Opinión

ENFOQUE: Jimmy Morales transmite debilidad

La falta de liderazgo del Ejecutivo se ha hecho evidente con la tragedia del mal llamado “Hogar Seguro”.

Todos los extremos son malos. Un gobernante autoritario e intolerante provoca confrontación, abuso, divide al país, propicia la corrupción y, en última instancia, irrespeta los derechos y libertades de la ciudadanía. En el otro extremo, un presidente débil y con falta de liderazgo, marca un paso sin rumbo, titubeante y provoca que los problemas se acumulen en un marco de incertidumbre política, económica y social.

Para enfrentar la gigantesca problemática nacional, hace falta un estilo de liderazgo especial, alguien que sepa ser firme y determinante cuando sea necesario y muestre flexibilidad y sensibilidad cuando la situación lo amerite. La lista de las cualidades indispensables para gobernar bien –aquí o en cualquier parte del mundo–, son muchas, por eso es que no es fácil encontrar gobernantes que den la talla. Vaya si no lo hemos probado en carne propia los guatemaltecos.

Es en los momentos difíciles donde se puede ver el temple de un líder. Es cuando la adversidad golpea a la puerta que se conoce con sus reacciones y acciones de qué y cómo está hecho el personaje.

Al pobre presidente Jimmy Morales no le ha ido bien en los momentos complicados que le ha tocado vivir. Hasta hoy –catorce meses al frente del país–, ha sido imposible verle una ejecutoria que demuestre que llegó al cargo por fuerte liderazgo. Más bien es gobernante por simpatía –quizás menos de lo imaginado–, y por la coyuntura que se dio en contra de la clase política, porque 2.7 millones de guatemaltecos llegaron a creer que era diferente –¡ni corrupto, ni ladrón! era su sencillo pero eficiente slogan publicitario­–.

Pronto hemos comprobado mantiene muchas de las malas prácticas de la vieja política, agravadas por su estilo más bien tibio, siempre apelando a que los problemas son de todos y requieren en su solución la participación también de todos. Aunque algo hay de cierto en estas afirmaciones, la verdad es que son una forma de evitar asumir la responsabilidad como líder, marcar el paso, mostrar fortaleza y, entonces si, apelar a que la sociedad siga el rumbo correcto.

El papel del presidente Morales como líder de su partido –el descolorido< FCN-Nación– ha sido hasta vergonzoso. Sus declaraciones tolerando al transfuguismo y luego su papel en la elección de la Junta Directiva del Congreso, hicieron recordar a tantos partidos maltrechos: DC, FRG, MAS, PAN, Gana, Une, PP y Líder. No tuvo los pantalones para vetar las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos y perdió una gran oportunidad de tomar la batuta para exigir a los diputados cambios auténticos, los cambios que el país necesita.

Así podría seguir la lista de errores y muestras de debilidad que ha tenido. Pero el caso es que está dando otra muestra de esa actitud que no lleva a ninguna parte. La tragedia del tristemente célebre Hogar Seguro –que nunca fue tal– no ha hecho más que retratar nuevamente su debilidad. Tardó en salir, salió tibio.. y sigue tibio.

No asumió su papel de liderazgo. Tardó tres días para llegar al hospital a ver las heridas, sus declaraciones siempre evadieron reconocer la responsabilidad de las autoridades de la secretaría bajo su cargo y ni siquiera pudo destituir al Secretario, sino le permitió que renunciara, apenas unas horas antes de ser capturado.

Mientras el MP daba pasos rápidos en la investigación para realizar las primeras capturas, el presidente pedía públicamente –supongo que también lo habrá hecho por medio de la cancillería y la embajada– que Estados Unidos colaborara con investigadores del FBI. Pobre iniciativa, utilizada antes con los mismos resultados: no pasa nada.

Tratar de tapar la responsabilidad de las autoridades bajo el manto de que todos somos culpables, es verdaderamente irresponsable. El miedo, la debilidad y la inseguridad, le han llevado a que muchos le vean como culpable y pidan su renuncia. Eso es también una exageración, pero es el sentimiento que provoca con su actitud. Por eso la frase de no más moraleja, queremos justicia, resuena con tanta fuerza.

 

 

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