Opinión

ENFOQUE: Las ‘fake news’ ¿Quién las califica?

Gonzalo Marroquín Godoy

La buena noticia es que nuestro presidente, Jimmy Morales ha leído un libro, Fake News, la verdad de las noticias falsas, del periodista español Marc Amorós García. Lo triste, es que trate de enfocar lo que dice el libro hacia la prensa nacional, simple y sencillamente porque no le gustan las noticias que publican sobre él o sobre su administración.

El acucioso Presidente sale constantemente con las mismas quejas que he escuchado durante décadas de parte de gobernantes nacionales y extranjeros, de izquierda o derecha, pero todos con el común denominador de ser autoritarios e intolerantes ante la critica, porque se creen dueños de la verdad absoluta y piensan que el poder les hace intocables y perfectos.

La intolerancia de los gobernantes no les permite reconocer cuando lo que hacen no está bien… y culpan a la prensa.

No he podido leer el libro en cuestión, pero por los comentarios a los que he tenido acceso, el periodista se refiere específicamente a las fake news que –efectivamente– se inventan en las redes sociales. Jimmy Morales aplicó el término para referirse a la prensa –la independiente, por supuesto, no la que le adula y le concede grandes espacios en los informativos–, porque esa prensa le resulta incómoda y entonces es mejor decir que publican noticias falsas.

Recuerdo que los expresidentes Álvaro Arzú y Alfonso Portillo llegaron al extremo de montar campañas de desprestigio contra medios como Prensa Libre, elPeriódico y la revista Crónica. En una de ellas, repetían a diario en los canales de Ángel González la frase la prensa miente, porque ¡por supuesto! no les gustaba que los medios sacaran a luz los actos de corrupción que se venían cometiendo.

Claro que para ellos eran fake news, pero el tiempo comprobó la realidad. Las privatizaciones estuvieron marcadas por absoluta opacidad y los funcionarios del aquel gobierno del FRG resultaron ser ladrones vulgares que se llevaban, al igual que el presidente Portillo, el dinero en efectivo sin tapujos. Menos mal que a varios la justicia les alcanzó.

También tuve la experiencia de escuchar al presidente argentino Néstor Kirchner, quien dijo a una misión de la SIP que tuve el honor de encabezar, que la prensa es una mentirosa –palabras más o palabras menos–, y con ese pretexto arremetía contra los medios que le eran críticos. La misma política mantuvo su esposa, cuyos funcionarios repitieron en otra misión de la Sociedad Interamericana de Prensa el mismo argumento.

Nuestro fogoso presidente ha olvidado su imagen conocida de simpático comediante y se ha transformado en un actor melodramático. Dice que no entiende las críticas porque se está haciendo un gran trabajo en su administración, mientras la percepción del pueblo es bastante diferente. Se ha olvidado que los artistas –como deben ser también los políticos–, tienen que aceptar las criticas, sean estas favorables o desfavorables.

Le molesta que le digan que no apoya la lucha contra la corrupción y justifica que ha dado recursos para el MP y el Organismo Judicial (OJ), pero ¿será fake news todo lo que se ha publicado sobre su afán desmedido para salir de Iván Velásquez y la CICIG? ¿Es mentira que sostiene a un ministro de Medio Ambiente señalado –con hechos evidentes– de corrupción, nepotismo e incapacidad?.

Y para mencionar el caso específico que provocó –al parecer– su malestar, nos referimos a la tibieza con que él mismo y la cancillería respondieron ante el abuso inhumano de las autoridades estadounidenses de separar a hijos menores indocumentados de sus padres, acción que ha afectado al menos a 500 niños y adolescentes guatemaltecos en la zona fronteriza.

Fake news son las que muchas veces brotan en las redes sociales y los famosos net centers, algunos de ellos de corte oficialista o progubernamentales. Los medios serios saben que el valor más importante para un medio o periodista es su credibilidad. Por eso no pueden caer en jugar a crear noticias falsas, porque mientras los gobiernos son pasajeros, esos medios trascienden en el tiempo.

No me extraña que se apele a buscar desacreditar a la prensa por todo lo que he señalado. Lo han hecho Hugo Chávez, Fujimori, los esposos Fernández, Correa, Daniel Ortega, Arzú, Portillo, Peña Nieto. De todos los colores y sabores, pero todos victimizándose y negando las verdades que no se pueden tapar con un dedo.

Seguramente no le gusta que dejen al desnudo a uno de sus ministros por actos de corrupción –Alfonso Alonzo–, ni le gusta que critiquen su errática política exterior o su actitud a favor de mantener el estatus quo en el país –favoreciendo la corrupción–, como al inicio de su gestión no le gustó que le dijeran de todo por promover el transfuguismo que tanto criticó en campaña.

Es más fácil hablar de fake news que aceptar la realidad. Por eso, quienes así califican las noticias de la prensa independiente, son los intolerantes autoritarios y, claro está, aquellos que no gustan de la transparencia.

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