Editorial

#Editorial: El tiempo perdido siempre se lamenta

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Medir un gobierno a 100 días es demasiado pronto. Hacer una primera evaluación a los seis meses empieza a ser válido, tomando en cuenta el poco tiempo que tiene una administración para llevar a cabo las tareas y proyectos que se necesitan y/o se desean para mejorar el país.

El primer año de gestión siempre presenta el reto del aprendizaje, el segundo y el tercero son los que deben dar los mejores frutos, porque el cuarto es año electoral y principia a declinar la autoridad e influencia del gobierno saliente.

Hay que comprender que el presidente Jimmy Morales no tenía un auténtico plan de gobierno, pues su victoria en las urnas no era previsible hasta junio del año pasado.  En dos meses cambió el ánimo del electorado, que deseaba un candidato que no estuviera vinculado con la clase política, que ya para entonces acumulaba un gigantesco rechazo popular. No se pensaba en capacidad, sino en lograr un cambio.

El nuevo gobernante no presentaba grandes credenciales para asumir el mando de una nación agobiada de problemas sociales y marcada por la confrontación. Sin un liderazgo fuerte, poca capacidad para integrar equipo —con un partido político débil y corruptible— y sin plan de gobierno, el panorama no podía, ni aún hoy puede, ser demasiado prometedor.

En todo caso, ahora que se cumplen los primeros seis meses de su administración, es importante hacer un balance de la gestión realizada. Ante la ausencia de encuestas, hay que recurrir a las redes sociales para conocer la percepción que hay sobre el presidente Morales, y el resultado es bastante adverso para él. Se le califica mal en términos generales. Lo cierto es que no hay razones de peso para aplausos y más bien es la incertidumbre el factor dominante.

La sombra militar que le rodea, principalmente por sus asesores, hace dudar de sus discursos sobre repudio a la corrupción. No hay ninguna acción que nos lleve a pensar que estamos ante un Gobierno que tiene la transparencia como estandarte en los negocios del Estado. Esto es una pena y una falta de visión que le impide acercarse a lo que la población anhela.

Sus resultados positivos han llegado por acciones del los titulares del Ministerio de Gobernación, Francisco Manuel Rivas, y de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), Juan Francisco Solórzano Foppa. por cierto, dos funcionarios que surgen del Ministerio Público, en donde tuvieron destacadas carreras. Ninguno de ellos era parte del círculo del presidente Morales.

Por lo demás, hay más sobras que luces.  Tal vez lo más significativo es que el gobernante no ha podido marcar un rumbo que se pretenda seguir y, más bien, pareciera que en muchas políticas públicas continúa el mismo patrón de no definir hacia donde es que vamos como país. Tampoco estamos ante un descalabro absoluto, pero ante las enormes necesidades del país es lógico que se esperen acciones y trabajo con resultados palpables.

Hay que tomar en cuenta que el presidente Morales se ha beneficiado en muchos aspectos por las acciones del MP y CICIG, no solo porque la atención de la opinión pública se centra en los procesos y escándalos y deja de estar él en la mira crítica, sino porque además, a nivel internacional, se identifica a su gobierno como auspiciador de esta cruzada contra la corrupción.

No hay nada nuevo en la maltrecha cartera de Educación —más allá de darle mayor espacio a Joviel Acevedo—, Salud Pública no supera ninguna crisis, las carreteras están peor cada día, no hay un rumbo definido en los programas sociales, su partido en el Congreso se ha convertido en un auténtico mamarracho, el Ejército y el mandatario lucieron mal con el tema de Belice, y en los demás ministerios no pasa nada significativo.

Tal vez lo más relevante de hacer un balance cuando apenas han transcurrido seis meses del actual Gobierno, es determinar si las cosas pueden mejorar.  Por ahora, hay pocos indicios para pensar de manera optimista. Para alcanzar metas lo primero que hay que hacer es enfocarse y trabajar. Veremos si la situación ha mejorado en seis meses.


Casa de citas

Thomas Macaulay 

(1800-1859)

Historiador y político británico

El mejor gobierno es el que desea hacer feliz al pueblo y sabe cómo lograrlo.

Esta frase recuerda la función real de los gobiernos, pero además del deseo de hacer bien las cosas, hay que saber hacerlas.

Joseph Joubert 

(1754-1824)

Ensayista y moralista francés

Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda.

Un pensamiento para que los guatemaltecos meditemos mucho. A veces, el fracaso de la democracia es por la mala elección de los gobernantes, que hace el pueblo.

Abraham Linconl

(1809-1865)

Expresidente EE. UU.

Si pudiéramos saber primero en dónde estamos y a dónde nos dirigimos, podríamos juzgar mejor qué hacer y cómo hacerlo.

En Guatemala hay todo tipo de diagnósticos sobre dónde estamos, lo que parece difícil anticipar es a dónde vamos.

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