Editorial

¡Cuidado!, el mundo ya no es igual

CRONICA

 

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Internet tiene su origen en el lejano 1969, pero no es sino hasta finales del siglo, en la década de los 90, cuando se puede hablar de la primera explosión global que llevó al mundo a integrarse a la llamada web (red informática), que casi inmediatamente provocó la más dinámica expansión informática que se conozca en la historia de la humanidad.

Fue solamente cuestión de tiempo para que en un mundo interconectado por medio de internet se diera el brote natural de redes de intercambio de comunicación e información, que en menos de una década les han dado una dinámica distinta a las sociedades, por más restricciones que puedan existir en algunos países.

Por supuesto que a mayor flujo informativo y conocimiento de la realidad, lo que cabe esperar es mayor participación ciudadana en la problemática de las comunidades. Las redes sociales, que comenzaron como un medio para intercambiar ideas entre grupos afines –originalmente universitarios–, se han convertido en masas gigantescas con su propia dinámica y poder, más allá de lo que sus creadores llegaron a visualizar.

Facebook y Twitter fueron los primeros referentes –y mantienen el liderazgo–, pero a la fecha hay decenas de redes globales que tienen impacto y aceptación en los cinco continentes. Su desarrollo ha sido tan rápido y gigantesco, que las redes sociales se consideran ya el medio de comunicación masivo más importante, aun por encima de la televisión, la prensa escrita y la radio, al menos en cuanto a la participación ciudadana.

Los aspectos positivos de las redes sociales son incuestionables, como también lo son los peligros que encierran. Por esa razón es que se debe tener un conocimiento claro de lo que son, representan, de su alcance, y hasta de su credibilidad, para aprovechar todas sus bondades y protegerse de todo aquello que puede llegar a perjudicar a las personas, e incluso causar desinformación dentro de una sociedad.

Si nos remontamos a la historia, veremos que el hombre siempre intentó tener algún tipo de redes para trasladar información, influir en las personas y en las esferas de poder y decisión, ya sea en el orden político, económico, social o cultural. Han existido e influido, pero lo hacían de manera limitada y débil.

En la actualidad, las redes sociales se consideran una herramienta de gran influencia; así lo han demostrado en diversas ocasiones en los ámbitos mencionados. En el caso de Guatemala y Centroamérica, en donde el internet aumenta aceleradamente su penetración, a pesar de los elevados índices de pobreza, la situación no es muy diferente, y así se viene comprobando a cada momento, sobre todo con la introducción de mejor tecnología en los sistemas de telefonía, ahora enfocados en conceder acceso a las redes sociales.

La influencia de estas se ha visto en movimientos masivos, como la llamada Primavera Árabe o aquí en Guatemala, con el movimiento #RENUNCIAYA, que surgió de un grupo de amigos en Facebook. También se ha comprobado su eficiencia en las campañas electorales, como bien lo pueden testificar Barack Obama en Estados Unidos y Jimmy Morales en nuestro país. Estos ejemplos demuestran la fuerza que pueden llegar a cobrar.

Por supuesto que hay que saber seleccionar a quién creer en dichas redes, porque no todos los que interactúan tienen el sano interés de transmitir información, y muchas veces las utilizan para el engaño y la desinformación.

Este medio de comunicación está evolucionando constantemente, por lo que ahora se pueden hacer pequeñas y más seguras redes, por medio de aplicaciones telefónicas como BBM, WhatsApp, Telegram y otras. Los avances no se detienen. Por esa razón es que se debe conocer más de cada una de ellas.

Tienen enorme fuerza y más potencial, pero también pueden resultar un gran desinformador. De esa cuenta, que siempre es importante tener entre los amigos a los medios de comunicación serios que sí tienen como obligación el compromiso con la búsqueda y transmisión de la verdad, pagando por los errores que se puedan cometer.

Los peligros existen y hay que minimizarlos al máximo con medidas básicas de precaución, pero debemos tener presente que las redes han llegado para quedarse y se debe convivir con ellas. La clave es saber aprovecharlas.

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