Opinión

ENFOQUE: La cloaca política no deja de sacar porquería

Gonzalo Marroquín Godoy

 Hablar sobre la porquería en que se ha convertido nuestro sistema político no es nuevo. Mientras el país se ha mantenido adormecido y sin avances en materia socioeconómica, los guatemaltecos hemos comprobado ­–una y otra, y otra vez– como la corrupción abrazó, arropó, y tomó por completo a la llamada clase política, que se enriquece a costa de hacer que el país sangre y que los más pobres sigan condenados por falta de oportunidades.

La noticia de que Roxana Baldetti formaba parte de una ‘conexión’ con el cártel mexicano de los Zetas, y que seguramente varios ex funcionarios del PP eran parte de la misma, no es algo que venga a sorprendernos tanto. Por más que la noticia provoque grandes titulares en la prensa, la verdad es que no extraña ya nada de la ex vicepresidenta, involucrada en al menos otros cuatro casos de escandalosa corrupción.

Si quedaba alguna duda sobre el fracaso y corrupción del sistema político, se ha despejado

Lo que si queda claro, es que los partidos políticos –al menos la gran mayoría de ellos– llegaron a convertirse en simples vehículos para alcanzar puestos de poder, ya sea en el Gobierno, en el Congreso y corporaciones municipales, sin dejar de meter sus tentáculos en el poder judicial, con fines de mantener el marco de impunidad existente.

Lo malo de tanta porquería que sale de esa cloaca política, es que al parecer la sociedad se está volviendo insensible. Por supuesto que en las redes sociales hay reacciones y participación, pero en la práctica, no pasa nada. Los juicios apenas si avanzan y la lucha que libran la CICIG y el MP en vez de verse reforzada en cuanto a respaldo y apoyo popular, ha perdido aquel ‘encanto’ que se manifestaba como un deseo de cambios profundos.

La clase política está creando confusión, fastidio y apatía entre la población. Además, es tal el desmadre que existe en el país, que el debate se diluye por tanto tema pendiente de resolverse a nivel nacional, precisamente porque el sistema político se ha encargado de mantener los problemas sociales latentes.

Un día las hidroeléctricas son noticia, al día siguiente los bloqueos de carreteras nos alteran. En el Congreso salen iniciativas tan disparatadas como esa ‘reforma agraria’ que, si bien no tiene futuro, pies ni cabeza, si funciona como un excelente distractor que permite que se olviden las reformas constitucionales al sector justicia y lo que debiera ser una auténtica reforma a la Ley electoral y de Partidos Políticos.

La batalla ideológica se alimenta todo el tiempo con estas y otras noticias, todo lo cual sirve para que la frustración sea enorme y permita que la sociedad se mantenga dividida. “Divide y vencerás” reza un refrán popular. En este caso funciona a las mil maravillas a favor del sistema político que no solo se resiste a morir, sino además, pretende controlar todo lo que nos afecta: justicia, economía, seguridad, etcétera.

Baldetti no es más que el mejor ejemplo de la corrupción y del nivel al que se ha llegado a lo interno de esa cloaca ­–llena de dinero, eso sí– de políticos desalmados que no piensan en el país, en la pobreza en que está sumida la mayoría de la población, y en la necesidad de desarrollo que tiene Guatemala.

De esa cloaca siguen emergiendo casos y más casos. Pero la indignación ya no sube como antes. La frustración y desesperanza es mayor. El sistema político quiere alargar su vida tanto como sea posible. Sabe que en la medida en que el tiempo transcurre, juega a su favor.

No me cabe duda de que no solamente Baldetti y Mauricio López Bonilla tuvieron relación con los narcos. Otros partidos fueron igualmente cooptados ­–para usar una palabra de moda–, y los tentáculos del crimen organizado están por todos lados. Cambios cosméticos solo retardan un colapso. Por eso no hay que dejar de exigir que las cosas cambien radicalmente.

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