Opinión

ENFOQUE: 25 años y se ha aprendido poco… (El Serranazo)

Gonzalo Marroquín Godoy

Ayer se cumplieron 25 años del famoso ¡Serranazo! –25 de mayo de 1993–, el día que Jorge Serrano Elías intentó convertirse en dictador siguiendo los pasos que poco antes había dado Alberto Fujimori en Perú. Él no tuvo la misma suerte y terminó saliendo literalmente por la puerta trasera de la Casa Presidencial, para huir a un exilio en Panamá en donde lleva una vida rodeado de bastantes lujos.

Se puede decir que era la aurora de la era democrática. Ya se había visto bastante desencanto con Vinicio Cerezo y la Democracia Cristiana, pero solamente habían transcurrido siete años desde que salimos de los gobiernos militares. En ese sentido, los guatemaltecos no queríamos caer de nuevo en otro tipo de autoritarismo, por más que se presentara como “democrático” y “necesario” para restablecer el orden en el país.

El intento de golpe de Estado de Jorge Serrano –¡ Serranazo!–, dejó muchas lecciones, pero los políticos tradicionales no han querido aprender.

Claro que la clase política ya sacaba sus uñas y el Congreso se estaba convirtiendo en una cueva de ladrones y oportunistas –aunque creo que son peor los diputados de ahora y su ‘Pacto de corruptos’–. Sin embargo, el rechazo al golpe de Estado contra el Congreso y la Corte Suprema de Justicia (CSJ) fue rotundo y determinante.

El pueblo, la sociedad civil y las instituciones del Estado se opusieron a la torpe acción de Serrano –quien por cierto ahora desde Panamá pretende dar clases de ética y nacionalismo–. Se había violado la Constitución de la República y se borraban derechos ciudadanos ganados democráticamente por los guatemaltecos.

Para que las nuevas generaciones lo sepan, en aquel momento surgió lo mejor del país para botar al aspirante a tirano. En cuestión de horas se organizó la Instancia Nacional de Consenso, en donde representantes de diferentes sectores sociales –sin importar ideologías, religiones, estatus social, etnias o intereses de grupo–, decidieron oponerse al manotazo dictatorial y respaldaron a instituciones como la Corte de Constitucionalidad (CC) y el Procurador de los Derechos Humanos (PDH). ¡Ah!, pero lo más importante, la mayoría del pueblo repudió a Serrano y su golpe –algo que no sucedió en Perú–.

Pero ¿como olvidar el papel de la prensa?. José Rubén Zamora (Chepe), dirigía entonces Siglo Veintiuno y desafiando la censura ordenada, publicó un diario con un encabezado que decía “Siglo Catorce”, en alusión a la época en que no se permitía a los pueblos del mundo opinar.

La Hora de mi padre Oscar Marroquín Milla también se enfrentó, y salieron a circulación cuando una manifestación de líderes, encabezados por la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, llegaron a respaldar al diario. La revista Crónica, en ese entonces bajo la conducción de Francisco (Paco) Pérez de Antón, logró salir evadiendo el cerco policíaco tras romper una pared.

La televisión de Ángel González, como siempre, estuvo solapadamente apoyando el golpe, hasta que la corriente cambió de rumbo.

Mención aparte merece el Ejército y su papel en aquel momento. En principio, los militares apoyaron al gobernante golpista, pero al ver la respuesta popular, cambiaron de bando y le dieron la espalda. Esto fue determinante en aquel momento.

En fin, fueron varios días intensos que se vivieron. Se retomó la vía constitucional, el Congreso designó nuevo presidente a al entonces PDH, Ramiro de León Carpio, y poco a poco la normalidad volvió al país, pero quedaron en el ambiente varias lecciones, muchas de las cuales no se aprendieron o se han ignorado por la clase política, como muy bien se ha ido comprobando en los años sucesivos y se ha remarcado con el gobierno de Jimmy Morales.

Algunos paralelismos entre los presidente Serrano y Morales. Ambos llegan al poder con partidos minúsculos y pocos diputados. El primero los compra –hasta que se vuelven extorsionistas–, mientras que Morales promovió el transfuguismo y los llevó a su partido con la promesa de negocios, obras y plazas.

Serrano quiso salir del Congreso y las Cortes, Jimmy Morales intentó hacer lo mismo con Iván Velásquez. Lo cierto es que los dos crearon una crisis, aquél de proporciones atómicas, este de baja intensidad pero larga duración.

Ya mencioné el Ejército. Aquel rectificó pronto, el de ahora insiste en ser parte de quienes quieren detener la lucha contra la corrupción y se mantienen en contubernio con el gobernante.

Los políticos no aprendieron y los diputados demuestran que siguen sin aprender. Quieren mantener los privilegios y la impunidad… por supuesto. Pero como a Serrano –sin que signifique que tenga que caer–, al presidente Jimmy Morales las cosas se le pueden complicar, sobre todo si sigue sin aprender de las lecciones vividas.

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