por tres motivos fundamentales:

  1. Ellos fueron los pioneros de la lucha por la jornada continua desde 1963, incluso antes de que se formaba la Federación Sindical de Empleados Bancarios –FESEB– con 5 organizaciones.[4]
  2. Los empleados bancarios fueron los primeros y únicos en lograr una jornada de trabajo menor de 8 horas para dos bancos.
  3. La conquista en marzo de 1974 hizo que la jornada continua se generalizara posteriormente en el comercio, la industria y los servicios.

La inquietud por cambiar la jornada de trabajo surgió por el contacto que los sindicatos bancarios fueron teniendo con países de América del Sur, mediante becas sindicales en las que constataron las ventajas socio-laborales obtenidas por sus colegas del Sur. Ellos ya gozaban de dicha jornada, además de otros beneficios. Entre todas las becas, la que causó más impacto fue la de un seminario en San Antonio de los Altos en Venezuela en 1970, ya que derivado del mismo, se fortalecieron los lazos de confraternidad entre sindicatos de Argentina, Uruguay, México, Panamá. Costa Rica y Venezuela. Aunado a esto, la crisis del petróleo (1973), incidió en una inflación que impactó negativamente en la economía de todos los países, con especial énfasis en los llamados “en Vías de Desarrollo”. Esta coyuntura motiva un auge en el movimiento sindical, estudiantil y social, destacando la lucha magisterial que llega a la huelga en 1973, a pesar de que el gobierno aranista gobernó con base a Estados de Sitio y Toques de Queda.[5]

Desde el mes de diciembre de 1973, la convulsión social coincidió con los últimos meses del gobierno militar y la coyuntura estaba marcada por una serie de protestas derivadas de diversos hechos: Ferrocarrileros anunciaban paros para enero de 1974, autobuseros habían incrementado el pasaje urbano a 0.08 centavos sin autorización municipal, la gasolina y el gas habían aumentado desde el 21 de diciembre de 1973 y se dan una serie de atentados terroristas en contra de buses. Ya en enero de 1973, el Sindicato de Acción y Mejoramiento Ferrocarrilero –SAMF– anuncia huelga y da plazo de un mes a las autoridades porque no les habían pagado su pasivo laboral.[6] Posteriormente su demanda incluye un 50% de incremento salarial si no les pagan el pasivo. El Magisterio sigue su lucha y amenaza con otra huelga pues no les habían cumplido con el aumento ofrecido el año anterior. En el norte, muelleros de Puerto Barrios se suman a paros por demandas socio-laborales.

El gobierno militar sufre la resistencia desde diversos frentes abiertos por diversas causas. A pesar de que se anunciaron los nuevos salarios de los maestros y que accedieron a pagar el pasivo laboral de los ferrocarrileros, nuevas demandas y conflictos surgían por doquier, sobresaliendo el de los trabajadores del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social –IGSS– quienes solicitaban un 50% de incremento a sus sueldos. Los trabajadores de la Universidad de San Carlos también se van a paros en demanda de mejoras salariales. A fines de enero hay paro de buses y los estudiantes universitarios apoyan al Sindicato de Trabajadores de la Universidad –SUTSC–. En la Municipalidad capitalina surge un movimiento pro mejora salarial y como dato curioso –por el tipo de país– el alcalde capitalino (Manuel Colom Argueta) considera justas las demandas de los trabajadores de la Comuna.

Simultáneamente el Consejo Nacional de Consulta Sindical –CNCS–[7] anuncia que la huelga de los trabajadores es la única vía para enfrentar el alto costo de la vida surgido por la inflación de precios provocada por el incremento súbito, continuado y excesivo en el precio del barril de petróleo. A pesar de la represión gubernamental, los conflictos se van resolviendo por la presión laboral, siendo las resoluciones del IGSS y la USAC los de mayor impacto.

“Cara o cruz; o nos aumentan o podrán quedar sin luz” anuncian en febrero de 1974 los trabajadores de la Empresa Eléctrica y los trabajadores del IGSS reviven el conflicto pues no aceptan el incremento pactado por su sindicato. Los trabajadores de Salud Pública se suman a las demandas y el gobierno muestra su incapacidad para enfrentar la crisis, tildando de comunistas a todos los sindicalistas, estudiantes y dirigentes sociales. El domingo 3 de marzo de 1974 se dan las elecciones generales con el saldo de un escandaloso fraude en contra de la Democracia Cristiana y su candidato Ríos Montt.

En todo este contexto, los trabajadores bancarios habían jugado un papel clave apoyando a diversos sindicatos y homologando la lucha por la jornada continua entre sus reivindicaciones. Los “empleados de cuello blanco”, como les llamaban, habían cambiado y ahora eran solidarios con otras expresiones sindicales. Su falta de tinte político e ideológico los ayudó para fortalecer otros movimientos y subsistir a la represión que ya iba en aumento.

Finalmente, el uno de abril de 1974 entra en vigor la nueva jornada laboral, siendo el Banco de Guatemala el primero en adoptarla (días antes), por negociación directa con su sindicato, a pesar que el planteamiento había sido colectivo por medio de la FESEB. Se pretendía una jornada de 7 horas continuas para todos, pero al final, la desunión de sindicatos permitió que las patronales bancarias negociaran por separado y los únicos que lograron jornadas especiales fueron El Crédito Hipotecario Nacional de Guatemala (7 horas con 15 minutos) y el Banco Agrícola Mercantil (6 horas con 45 minutos).

Gracias a los bancarios, la jornada continua de trabajo se volvió universal en Guatemala.

 

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

 

[1] Los datos que sirvieron de base para el artículo están contenidos en mi tesis de licenciatura de Historia: “Análisis Histórico del Movimiento Sindical de los Trabajadores Bancarios de Guatemala: La Lucha por la Jornada Continua de Trabajo en 1974.” Escuela de Historia. USAC.

[2] El nombre correcto de lo que muchos dieron en llamar “Jornada Única”.

[3] Antes que la presión social la obtuviera.

[4] Esta Federación agrega posteriormente a los trabajadores de la Compañía de Seguros Granai & Towson y pasa a llamarse FESEBS.

[5] Los Toques de Queda establecían un horario límite nocturno y de madrugada para circular por las calles, lo cual se unía a una gran represión en contra de cualquier expresión de lucha y reivindicación social y laboral.

[6] La International Railways Company of Central America –IRCA–, había sido vendida.

[7] Una especie de Central Sindical que se formó ante las dificultades de crear una Central propiamente dicha.

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