Opinión

José Alfredo Calderón E.: Hacia un remix del 2015…

José Alfredo Calderón E.

Historiador y observador social

Se nos ha querido vender la idea de que “Guate” ya cambió. Que La Plaza 2015 evidenció una súbita y masiva toma de conciencia popular interclasista. Todos al unísono han dicho basta y las cosas ya no serán igual –dicen–. El destape del financiamiento ilícito hará que los empresarios tengan miedo y ya no volverán a caer en lo mismo. La gran cantidad de capturas lideradas por la CICIG han cambiado el sistema de justicia y han generado una “Nueva Guatemala”, continúan diciendo. Déjeme decirle estimado lector que la verdad es que el sistema está intacto, las bases estructurales sobre las que se construyó, no han cambiado. ¿No hemos avanzado entonces? Claro que sí, tampoco se trata de demeritar toda la acción de la mancuerna CICIG-MP. Debemos reconocer que muchas cosas hicieron creer en un verdadero cambio, pero la inercia que se llevaba, frenó de repente cuando las élites también fueron señaladas. Todo iba bien, hasta que las sindicaciones trascendieron de la “clase política”, empresarios menores y hasta medianos, oficiales del ejército de alta y baja, burócratas de todo calibre y miembros del crimen organizado. Pero todo tiene una secuencia, en 2015 nos vendieron la idea de que los enemigos eran Baldizón y Sandra Torres[1] y una vez defenestrados, promovieron la venta de un candidato cimarrón al que las elites ayudaron mediante financiamiento ilícito. La caída de Roxana Baldetti primero (mayo) y de Otto Pérez después (septiembre), solo sirvieron para limpiar la mesa y dejar aquella sensación mágica de que la fuerza ciudadana lo había logrado. Jimmy era el ungido de las élites y lo demás ya es historia.

Luego vino otra plaza, la del 2017, más autónoma y por lo mismo, controlada rápidamente. Las órdenes de Trump son sumamente precisas: “No me importa lo que hagan en Guatemala, lo cierto es que no quiero una Venezuela o una Nicaragua allí”. El rumbo siempre ha estado dictado por el ya famoso Plan para la Prosperidad y todo lo que se oponga a esto, será combatido por el imperio del Norte. De esta cuenta, el combate a la corrupción, no se basa en los valores supremos de la democracia occidental sino en la practicidad y viabilidad del Plan mencionado. Dicho esto[2], el sistema se mantuvo y los intentos por hacer algunos cambios de relevancia, se quedaron en las buenas intenciones de un par de magistrados del Tribunal Supremo Electoral –TSE– Todos coincidimos en que si no se podían hacer cambios estructurales (por muchos motivos), por lo menos debiera cambiarse la Ley Electoral y de Partidos Políticos –LEEP–. En este sentido, se lograron algunas tenues reformas en 2016, pero los cambios más importantes, que debía presentar e impulsar el TSE, durmieron en el baúl legislativo de lo que no le interesa a la clase política. En su lugar, los diputados se apresuraron a enviar a la Corte de Constitucionalidad –CC–[3], su propia versión de “reformas” a principios de año, siendo esta la hora que no se supo más de ellas. El objetivo perverso se cumplió: Al engavetar la propuesta del tribunal electoral y enviar un paquete insulso, ya no hay tiempo para trabajar las reformas –que si bien no eran profundas– daban algunas válvulas de escape para no hacer un remix tragicómico del 2015, como efectivamente pasará en junio de 2019. El Congreso responsabilizará a la CC por la tardanza, ésta al Congreso por no mandar las reformas propuestas por el TSE y enviar un paquete espurio sujeto a falencias de todo tipo. Los partidos políticos alegarán que ya no hay tiempo y que se deben organizar “las alegres elecciones” con las bases actuales. Los empresarios que siempre han financiado el proceso electoral, no otean candidatos “peligrosos” ni organizaciones políticas que puedan afectar sus intereses. El sistema intacto y el pueblo –para variar– continúa como el “chompipe de la fiesta”. Es por eso que esa fea sensación de un “deja vu” con relación a la coyuntura de hace 3 años, reaparece perversamente.

En enero 2019 arranca la convocatoria a elecciones y cualquier domingo de junio (de los cinco que hay) será la primera vuelta. Los mismos “partidos políticos”[4], los mismos personajes funestos, nuevas siglas de partidos “reencauchados”, los mismos tránsfugas con diferente camisola, los mismos planes y programas reciclados, bajados de internet o elaborados por consultores de ocasión a un precio módico. Este bello paisaje sigue siendo la representación gráfica de la canción de los elefantes: “…Y como vieron que resistía…fueron a llamar otra manada”.


 

 

[1] Por increíble que parezca, todavía hay quienes dicen estar satisfechos con el resultado de las elecciones, al entronizar al impresentable que hoy tiene el país al borde del colapso. Es cierto que estos personajes también son impresentables, pero el costo que se pagó por este ardid, lo estamos sufriendo ahora, con gravísimas consecuencias para el futuro de la nación, la construcción de una verdadera democracia y la instalación de un verdadero Estado de Derecho.

[2] Sumamente resumido porque no es el objeto de este artículo ahondar en los detalles de las Plazas.

[3] Se remite a la CC para consulta y cuidarse que lo actuado no vaya a ser impugnado y anulado posteriormente.

[4] Entrecomillado porque es obvio que carecemos de partidos políticos como tales, aquellas instituciones de derecho público que intermedian entre el Estado y la Sociedad. Lo que hay son maquinarias electoreras en las que se reciclan gánster de todo tipo como se verá en junio de 2019 (primera vuelta).

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