Opinión

ENFOQUE: Grandes clavos… y no pasa nada!!!

Gonzalo Marroquín Godoy

¿Se terminaron los jueves de CICIG y volvemos a los jueves de paches? Puede ser –me temo que ya está sucediendo–, pero lo peor de todo es que ahora salen a relucir casos de corrupción de funcionarios, diputados y demás, pero no pasa nada, ni siquiera cuando los sorprenden infraganti o cuando las pruebas en su contra son abrumadoras.

Es más, recientemente tuvimos el caso del ministro de Medio Ambiente, Alfonso Alonzo, quien tuvo el descaro de mentir estando bajo juramento en una interpelación ante el Congreso de la República… ¡y no pasó nada!. El funcionario sigue tan campante en el cargo, simple y sencillamente porque es de los allegados al presidente Jimmy Morales, quien termina así, siendo una especie de tapadera quien debiera dar buen ejemplo.

¿Qué tendría que suceder para que cualquier funcionario que sea sorprendido infraganti en corrupción, tenga que dejar el cargo y le caiga el peso de la ley?

El descaro de mentir con el tema del helicóptero fue en realidad patético. Mintió antes de la interpelación, mintió durante la interpelación y siguió mintiendo. Menos mal que el piloto Christian Rudeque Braun Valle hizo una declaración jurada en la que desmintió todo el rollo inventado por Alonzo.

El presidente Morales tiene que comprender que él termina siendo corresponsable al no tomar ninguna medida correctiva. En este preciso momento, tiene la suerte –para él–, que el país ha entrado en una especie de marasmo en el que hay poca reacción de la opinión pública, pero pronto pasará el Mundial y principiará la actividad política, con la que el clamor popular subirá de tono, seguramente en contra de la corrupción.

Junto al vergonzoso caso del ministro Alonzo está el de la diputada Delia Bac, la parlamentaria que hace algunos años se inventó la existencia de una aldea en Sumpango, departamento de Sacatepéquez, con el fin de que con fondos del Estado le construyeran un tramo carretero para llegar hasta un Spa de su propiedad. La descubrió elPeriódico, pero no pasa nada.

Al igual que Jimmy Morales en el Ejecutivo, en el Legislativo ni la Junta Directiva, encabezada por Álvaro Arzú Jr. ni la comisión de Transparencia y Probidad, por el diputado Amílcar Pop, dijeron siquiera esta boca es mía, mucho menos tomar cartas en el asunto.

El ministro tuvo que ser destituido y a la diputada, como no la pueden obligar a dejar el cargo –por ser de elección popular–, al menos se le debió primero investigar y luego hacer un llamado de atención, con el fin de que sufriera un escarnio público muy merecido.

Pero ya hemos visto que aquí no pasa nada. Se publica como toda la Tropa Loca se ha colocado en puestos en la administración pública, se sabe del uso y abuso que hacen algunos ministros –además de Alonzo– con las contrataciones de helicópteros, así como de la forma en que se dirigen las contrtaciones hacia los amigos, como si fuéramos un país en el que los recursos sobran, pero no hay más que algunos reclamos en redes sociales. Todo sigue igual.

Durante algún tiempo pareció que había un poco más de recato, pero no era necesariamente por honestidad. En buena medida era porque se temía la intervención de la CICIG. Ahora, sin embargo, los funcionarios, diputados, jueces y magistrados, se sienten más a sus anchas, porque saben que el tiempo de la Comisión Internacional Contra la Impunidad está por expirar en poco más de un año –septiembre de 2019– y que se ha debilitado mucho.

El presidente Jimmy Morales dice y repite que está a favor de la lucha contra la corrupción y que está por la transparencia. Sin embargo ¿cómo creerle si tolera todo lo que ha salido a luz de su ministro y de otros funcionarios de su administración? ¿Cómo creerle si en dos años y medio no ha dado muestras de actuar como predica?

Muchos de sus actos –por acción u omisión– han dejado un mal sabor y sentimiento de que se promueve la corrupción y el abuso de los recursos del Estado. No se olvida su cheque mensual de Q50 mil que le pasaba bajo la mesa el Ejército, pero también contrataciones y gastos excesivos de la Presidencia, todo lo contrario a lo que prometía en campaña, cuando austeridad y honestidad eran palabras destacadas.

En el caso del ministro Alonzo, no está demás recordar que no hay sector que le reconozca algo bueno. Lo critican ambientalistas, organizaciones pro transparencia y sus mentiras son capaces de adornar todo el edificio que ocupa esa cartera.

Si el mandatario acepta como bueno todo lo que ha hecho este funcionario y por eso lo sostiene, quiere decir que aprueba la corrupción, la mediocridad y la mentira.

Se dice mucho, pero ¡aquí no pasa nada!.

 

 

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