Opinión

ENFOQUE | Lo bueno: Arjona; Lo malo: corrupción; Lo feo: el trajecito

Gonzalo Marroquín Godoy

Ricardo Arjona se ha convertido en uno de los cantautores más destacados de Latinoamérica y ha desarrollado su triunfal carrera artística viviendo en México y Miami, pero sin olvidar nunca a su natal Guatemala, en donde tiene familia y amigos con los que mantiene contacto.

Hace ya algunos años, en un viaje a la bella Buenos Aires, tuvimos una conversación con un taxista, quien se emocionó al saber que éramos de Guatemala ¡el país que Arjona!, dijo con entusiasmo, antes de narrar que había asistido a una de las varias presentaciones que hacía pocos días había tenido el cantante guatemalteco en el Luna Park, que en cada concierto –fueron varios– se había llenado en su capacidad máxima, unas 10.000 personas.

Mucho ha dado para comentar y analizar la tragedia del volcán de Fuego y los acontecimientos posteriores. Ha habido desde luto y dolor, pasando por solidaridad y vuelta los abusos.

Recuerdo que sentí un orgullo nacionalista provocado por el éxito de Arjona, más reconocido en el exterior que en su propio país aunque aquí también goza de fama –de la buena– por sus canciones como Señora de las cuatro décadas, Jesús, verbo no sustantivo y Circo Soledad, entre otras.

He escuchado algunas criticas de personas que dicen que Arjona no se siente orgulloso de ser guatemalteco y hasta han inventado que él se identifica como mexicano. Cierto que ha perdido el acento chapín, pero es evidente que su corazón sigue latiendo fuerte por la tierra que le vio nacer. Pero como bien dice el refrán popular obras son amores, que no buenas razones.

Pues eso es lo que ha mostrado –con hechos– Arjona. La semana pasada entregó –por medio de su fundación–, terrenos a cinco familias de damnificados por la erupción del volcán de Fuego, y pronto principiará la construcción de las casas para los beneficiados, con amplios terrenos para que ellos puedan agrandar sus viviendas.

¡Qué gran ejemplo ha dado Arjona!. No se anduvo por las ramas. No hizo una donación por medio de terceros –o el Gobierno–, sino que lo hizo de manera directa. Esta tragedia ha sacado a relucir la solidaridad chapina que es fuerte y espontánea. Habrá quienes dieron hasta de lo que necesitan y otros lo que nació de su corazón, pero la ayuda fluyó.

En el Gobierno, en cambio, aunque ha habido respuesta en la atención a los damnificados, se ha visto que sigue la voracidad para sacar dinero hasta del dolor ajeno. Solo porque la prensa –especialmente elPeriódico– ha descubierto sobrevaloraciones, se han botado algunos eventos que ya estaban asignados con sobreprecio y seguramente el consabido soborno o mordida para algunos funcionarios.

Las casas y hasta latas de sardinas –¿a quién se le habrá ocurrido comprar este producto, que no forma parte de la dieta diaria de los chapines?– se sobrevaloraron. Hubo ministerios que han aprovechado el famoso Estado de Calamidad, para hacer contrataciones no necesariamente de beneficio para los damnificados.

Por ejemplo, el Ejército incluyó hasta la producción de ropa militar, aunque es posible que entre esta estuvieran los trajecitos camuflados que tan espectacularmente estrenó el presidente Jimmy Morales el pasado lunes en una visita que hiciera a los refugios temporales que se han instalado en Escuintla.

Ciertamente varios de los negocitos que se intentaron se cayeron cuando la Contraloría lazó advertencias, pero lo malo del asunto es que las malas prácticas continúan. El presidente se lava las manos diciendo que hay transparencia porque todo se publica en Guatecompras. Claro que si, pero lo que no explica es el por qué de las sobrevaloraciones.

Sobre el traje militar, es una pena que el Presidente no pensara el efecto que produciría en la opinión pública. Él lo hizo para acercarse más a sus amigos militares y mostrarles su admiración, pero muchas personas lo ven más bien sometido a los altos mandos del Ejército –al que alaba cada vez que puede– y otras lo han asociado con su pasado como actor cómico y la serie titulada La tropa loca, pobre parodia que él mismo interpretaba sobre la institución armada.

Innecesaria indumentaria para un mandatario civil. Un empaque para alguien que quiere sentirse poderoso y autoritario. Aplauso para Arjona, dedo acusador contra lo segundo y mofa –sobre todo en redes sociales– para Jimmy Morales.

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