Opinión

Enfoque | Por la vía de la confrontación

— Gonzalo Marroquín Godoy

Existen lemas nacionales y refranes populares que destacan que… de la unión nace la fuerza. Mencionarlos daría para llenar páginas, pero ninguno de ellos es nuevo o reciente, pues se han utilizado a lo largo de la historia por parte de revoluciones, gobiernos e incluso –esto le gustará al presidente Jimmy Morales–, aparecen como moraleja de numerosas historietas.

Sin duda su utilización es tan común por estar basados en un concepto totalmente cierto. La división debilita, la unión, en cambio, da fuerza a las corrientes, a los movimientos y hasta las naciones. En la historia podemos encontrar muchísimos ejemplos de la importancia de mantenerse unido.

Jafeth Cabrera y Álvaro Arzú Jr. aprovechan el podio para lanzar sus dardos envenenados y llamar a la “unidad”…(¿?¿?¿?)

Esa unidad, por supuesto, no significa el cien por ciento, porque ese tipo de unidad es imposible de lograr, sobre todo en las sociedades modernas, en donde hay tantas corrientes de pensamiento, ideologías y hasta gustos diferentes. Lo importante, eso sí, es buscar la suficiente fuerza unitaria para hacer que el país avance.

De hecho, el sistema democrático encuentra en la unidad de la mayoría la fórmula de Gobierno que hasta el día de hoy, ha demostrado ser la que garantiza mejor el respeto a los derechos ciudadanos. No todos votan en la misma dirección o por el mismo partido y/o candidato, pero quien gana tiene la representatividad de la mayor unidad dentro de la sociedad.

En base a todo lo comentado, es fácil entender la razón por la que muchos gobernantes o políticos apelan a la unidad nacional. Sin embargo, cuando sus palabras ¡y acciones! apuntan más a dividir que cualquier otra cosa, un llamado en este sentido termina siendo vano, inconsistente y hasta torpe.

El pasado jueves en la inauguración del Congreso de la Caficultura, el vicepresidente Jafeth Cabrera y el presidente del Congreso, Álvaro Arzú Jr. aprovecharon la oportunidad para despotricar contra la lucha contra la corrupción, el sistema de justicia y la CICIG, pero ambos coincidieron también –¿estrategia acordada?– en llamar a la unidad de los guatemaltecos.

El tono utilizado por ambos en sus discursos ante los caficultores fue, al igual que el de sus mentores –para uno Jimmy Morales y para el segundo su padre, el fallecido Álvaro Arzú–, totalmente confrontativo y con la finalidad de debilitar la lucha contra la corrupción y la impunidad, como si fuera la fuente de nuestros males nacionales.

Cabrera se refirió ante los caficultores, a la reciente muerte del diputado Barquín y criticó al sistema de justicia. Arzú Jr. llegó a decir que en Guatemala estamos mal porque “se permitió que la ley internacional prevaleciera de hecho sobre la ley constitutiva nacional”. Con el mismo tono, llamaron a la “unidad nacional”, lo que debe interpretarse como un llamado a que los guatemaltecos nos sumemos a su actitud confrontativa, que pidamos que cese la lucha contra la corrupción y, finalmente, aceptemos que lo que ellos representan –la vieja política corrupta–, es lo mejor para el país. Cabrera llegó incluso a retomar la retórica de Arzú (padre), al hablar de los supuestos intentos golpistas. Nadie habla de eso en el país –al menos no lo he oído de nadie–. En cambio sí se habla y se espera, que si el más alto funcionario de la Nación cometió, por ejemplo, el delito de financiamiento electoral ilícito o el acoso de los que se le señala, entonces enfrente proceso de antejuicio. Plantearlo por parte del MP –aunque ya no parece tan probable que ocurra– no tiene nada que ver con golpe de Estado, sino con aplicación y cumplimiento del régimen legal.

Lástima que en vez de aprovechar el podio para transmitir mensajes alentadores a un importante sector productivo del país, ambos representantes de la vieja política mantengan ese ambiente de confrontación que tanto daño le ha causado al país en los últimos dos años.

Claro, la estrategia más bien es la de divide y vencerás, como bien se ha intentado con plantear el falaz argumento de que la lucha contra la corrupción viene de la izquierda, el cual ha servido para generar divisiones en la sociedad. Cabrera dijo que “estamos haciendo más que cualquier Gobierno”. La percepción general es muy distinta. Se ve al Gobierno y al Congreso iguales: ineficientes y corruptos. En este sentimiento parece que hay más unidad que la que plantean don Jafeth y don Alvarito.

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