ENFOQUE: Intolerancia, populismo y corrupción, no tienen ideología – Crónica
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ENFOQUE: Intolerancia, populismo y corrupción, no tienen ideología

Gonzalo Marroquín Godoy

 El intolerante no respeta las opiniones ajenas, ni es capaz de aceptar las criticas. Si es gobernante, reacciona irracionalmente ante todo lo que se dice de él y no le gusta, por más que pueda ser cierto o estar respaldado con pruebas evidentes. Suele buscar la desacreditación de la prensa, específicamente aquella que no se pliega al poder e intenta cumplir con su función de informar y opinar sobre lo que sucede.

Recuerdo que durante la campaña electoral en Estados Unidos (2015), el entonces candidato presidencial por el Partido Republicano, Donald Trump, ordenó a su cuerpo de seguridad que sacara de una conferencia de prensa al periodista de Univisión Jorge Ramos –reconocido por su trayectoria–, quien por cierto quería preguntarle sobre su postura ante los migrantes hispanos.

Una de las primeras reacciones de la intolerancia es cerrar las puertas a la prensa independiente, llámese RCTV, CNN, elPeriódico, El Universo, Crónica… o como sea.

Curiosamente esa y otras reacciones hepáticas que tuvo durante la campaña no hicieron mella en el electorado estadounidense, que le dio finalmente su voto y le llevó a la Casa Blanca. Desde su arribo al puesto de mayor poder en el mundo, Trump la ha tenido contra la prensa de su país, que es independiente y crítica en términos generales, sin importar que partido haga gobierno.

Eso, por supuesto, no lo soporta Mr. President, quien recurre a los tuits constantemente para intentar desprestigiar a medios y periodistas. Claro que parte de la función de la prensa es la de informar sobre los hallazgos noticiosos que interesan a la opinión pública, desde una cumbre Trump-Putin, hasta una oscura grabación en la que el propio Trump habla de pagarle a una estrella de la revista Playboy para que no haga pública una relación sexual que habría tenido con él –esto en época de campaña electoral–, porque podría afectar sus posibilidades de triunfo.

La prestigiada cadena de televisión CNN, sin duda la de mayor audiencia en aquel país –que incluye CNN en español–, obtuvo el audio de esa grabación y ¡por supuesto! la dio a conocer a su audiencia que, dicho sea de paso, tiene el derecho de conocer como piensa y actúa su Presidente. Para eso existe la prensa.

En respuesta, la Casa Blanca bloqueo el ingreso de la periodista de CNN, en un acto antidemocrático igual o parecido a los que he visto tantas veces en países con gobernantes intolerantes, como Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador), Cristina Fernández (Argentina), o Daniel Ortega (Nicaragua).

Chávez hizo que nos declararan non gratos a varios periodistas que defendíamos la libertad de prensa en su país –por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)–, y se negó siempre a recibirnos en misión oficial, aunque no se atrevió nunca a expulsarnos. Eso si, cerró de un golpe a la mayor cadena en audiencia de TV (RCTV), y se apropió del canal que la transmitía.

Correa, por el estilo, dedicó infructuosamente cerca de media hora de un programa de televisión para desprestigiarme a mí y la SIP por una misión que tuve el honor de encabezar, pero peor aún, demandó por US10 millones a el diario El Universo, de Guayaquil, por un editorial que él consideró era fake news –¿le suena conocida esta calificación de las noticias?–.

Cristina Fernández la emprendió contra el grupo El Clarín, cuando este cambió su línea editorial y se volvió más crítico, como Ortega hace en Nicaragua contra el diario La Prensa.

Es decir que lo que hace Trump no es nuevo, como tampoco es el discurso populista que utilizó para llegar al poder, porque lo utilizan tanto en la izquierda como en la derecho. De tal cuenta que la intolerancia y el populismo tienen algo en común, lo mismo que ocurre con la corrupción: no tienen ideología.

La intolerancia en los gobernantes se muestra en aquellos que no tienen arraigados sus sentimientos democráticos. La democracia se basa en respeto de los derechos ciudadanos, entre ellos, por supuesto, la libertad de expresión y de prensa, que traen de la mano el derecho a informar y ser informado.

Sin la libertad de expresión, sin una prensa fuerte e independiente y sin debate de ideas, no puede haber auténtica democracia.

ESTA ES LA NOTICIA QUE INDIGNÓ A MR. TRUMP

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