Opinión

ENFOQUE: El sistema ha creado ¡pura PORQUERÍA¡

Niños mueren en hospitales; escuelas y carreteras son un desastre (…) y; el colmo, la tragedia del ‘Hogar Seguro’.

Cuando Abraham Lincoln pronunció su famoso discurso en el cementerio de Gettysburg, Pensilvania, y clamó porque …el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, jamás perezca sobre la tierra, estaba en realidad mostrando la esencia de lo que debe ser el sistema democrático, un sistema llamado a servir por medio de sus instituciones.

Partiendo de esa frase, cabe hoy –en pleno siglo XXI–, preguntarnos si la democracia que hemos construido los guatemaltecos a partir de 1986 ¿ha sido del pueblo, ha trabajado por el pueblo y se ven beneficios para el pueblo?. La respuesta –tristemente– es fácil de responder, porque la realidad de lo que vivimos salta a la vista, es evidente, duele y hasta llega a avergonzarnos como guatemaltecos: ¡ NO!

El año pasado, en medio de una crisis de desabastecimiento de medicinas en los hospitales, una madre vivió el drama de ver morir a su bebé en sus brazos, luego de que se le negara atención en un centro asistencial. Era una prueba del fracaso del sistema de salud. Poco después se dieron varios casos de muertes de recién nacidos en diferentes hospitales del país, algunos por falta de oxígeno y otros por causas similares.

La educación siempre está, como dice el refrán popular por la calle de la amargura, las escuelas son de paupérrimas a malas, los maestros son mejores para protestar en las calles que para educar y, derivado de eso, la calidad educativa deja mucho qué desear. De las carreteras no vale la pena hablar, están, como todos las sufrimos al viajar por el interior. Y así podría seguir la lista de los problemas nacionales: inseguridad ciudadana, presidios, conflictividad y confrontación social, falta de políticas públicas y un largo, muy largo etcétera.

¡Ah, eso sí!, lo que no debemos olvidar es que la corrupción ha estado a la orden del día –agravando todos los problemas–. Ahora comprendemos que es una de las causas fundamentales para todos los males que nos aquejan,

Hoy estamos lamentando la muerte de cerca de 40 niñas que el Estado debía proteger por ser vulnerables, o haber sufrido acoso, abuso o abandono. Una tragedia dramática, dura, sin precedentes. Una tragedia que se pudo evitar. Una tragedia que nos recuerda que las autoridades no son del pueblo ni se preocupan por el pueblo, mucho menos buscan resultados positivos para el pueblo.

Por supuesto, debo ser justo en reconocer que lo sucedido no es responsabilidad exclusiva del gobierno del presidente Jimmy Morales. Él, con toda su falta de experiencia y visión, simplemente aceptó ponerse al frente de un sistema destartalado, obsoleto y hasta perverso. Un sistema corrupto dominado por la famosa y desprestigiada clase política, que cada cuatro años se ha pasado la estafeta, negando la construcción de una democracia que responda a los intereses del pueblo.

Por supuesto que encontramos que hay funcionarios incapaces –como ha sido el caso de la Secretaría de Bienestar Social en el caso que nos ocupa–, pero eso no es más que producto de una práctica de larga data, en la que la mayoría de quienes llegan a cargos públicos, lo hacen para servirse, y no precisamente por el pueblo y para el pueblo.

El país necesita de reformas legales; es indispensable rescatar, hacer funcionar y fortalecer las instituciones, con el fin de que sirvan para el pueblo. Tragedias como esta deben abrirnos más los ojos y la mente. Guatemala no puede –ni merece–, seguir por el rumbo que lleva. Las niñas vulnerables como las que murieron tienen pocas oportunidades: pueden terminar en centros como esos mal llamados Hogares Seguros, ir a las calles, prostituirse o involucrarse con las pandillas, o buscar mejores horizontes en Estados Unidos, simple y sencillamente, porque nuestro sistema no crea oportunidades, sino más bien las llena de porquería.

La raíz de nuestros males es el sistema político. Trabajemos en cambiarlo ¡de verdad!, o seguiremos viendo este tipo de tragedias, y viviendo entre tanta ¡porquería!

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