Opinión

José Alfredo Calderón | El Decreto 52-2005 y el Deja Vu setentero…

José Alfredo Calderón

Historiador y observador social

Se veía venir…pero si algo tiene la perversidad en las “democracias tropicales”, es que cada acción, cada suceso, cada acontecimiento, por perturbador que parezca a ojos de las naciones civilizadas, en nuestro contexto se vuelve “normal” y parte de la cotidianidad. De las muchas señales, la que más debería haber preocupado fue el bloqueo a la página de El Periódico, pero muchos analistas nos fuimos con la finta de que septiembre era el “dead line” para el “boom” que se sabía pasaría (de uno u otro lado) y que se adelantó al menos una semana.

Viernes y fin de mes, los corruptos hicieron su agosto. El gobierno de Jimmy Morales lleva a cabo el plan que cuidadosamente había preparado la cúpula militar que lo rodea. La decisión de no renovar el mandato de la Comisión Internacional contra la Impunidad –CICIG– era previsible y no requería ni siguiera una conferencia de prensa. Los detalles de lo que pasó ya trascendieron y para variar, fue Washington quien estuvo a cargo del control de mayores daños. Lo nefasto, es la perversidad con la que se monta un simbolismo chafarotesco cuya única finalidad era activar el botón del miedo y provocar la zozobra. Las imágenes de los Jeeps militares frente a la sede de CICIG y luego frente a la embajada del país que los donó para combate del narcotráfico y patrullaje de fronteras (¿¡?!), manda dos mensajes: el primero, reactivar el miedo como ya se dijo. El segundo, más grave aún, revivir un pasado que se creía superado: el ejército en las calles y en tareas que contradicen su supuesta apoliticidad (de rango constitucional además) y que distan del espíritu de los Acuerdos de Paz, como se enuncia en uno de los considerandos del Acuerdo Fortalecimiento del Poder Civil y Nueva Función del Ejército en una Sociedad Democrática: “…dentro de una institucionalidad democrática, corresponde al Ejército de Guatemala la función esencial de defender la soberanía nacional y la integridad territorial del país;”. Para coronar el caos…la clásica ola de desinformación para confundir y atemorizar. Y qué mejor que el desarrollo de las redes sociales para completar la trama.

¿Por qué traer a colación este Acuerdo de Paz en particular? Por dos cosas; en primer lugar, porque los Acuerdos de Paz son ley positiva, ley vigente contenida en su Ley Marco, el decreto Legislativo 52-2005. En segundo lugar, porque precisamente todo lo actuado se refiere a tratar de deslegitimar el nuevo rol del ejército en una sociedad democrática moderna y reasignarle funciones que ya se creían superadas.

No he escuchado ni leído a ningún analista, comentarista o “experto”, hablar de la Ley Marco de los Acuerdos de Paz en esta coyuntura, cuando precisamente esta normativa es la única guía de nación que se tiene y en la que se tuvo especial cuidado de dedicarle un acuerdo específico a la necesidad de fortalecer el Poder Civil por sobre el poder militar, a sabiendas que gran parte del atraso democrático del país, se debía a la preminencia del ejército en asuntos civiles y –prácticamente– en toda la dinámica social, política, administrativa y hasta económica.

Un poco de memoria histórica nos debería dar luz al respecto, pues de 1954 a 1986, estuvimos mal gobernados por sucesivos y “democráticos” gobiernos castrenses, incluyendo el nefasto período de 1966-1970, en el que a pesar de que el presidente y vicepresidente era civil, el mando lo tenía los señores de verde.[1] Incluso, el poder castrense continuó durante los primeros gobiernos civiles, sobre todo en el primero, en el que Vinicio Cerezo tuvo que resistir decenas de asonadas y sufrir las consecuencias de dos efectivos golpes de Estado “técnicos”[2], como si tal cosa existiera como normal.

Estrategas como el general Héctor Alejandro Gramajo[3] sabían perfectamente que el objetivo militar en una guerra, no es tan vital como el objetivo político-estratégico. Por eso, él y un grupo de militares (Gramajistas) diseñaron los escenarios para el siglo XXI, con una política contrainsurgente más solapada e inteligente. Los actuales asesores de Jimmy están muy lejos de ser “Gramajistas”, pero algo tenían claro: la importancia del miedo y de la desinformación que nunca pasan de moda.

Conviene recordar estos pasajes de los Acuerdos de Paz, dentro del referido Acuerdo de Fortalecimiento del Poder Civil y Función del Ejército en una Sociedad Democrática:

“A. Agenda de seguridad. 18. La seguridad es un concepto amplio que no se limita a la protección contra las amenazas armadas externas, a cargo del Ejército, o a la protección contra las amenazas al orden público y la seguridad interna, a cargo de la Policía Nacional Civil (…) 25. Se promoverá la emisión de una nueva Ley de Orden Público en consonancia con los principios democráticos y el fortalecimiento del poder civil. Todo exceso en la aplicación de la nueva ley será debidamente sancionado. Las limitaciones que en interés del mantenimiento del orden público la ley establezca en ningún caso deben permitir excesos que contravengan la vigencia general de los derechos humanos ni facultarán a las autoridades a limitar otros derechos que los consignados en el artículo 138 de la Constitución (…) 35. La firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera constituye un cambio fundamental con relación a las condiciones que han prevalecido en Guatemala a lo largo de más de tres décadas. Este cambio involucra positivamente a las instituciones del Estado y entre ellas, de manera particular, al Ejército de Guatemala. La misión del Ejército de Guatemala queda definida como la defensa de la soberanía del país y de la integridad de su territorio; no tendrá asignadas otras funciones y su participación en otros campos se limitará a tareas de cooperación. Las medidas concretadas en el presente Acuerdo adecuan su doctrina, medios, recursos y despliegue a sus funciones y a las prioridades de desarrollo del país.”

No debe perderse de vista el bosque, mirando solo el árbol. Lo que está en marcha es más grave que la expulsión de un Comisionado, la no renovación de un mandato internacional o el impulso de leyes del pacto de corruptos. El país se juega la vida y el retroceso del que hablamos, no llega al lapso anterior a abril de 2015, sino que el estirón sería hasta los setentas. ¿Comprendemos la gravedad de los hechos y la urgente necesidad de salir de nuestro aturdimiento?

[1] Ya se ha hablado del famoso “Concordato”, que era el acuerdo obligado que los militares hicieron firmar al Partido Revolucionario para que pudieran “gobernar”, trasladando todo el poder y las decisiones al alto mando del ejército.

[2] Mayo 1987 y mayo 1988. El golde de Estado técnico es en realidad un golpe de Estado como los otros, pero disfrazado. El condicionamiento (extorsión) se hace tras bambalinas pero los efectos vienen siendo los mismos. Se privilegia la continuidad institucional (a ojos de la opinión pública nacional e internacional), pero el mando informal desplaza al formal.

[3] Ministro de la Defensa del gobierno de Vinicio Cerezo 1986-1991 y sin duda, el mejor estratega militar del siglo pasado.

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