Opinión

JOSÉ ALFREDO CALDERÓN: Acotaciones para interpretar la crisis

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

El escenario estrecho en el que la mayoría visualizaba una lucha de poder entre el presidente y el comisionado de CICIG, ya no existe más. Se amplió y se complicó por mucho. Si bien antes había una serie de matices, ahora la crisis se polarizó[1] y hay claramente dos bandos principales: quienes luchan contra la corrupción y quienes la defienden, sea por propia pertenencia a grupos delictivos y/o corruptos o por condiciones colaterales de distinta índole.

Si bien el balance de fuerzas siempre ha estado favorable a los sectores ciudadanos que luchan contra la impunidad y la corrupción, hasta el lunes 11 de septiembre, ambos bandos estaban fuertes; pero las actuación de los diputados al mantenerle la inmunidad al presidente, y peor aún, las reformas al código penal del miércoles 13, desataron una indignación que hizo mayor crisis al conocerse sobre el bono que recibía el presidente y altos mandos militares. En consecuencia, los sucesos del jueves 14 y miércoles 15 de septiembre, inclinaron –sustancialmente– la balanza a favor de la alianza que lucha contra el #PactoDeCorruptos. Sectores de derecha y centro-derecha, aún con sus resquemores, han hecho causa común con La Plaza a partir del tema aglutinador: La corrupción. Las pírricas victorias de los sectores pro impunidad y corrupción, se basaron en la estrategia de la descalificación personal del comisionado y la fiscal, pero sobre todo, en la intención de ideologizar el conflicto para dividir a la población con fantasmas anticomunistas, supuestas injerencias extranjeras y el imaginario de “convertirse en Venezuela”.

Sectores del empresariado y del ejército, otrora graníticamente unidos, empezaron a evidenciar fraccionamientos. El sector privado sabe que estar del lado equivocado le puede acarrear problemas, políticos primero y económicos después. En cuanto al ejército, los sectores no beneficiados de la rapiña de la camarilla, empezaron a tomar distancia y filtrar información. La solidez de los sectores pro impunidad y corrupción se valió de la estructuración y planificación estratégica-militar de cuadros de la guerra, personificados en los privados de libertad del Mariscal Zavala, AVEMILGUA, Fundación contra el Terrorismo, sótano de TU MUNI, así como los cuadros identificados como la “nueva Juntita”, siempre cercanos al presidente. El bando contrario se nutría básicamente del entusiasmo pero sin mayor estructura organizacional y mucho menos planificación y recursos.

La carencia de liderazgos nacionales complicó la convocatoria popular y la construcción de una plataforma programática de unidad. Sin embargo, pocos contaron con el sensacional arranque del recientemente nombrado Procurador de los Derechos Humanos y esa carencia de liderazgo ha sido suplida en gran parte. El factor externo determinante (USA), no se mostró inicialmente como en 2015 y otras ocasiones, lo que permitió una dinámica social y política más flexible y autónoma por parte de los actores ciudadanos.[2]

Nuevamente el tema de la corrupción logra aglutinar a diferentes sectores –acusando ahora– una mayor solidez en la protesta social. Las lecciones aprendidas del 2015 se empiezan a sentir y la inmensa movilización del 20S y el desarrollo de nuevos liderazgos jóvenes, lo refleja con claridad.

El dejá vu de 1993 y La Plaza 2015

En 1993 hay tres factores que distancian esa situación de la actual: el componente de las redes sociales, la todavía vigente modalidad de golpes de Estado en esa época[3] y el control del poder hegemónico sobre el manejo de la crisis. Además, Serrano había facilitado las cosas al romper, él mismo y en forma inédita, el orden constitucional. Los actores protagónicos fueron la Instancia Nacional de Consenso y la Corte de Constitucionalidad; ambas manejadas por el poder hegemónico[4]. Basta recordar como las reformas constitucionales de 1993 consolidaron esa hegemonía.

Con relación a La Plaza 2015, los componentes de la actual “Plaza” son más sólidos y los sucesos se desarrollan mucho más rápido. El bono de Jimmy y la cúpula militar es el equivalente al “agüita mágica” del Lago de Amatitlán –coyunturalmente hablando– La experiencia del 2015 ha permitido tener una cautela mucho mayor para no dejarse manipular y cuidar aún más la alianza coyuntural de amplios sectores.

Los grupos ciudadanos surgidos al calor de las manifestaciones del 2015 ya se muestran más estructurados y sus liderazgos más consolidados. Sin embargo, todavía hace falta ese liderazgo que aglutine y consolide esa alianza pues los que representan la Fiscal y el Comisionado están consolidados pero no bastan. Los desatinos del presidente y los diputados crearon un área de oportunidad muy bien aprovechada por el PDH, cuyo olfato y reconocimiento del timing político, terminan de ubicarlo como el líder paradigmático institucional ante la crisis y el referente ético para su manejo.

 

 

[1] Pero no en el sentido que el Pacto de Corruptos quería.

[2] La dinámica ha cambiado pues el papel de USA se empieza a mostrar con más fuerza.

[3] Vinicio Cerezo (1986-1991) sufrió muchos intentos de golpe y particularmente, dos exitosos, denominados “golpes de Estado técnicos” en 1987 y 1988.

[4] Para nadie es un secreto que Dionisio Gutiérrez y, sobre todo, Juan Luis Bosch (su primo) tenían gran control sobre la Instancia y la CC.

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