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Editorial: El poder de una televisión manipuladora ha pesado

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En la mayoría de países del mundo democrático se prohíbe o limita la posibilidad de que una persona, grupo o empresa, pueda concentrar el control de varios medios radioeléctricos —frecuencias de radio y televisión—, en buena medida porque son medios de comunicación masivos con capacidad de influir en amplios sectores de la población y afectar de manera significativa la libertad de expresión y; por supuesto, intervenir en la vida política de manera interesada o parcializada.

Un aspecto que hay que tener presente es que los Estados suelen asumir estas posiciones o políticas, porque se trata de frecuencias que son propiedades del Estado, y que, en el caso de Guatemala, las dan en concesión. Eso quiere decir, en el fondo, que son frecuencias de la población, que si bien el Estado las administra, deben tener como fin ser de beneficio para la colectividad, ya sea para uso informativo o de entretenimiento.

En Guatemala se ha dado una distorsión permanente en el uso de frecuencias, al extremo de vivir, desde hace muchos años, bajo un monopolio de la televisión abierta —canales 3, 7, 11 y 13—, que además cuenta con una amplia cadena de radios y más canales en frecuencia UHF, una fuerza mediática tan grande que influye decisivamente en los procesos electorales, para luego convertirse en aliado de los gobiernos de turno y limitar así el derecho de los guatemaltecos a recibir información sin manipulación.

La prensa escrita independiente suele ser la que tiene más capacidad para formar opinión en ciertos sectores de la población; la televisión y la radio tienen la ventaja de ser medios con mucho más alcance en las masas, sobre todo la televisión que, además de llegar a casi todos los hogares, genera fuerte impacto —incluso emocional— en las personas, particularmente por su capacidad audiovisual.

Si bien es cierto que estamos viendo un cambio drástico en la influencia de los medios y la prensa desde la llegada del internet, aún no se puede negar la fuerza e influencia que alcanza la televisión; sobre todo, si se desarrolla en un ambiente de monopolio sin ningún tipo de control, incluso, perversamente favorecida por las fuerzas políticas con leyes, y hasta con exoneraciones fiscales, que no tienen otros sectores de la economía.

Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que en la historia política del país —de 1985 a la fecha— ningún financista de campañas electorales ha sido tan determinante como Remigio Ángel González, un magnate mexicano que desde Miami, en donde reside, ha manipulado los hilos de la política guatemalteca. Él ha apostado por el candidato de su preferencia y ha ganado casi todas las elecciones, pero aun en la única que perdió, pronto asumió una posición oficialista para seguir gozando de privilegios y jugosos contratos publicitarios.

De la misma manera que la sociedad guatemalteca ha tenido gran tolerancia con la corrupción, así ha sido la aceptación hacia las prácticas de este monopolio en la vida política nacional. Cada cuatro años ha repetido su papel de gran elector y los guatemaltecos lo hemos aceptado dócilmente. Unos por ignorancia y otros por comodidad.

Ahora se descubrió, con pelos y señales —como se dice en buen chapín—, de los Q17 millones que dieron para favorecer al PP y su binomio presidencial en la campaña de 2011, pero eso no llega a ser siquiera la punta del iceberg gigantesco de cómo estos medios han influido y distorsionado la democracia guatemalteca en extremo.

La corrupción es algo que hay que rechazar de manera absoluta y ahora la sociedad guatemalteca principia a hacerlo. Pero la corrupción, sumada a la manipulación política, puede ser infinitamente peor y provocar un daño mucho más profundo.

De hecho, se podría decir que uno de los pilares para que la corrupción terminara por dominar tanto a la famosa y desprestigiada clase política, ha sido el grupo de medios de González, precisamente porque alcanzaron un altísimo nivel y capacidad de distorsión de la noticia, hasta el punto de adormecer a las masas en casos de trascendencia nacional.

Es posible que ahora salga a luz la total verdad sobre la manipulación política a la que nos ha sometido este monopolio, a los guatemaltecos. La indignación va creciendo en la medida en que se conocen sus prácticas corruptas. Ojalá el cambio llegue.

Casa de citas

Mark Twain

(1835-1910)

Escritor estadounidense

Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados.

Los medios de comunicación masivos pueden ser un vehículo ideal para engañar a la gente, que muchas veces prefiere no saber que los han engañado.

Joseph Goebbels

(1987-1945)

Propagandista nazi

Miente, miente, miente que algo quedará, cuánto más grande sea una mentira,
más gente la creerá.

Para esconder la verdad no hay nada mejor que la mentira. Las noticias complacientes hacia los políticos han logrado adormecer muchas veces a las sociedades.

John Kenneth Galbraith

(1908-2006)

Economista estadounidense

Para manipular eficazmente a la gente, es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula.

La mejor manera para hacer creer que un medio no manipula, es atacar a los demás medios con insultos, bajezas y mentiras, ¿en qué medios se ve esto repevtidamente?

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