Opinión

ENFOQUE: Jimmy Morales y su bomba de tiempo

Gonzalo Marroquín Godoy

El presidente está llevando al país a un callejón que no tiene salidas ‘dignas’, mucho menos fáciles.  La explosión –que llegará– nos golpeará a todos.

Vaya tango en el que nos está metiendo a todos el presidente Jimmy Morales con su postura  intransigente de querer de salir de la CICIG e Iván Velásquez a cualquier costo, sin respetar los procedimientos legales correspondientes, lo que finalmente hizo que la Corte de Constitucionalidad (CC) le enmiende nuevamente la plana y el país se vea envuelto en una crisis sin precedentes desde el famoso Serranazo de 1993.

Ahora mismo hay tres debates sobre la mesa: a) si son válidos los argumentos del presidente Morales para ir con todo en contra de la CICIG; b) si el mandatario actuó de acuerdo a las normas legales al momento de firmar el acuerdo gubernativo que daba por terminado el Acuerdo suscrito con Naciones Unidas y; c) si puede el gobernante desobedecer cualquier resolución que pueda surgir de juez competente o, sobre todo, de la CC, bajo el argumento que la resolución sea una orden ilegal.

Sobre el primero de los puntos, quiero compartirles una experiencia que me tocó vivir y puede resultar una analogía interesante:

En el año 2010, siendo presidente de la comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), fui parte de una misión que visitó Bolivia para demandar al propio presidente Evo Morales que respetara el ordenamiento jurídico internacional y nacional en materia de libertad de expresión del pensamiento, ante atropellos que cometía contra la prensa independiente.

El hábil mandatario boliviano montó un gran show mediático –Evo Morales controla a la mayor parte de medios, especialmente televisivos–, en el que nos presentó, antes de iniciar la discusión, una serie de supuestos abusos de diferentes periódicos, colocándose como víctima de ataques y criticas.

Me correspondió a mí decirle que nosotros no llegábamos a discutir casos particulares, sino el principio de Libertad de Expresión que se estaba vulnerando y que se debía respetar la legislación vigente. 

Algo parecido ocurre en nuestro país.  El presidente hizo una presentación y show mediático el lunes en el Palacio Nacional –no conferencia de prensa, porque no respondió preguntas–, en la que expuso los casos en los que basa su malestar contra la CICIG.  Lástima que no mencionó el de su familia y el suyo propio, pero finalmente son los argumentos oficiales para pretender borrar a la CICIG.

Entrar a discutir esos casos puede ser irrelevante, porque una eventual violación legal de una parte no faculta a que otra pueda violar la ley.  En este caso, si la CICIG no hubiese actuado dentro del marco legal, se debe respetar el Acuerdo suscrito con la ONU y terminarlo de acuerdo con los términos establecidos.

Ahora resulta que la canciller Sandra Jovel y el propio Jimmy Morales aseguran que durante 16 meses el Secretario General, António Gueterres, se ha negado a negociar con el gobierno guatemalteco.  Ayer martes, el propio Guterres, –por medio de su vocero–, ha ratificado que rechaza los términos de la carta entregada por la Canciller, y expone que hemos tenido un dialogo constructivo con el gobierno de Guatemala a varios niveles, los últimos 16 meses en acuerdo con el art.12 del Acuerdo de creación de CICIG. ¿A quién se le cree?.

Pero volviendo al tema central, en todo caso, lo que Jimmy Morales y sus ministros han debido –y deben– hacer, es ser respetuosos del estado de derecho. Si no se respeta este, el país entrará en una grave y peligrosa crisis institucional, en donde se corre el peligro –entonces si–, de provocar un rompimiento del ordenamiento constitucional.

No es suficiente con que Jimmy Morales diga que las resoluciones emanadas de la CC son ilegales.  Para su mala suerte, la Constitución no le confiere al Presidente la potestad de calificar qué es legal o ilegal.  Él simplemente tiene que acatar las resoluciones que emite la más alta corte de justicia del país.

Ojalá que no se le ocurra al intolerante y cada vez más autoritario gobernante, seguir los pasos de sus colegas Ortega o Maduro, que cuando encuentran alguna oposición en las cortes, legisladores o la prensa, simplemente arremeten contra ellos.

La CC le ha enmendado la plana, ¡de nuevo! a Morales, Jovel y compañía.  Pero me temo que hay más actos en esta trama espantosa. El Gobierno y todos los que le respaldan deben meditar el siguiente paso: ¿veremos respeto a la ley o nos encaminamos a un Moralazo? .  El país está al borde del abismo, con proceso electoral incluido como posible víctima, no digamos los ataques que se llevarán a cabo contra algunos de los futuros candidatos.

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