Editorial

Credibilidad y liderazgo, dos cualidades indispensables

CRONICA

Plaza Mayor


La historia es un abanico de experiencias del que la humanidad –y las sociedades en particular– puede aprender lecciones y en-mendar errores. Cada acontecimiento trascendente ha estado vinculado al liderazgo de los dirigentes nacionales, particularmente gobernantes, desde la época de las majestuosas monarquías, cuando el poder recaía en las personas no por capacidad, sino por el linaje o línea de sucesión.

En todo caso, los buenos y malos momentos de las naciones están siempre ligados de manera íntima al grado de liderazgo y capacidad que puedan tener sus gobernantes. Por falta de caudillaje y por perder la credibilidad ante el pueblo, muchos monarcas o presidentes –aun dictadores– cayeron del poder y algunos fueron, incluso, arrastrados al cadalso.

Por eso, cuando se piensa en el mandatario que un país necesita y en sus cualidades, no se pueden obviar estas dos: credibili-dad y liderazgo. Hay personas que tienen carisma y hasta arrastran masas por algún tiempo, pero si desean mantenerse en el poder, deben hacerlo con base en su credibilidad porque, de lo contrario, dura poco lo que podríamos llamar la luna de miel.

Muchas veces, la credibilidad no se toma en cuenta desde la perspectiva de los propios gobernantes. No se dan cuenta de que en determinadas ocasiones llegan al cargo por factores externos a ellos mismos, como en el caso del presidente Jimmy Morales, quien ganó abrumadoramente las elecciones, entre otras cosas, por el malestar ciudadano con la clase política debido a tanta co-rrupción e impunidad y por la molestia provocada por los escándalos que destapó la prensa independiente, y que el MP y la CICIG convirtieron en casos judiciales.

En una campaña electoral absolutamente atípica, Morales no tuvo siquiera que demostrar liderazgo. Simplemente aprovechó las circunstancias, sumado a que era un personaje conocido por el pueblo por su pasado como cómico de televisión, y la fórmula funcionó, sin más, de maravilla.

Sin embargo, el candidato quedó atrás. Ahora, si quiere gobernar de manera efectiva el país, el Jimmy Morales presidente está obligado a demostrar su nivel de caudillaje y ganar credibilidad. No es una tarea fácil, sobre todo porque se viven momentos parti-cularmente críticos, debido a un fuerte clamor popular a favor de que se promuevan cambios de fondo y en la dirección correcta.

En esta primera etapa de su gobierno, las cosas no le han salido como la mayoría de la población esperaba. De hecho, ha tenido más contratiempos que muestras de capacidad para enfrentar los enormes desafíos sociales, económicos y políticos.

Estamos en un momento determinante. O logra que su liderazgo aflore y trabaja para construir su credibilidad o el camino por de-lante será cuesta arriba, pues no ha podido demostrar que tiene auténtica visión de transparencia.

El caso de las medicinas regaladas, la elección de magistrados a la CC y el nombramiento de funcionarios sin las cualidades re-queridas, han minado su credibilidad. Tampoco ha manifestado tolerancia y se molesta más rápido de lo aconsejable para su cargo.

Si un gobernante no tiene credibilidad ante la población, difícilmente puede desarrollar un liderazgo fuerte que le sirva para dirigir el cauce social del país…, y vaya si Guatemala necesita de una autoridad vigorosa que promueva cambios sustanciales en todos los campos.

El problema del transfuguismo y la manera en que se trató, intentando desvincular de las decisiones del partido al mandatario, han dejado tal vez el peor de los sabores, precisamente porque se esperaba de él una actitud diferente. Respondió como lo hubiera hecho cualquier político tradicional.

Se han escuchado voces que explican la necesidad de la bancada oficial de ser más fuerte. Se trataba de una decisión trascen-dental para un líder y su credibilidad. Falló el presidente Morales, porque optó por la vía fácil, en lugar de demostrar que su lide-razgo tiene como fin lo mejor para el país y que ante todo, está su credibilidad.

Además, se equivocó porque es más importante su imagen de caudillo con esa virtud que la de un político atado a prácticas corruptas.

Como dijimos hace algunas semanas, la buena noticia es que esto apenas empieza… Ojalá el gobernante entienda lo que es ver-daderamente importante.

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