Opinión

ENFOQUE: Como Venezuela y Nicaragua…

Gonzalo Marroquín Godoy

Los pilares de la democracia son libertad –de expresión, religión, política, organización, etcétera–, legalidad, justicia, respeto y participación, entre los más importantes.  Cuando cualquiera de estos se ve vulnerado, manipulado o borrado, no se puede hablar de una democracia funcional y, de hecho, fácilmente se cae bajo dictadura o gobierno autoritario.

El sistema de justicia es vital y funciona en toda democracia auténtica como uno de los contrapesos que limitan excesos y abusos por parte de los gobernantes, especialmente aquellos que son intolerantes, abusivos y, por qué no decirlo, corruptos.

Bajo toda dictadura, el control de la justicia es uno de los pilares para mantener impunidad y reprimir judicialmente a la oposición.

Quiero poner como ejemplo y comparación con todo lo que está sucediendo en Guatemala, los casos de Venezuela y Nicaragua, dos países en los que dictaduras de izquierda han cooptado de manera total el sistema de justicia, lo que facilita que Nicolás Maduro y Daniel Ortega actúen como si fueran dueños del país, sin permitir siquiera la existencia de una oposición representativa.

En Venezuela, Maduro se impone como los de Jalisco –si no gana… ¡arrebata!–.  Ha llegado al extremo de hacer que el Tribunal Supremo le retirara los poderes a la Asamblea Nacional que fue electa popularmente.  Se pasó por las patas el mandato del pueblo y así ha seguido gobernando con violencia, irrespeto a las libertades fundamentales y con un autoritarismo increíble.  Él es la ley.

Podría mencionar muchos casos más en los que Maduro se ha beneficiado de las resolución de “su” sistema de justicia.  Desde la época chavista no existe separación de poderes y, mucho menos, independencia de jueces y magistrados.

En Nicaragua sucede lo mismo, el dictador Daniel Ortega ha utilizado la Corte Suprema como un organismo supeditado a su poder.  Incluso se persigue judicialmente a los opositores y aún con la matanza producida durante las protestas, se procesa a los capturados como si de terroristas se tratara, cuando en realidad son víctimas de un sistema represivo.

En Guatemala, el poder político ha venido cooptando solapadamente –por años– las diferentes instancias judiciales con el nombramiento de magistrados de cortes y salas.  Sin embargo, al presidente Jimmy Morales y sus aliados se les ha metido ahora entre ceja y ceja desmantelar y controlar la Corte de Constitucionalidad (CC), porque han visto en ella un contrapeso incómodo y molesto para concretar sus fines de acabar con la CICIG y poner fin a la lucha contra la corrupción e impunidad.

La Hora dejó al descubierto como el antejuicio interpuesto por los mal llamados Dignatarios, quienes actuaron –sin duda–­ comprados por favores económicos que reciben de la Junta Directiva del Congreso de la República, afín al mandatario.

La ciudadanía no debe permitir lo que está sucediendo.  El presidente Jimmy Morales pretende pasar sobre la legislación nacional e internacional vigente y, como la CC no se ha plegado a sus arbitrariedades, pues entonces quiere tomar el control de la máxima corte del país, quitando a quienes votan en su contra, para buscar imponer a otros magistrados.  Quiere lo mismo que Maduro y Ortega.

Demuestra poco conocimiento de nuestro sistema jurídico.  Esta no será una batalla que pueda ganar con facilidad don Jimmy , no solo porque la CC es una instancia blindada constitucionalmente, sino porque el sentir de repudio de amplios sectores más democráticos en los que se ha visto con buenos ojos –y esperanza– la lucha librada por la CICIG y el MP contra los corruptos, presionan ya para que se respete el ordenamiento jurídico y cese el acoso a los magistrados constitucionales.

Lo curioso es que don Jimmy y sus aliados han venido diciendo que Thelma Aldana e Iván Velásquez –léase la CICIG–, quieren llevar a Guatemala a ser otra Venezuela o Nicaragua.  ¿No será que es el mismo Presidente el que nos quiere convertir en una dictadura similar a la de esos países, aunque con una ideología diferente?. 

Eso es lo que vemos que se está intentado hacer en Guatemala.  Hay que repudiar que volvamos a los gobiernos autoritarios del pasado.  Hay que exigir que se respete el Estado de Derecho y que termine esta lucha sin sentido que, incluso, ha dejado por un lado cualquier agenda de desarrollo que pudiera existir –aunque no la hay–.  Para el Presidente, y así lo dejó demostrado, es más importante pelear contra la CICIG, la ONU y la CC, que inaugurar el año escolar y trabajar para mejorar la educación, por ejemplo.

Cualquier intento de Moralazo se debe rechazar.  La ciudadanía debe despertar y poner un alto a tiempo a cualquier autoritarismo.  La lucha contra la corrupción no debe cesar…

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