Opinión

ENFOQUE: Una “joyita” llamada Delia Bac

Gonzalo Marroquín Godoy

 Mucho se ha hablado sobre el actual Congreso de la República. Lo cierto es que esta legislatura (2016-2020) es una de las más desastrosas que hemos visto desde el retorno de la democracia en 1986, aún peor que aquella tristemente célebre que terminó depurada por una reforma constitucional en 1994, precisamente porque salieron a flote una serie de prácticas corruptas de los diputados, que el pueblo terminó rechazando.

En el Congreso hay 158 diputados. Entre ellos los hay pésimos y corruptos, pasando por malos, mediocres –pero siempre corruptos–, regulares, que se salvan y algunos pocos, pero muy pocos, que podrían entrar en la categoría de buenos. En todo caso, es común que entre los primeros –que son todos “joyitas” de la vergüenza–, algunos lleguen a grandes titulares de prensa, como en su momento ha sucedido con Edgar Cristiani, Luis Rabbé y tantos más, que nombrarlos sería largo de hacer en un espacio limitado como el de esta columna.

¿Qué dirá la Comisión de Transparencia y Probidad del Congreso sobre el comportamiento de la diputada tránsfuga y y experta en transas?

Hay un refrán popular interesante que dice así: “para muestra un botón”. Quiere decir que no hay que ver el todo –en este caso todos los diputados corruptos–, sino basta con ver el “botón” que ejemplifica a los demás. Y vaya si en estos días no podemos mostrar ese vergonzoso “botón” del diputado típico que tiene este perfil: hace transas, es tránsfuga, prepotente, abusivo(a), calculador y, para colmo, abusa del nepotismo en el Estado, además –por supuesto– de ser corrupto.

Se trata de la diputada Delia Bac, quien llegó al extremo de crear una aldea imaginaria, con el fin de lograr que un negocio suyo en Sacatepéquez, fuera beneficiado con la construcción de una carretera, que se pagó con dinero del Estado, a un costo de Q1.9 millones. ¿QUÉ TAL?

La noticia ha trascendido por un trabajo de investigación periodística de elPeriódico, que ha dado cuenta de una de las transas de esta diputada tránsfuga –ha pertenecido a la Gana, UNE, Líder y ahora es nada menos que jefa de bancada del partido Alianza Ciudadana (AC), por cierto, uno de los satélites que se unen al oficialismo cuando impulsan legislaciones como el Pacto de Corruptos I y II–.

Pero como diría un animador de televisión mexicana, “aún hay más”. El diario ha destapado como se ha aprovechado Bac de su cargo de diputada, porque ha sabido colocar, muy hábilmente, a un montón de miembros de su familia en diferentes puestos en el Congreso, pero también en el Maga. Estas plazas, bastante fantasmagóricas son las que se pueden palpar por ser de parientes muy cercanos, pero seguramente ha logrado colocar a amigos y conocidos en otros cargos en dependencias gubernativas, algo que hacen comúnmente los diputados que forman parte de este “manada” peculiar.

Lo peor de todo es que puede suceder algo que se repite constantemente: ¡no pasa nada!. Menos mal que se ha dicho que el MP investigará el caso, pero en el Congreso se hace como aquel otro refrán que dice que “entre bomberos no nos machucamos la manguera”. Hay que poner atención para ver que hace la casi inservible Comisión de Transparencia y Probidad, que debiera ser una de las más activas del Congreso, pero está lejos de adoptar una actitud de “tolerancia cero” con los funcionarios públicos, no digamos con sus queridos “colegas” diputados.

En cualquier país medianamente democrático del mundo, en el que se respete la institucionalidad, una diputada que hiciera algo parecido sería obligada a renunciar, además –¡por supuesto!–, que sería investigada y procesada por actos de corrupción.

Para quienes no leyeron en los días previos los amplios reportes sobre la andanzas de la diputada Bac, está muy claro el abuso e ilegalidades cometidos. Solo en su mente –y en la de todos los que sirvieron de cómplices–, existe la aldea El Paxtal. “Brillante” engaño de una parlamentaria que debiese ser repudiada por sus colegas, al menos los que no están en calidad de “joyas” o dipucacos.

A otro que habría que mandar a jalar es al ex gobernador de Sacatepéquez, Marvin Barrios, quien con gran desparpajo se limitó a responder a un periodista que “si… tiene razón… (esa aldea) no existe”, cuando él fue uno de los corresponsables de que se ejecutara la obra.

¿Cómo entender los ciudadanos comunes y corrientes que sus diputados pueden llegar al extremo de inventar comunidades para aprobar obras en el listado que autorizan cada año.

La Copa del Mundo puede estar muy interesante –y lo está–, pero estos casos no se deben dejar pasar. Este “botón” de la vergüenza debe arrancarse, porque de lo contrario se contagiará a más y más diputados y políticos del medio.

Delia Bac puede ser llamada la “diputada sinvergüenza”, aunque en realidad, son muchos los parlamentarios que se han ganado un calificativos similar.

No hay que quitar el dedo de la llaga. Hay que exigir la intervención de la comisión de Transparencia y Probidad, que tiene harta obligación de intervenir para intentar salvar, en algo, la institucionalidad.

 

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