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Cinco claves para entender cómo la épica del Madrid apagó el sueño del Sevilla

Jorge Sampaoli inicia su andadura como técnico sevillista con una derrota europea en la que trató de expresar su filosofía. Este Madrid camina entre fútbol y épica.

El Sevilla fue víctima de su gran sueño en pos de otra noche de orgullo de un Madrid que fue de más a menos durante el partido y que después aprovechó la falta de fuelle andaluza para rematar en la prórroga. La Supercopa fue aburrida, con un planteamiento de Jorge Sampaoli, ambicioso pero que se tambaleó por momentos en un primer tiempo en el que los blancos debieron ser precisos. Un penalti de Sergio Ramos en el último tramo de la segunda mitad propició el 1-2 que pareció final, pero después lo arregló empatando de nuevo en na final. Zidane confió en Asensio, que fue lo mejor de blanco, y después metió a Modric, Benzema y un James que dio otro aire al ataque blanco durante la prórroga. Enorme partido de Franco Vázquez en el Sevilla. Estas fueron las claves del choque:

La apuesta del Sevilla. Para bien o para mal dará que hablar este equipo de Sampaoli. Sale con el esférico jugado desde atrás, desde los pies de Sergio Rico pasando por la defensa y hasta los hombres de arriba. Incluso Iborra, ‘stopper con potencia’ en tiempos de Emery se anima a ser arquitecto y no miembro de un equipo de demolición. Lo malo es que este Sevilla provocará el mismo efecto en sus partidos que, por ejemplo, el Rayo Vallecano de Paco Jémez: si es capaz de jugar, enamora, pero toca demasiado sin réditos y pierde muchos balones en la retaguardia. Fruto de estos fallos acabó exhausto, con diez hombres y encerrado en su área sin balón, algo que mata totalmente cualquier plan de su entrenador.

Un Madrid con un gran defecto… pero igual de creyente. Una vez más, los blancos demostraron estar más que blandos en defensa. Se vio ante el PSG, se notó en un segundo tiempo contra el Chelsea cuando los de Conte echaron las líneas arriba tras un primer periodo desconocidos, y aunque hubo tregua frente al Bayern de Múnich esta noche volvió a verse contra el Sevilla. No hay contundencia atrás, ni tampoco demasiada solidez a la hora de sacar el balón jugado. Preocupan el estancamiento de Varane y también la excesiva confianza de un Sergio Ramos que ha quedado para goles épicos y partidos intermitentes, tan fiable cuando está como peligroso cuando desconecta. Prueba de ello fue el penalti, tan innecesario como clave, en un momento decisivo. Sin embargo, sigue siendo eléctrico cuando quiere y sus momentos de fútbol control son casi inapelables.

Asensio. Haga lo que haga, de manera más intermitente o participando en el juego, el joven mallorquín convierte en oro todo lo que toca… al menos de momento. Zidane no fue cobarde y confirmó su apuesta por el joven futbolista colocándole en el once titular, acertando de lleno. Tocado por una varita, Asensio abrió el marcador con un disparo inapelable, justo de potencia e inmejorable en colocación, de esos con los que se abren los modernos vídeos compilación de sus mejores jugadas. Para entonces el Madrid había leído perfectamente el encuentro y pese a perder claramente en la batalla por la posesión apenas sufría, robando con peligro en campo contrario y tocando con rapidez, con mucha movilidad de sus cuatro hombres de ataque: Morata, Lucas Vázquez, Isco y el propio Asensio, y con Kovacic como locomotora.

Franco Vázquez. Sin embargo, de atrás hacia delante, el Sevilla se fue encontrando y el ítalo argentino fue el auténtico hombre del encuentro para su equipo. Apareció por todos los sitios, estuvo rápido al corte, listo en los balones divididos e incisivo en ataque. Empató ante los centrales madridistas con un golpeo colocado nada sencillo a la izquierda de Casilla, sin capacidad para ver más allá de las camisetas blancas y tras una jugada embarullada, paradoja en este Sevilla que intenta ser tan meticuloso.

Un final loco, un Carvajal despendolado. Sería injusto no decir que el Sevilla fue mejor que el Madrid en el segundo tiempo, como también que si algo ha conseguido Zidane es hacer que su equipo no se rinda jamás. Ramos empató y la prórroga fue del Madrid, con gol anulado y legal (anulado de forma inexplicable) al sevillano. James ejecutaba pases y las ocasiones caían: Lucas Vázquez, el propio colombiano y finalmente Carvajal, que a falta de un suspiro marcó el gol de la noche: un robo de balón, una carrera sorteando rivales y un latigazo final a la escuadra derecha de Rico. Inapelable. Una Supercopa más para este Madrid, que desde 2013 no ha perdido una final.

 

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