Opinión

José Alfredo Calderón: “SEGUIMOS CONTINUANDO…”

José Alfredo Calderón

Espero que los embelesos de las jornadas navideñas y de fin de año ya se hayan clausurado para la mayoría de personas que tienen algún interés en este territorio poblado que llamamos Guatemala. Despabilarse es una tarea impostergable en este inicio de año, pues nos espera un año convulso marcado por las elecciones generales, pero también, por elecciones a las que se les debe poner atención: Colegio de Abogados, Corte Suprema de Justicia –CSJ–, Salas de Apelaciones, Instituto de la Defensa Pública Penal –IDPP– y otros.

En la columna anterior comenté el gran problema que significa la indolencia de la mayoría de guatemaltecos ante la política, lo cual trae muchas consecuencias nefastas para esta precaria democracia. La primera de ellas es la consolidación de cacicazgos y la llamada “clase política”, que repite posiciones, ya sea mediante la rotación, la reelección o confirmación en los diferentes puestos de la Administración Pública. La segunda consecuencia, es que la masa ciudadana, aquella consciente de sus derechos y obligaciones cívicas, informada y en algunos casos organizada y activa, es sumamente débil en tamaño y participación. El porcentaje de la población (masa) que deviene ciudadana, es ínfimo. De hecho, ya comenté el fenómeno de que, ahora, el movimiento social se reduce a un grupo de Organizaciones No Gubernamentales –ONG– cuya dinámica depende de los fondos de Cooperación Internacional. Lejos queda la existencia crítica de organizaciones sindicales, estudiantiles (salvo AEU), movimientos de pobladores (como el MONAP que aglutinaba las áreas marginales de la urbe capitalina y algunas zonas urbanas del interior); las organizaciones campesinas (salvo CODECA y CCDA[1]); organizaciones sociales de la Iglesia Católica[2] y otras expresiones organizadas de la sociedad que no dependían del –ahora– oenegismo imperante.

La apatía ciudadana y de las grandes masas, tiene múltiples motivos. Pero está claro que, en 2019, la incertidumbre es aún mayor e incrementa la indolencia, tanto por el sempiterno desencanto desde 1957 (primeras “elecciones” post intervención contrarrevolucionaria), como por los cambios que no fueron bien publicitados y explicados.

Dada nuestra tradición maniqueísta, por un lado, se sobre dimensionaron las reformas de 2016, cuando en realidad nunca tocaron la estructura política del sistema. Por otro lado, sectores diversos las minimizaron al punto de la insignificancia, cuando en realidad si hay algunos orificios que lograron permear algunas cosas importantes. Una reforma clave y que está pendiente de una resolución de la Corte de Constitucionalidad –CC– es la relativa al manejo de la pauta comercial política en los Medios de Comunicación Social, la cual se repartirá (si no hay fallo en contrario), en cuotas ecuánimes entre los partidos políticos participantes. Los medios más grandes y tradicionales no se inscribieron en el Tribunal Supremo Electoral –TSE– y dos son los recursos interpuestos por el empresariado en contra de esa disposición, que limita la pauta a la autorizada por el TSE y condiciona la tarifa de los medios a un 20% de su valor comercial (80% de rebaja). ¿Qué hará la CC? ¿Resolverá antes de la convocatoria a elecciones o dejará que no cause materia cuando inicie el proceso electoral con las condiciones vigentes? ¿Fallará en forma contundente o emitirá un fallo ambivalente como ya ha sucedido?

En cuanto al TSE, las preguntas no son menos preocupantes. ¿Tendrá la firmeza para actuar durante y después del proceso electoral? ¿Sus resoluciones y fallos serán claros y contundentes? ¿Se mantendrán los magistrados incólumes ante las presiones que desde ya están recibiendo? Por de pronto, ya advertimos su debilidad en los procesos de cancelación de Encuentro por Guatemala –EG–, Frente de Convergencia Nacional –FCN Nación–, Partido de Avanzada Nacional – PAN– y Compromiso, Renovación y Orden –CREO–, Visión con Valores –VIVA– Y Unión del Cambio Nacional –UCN–. Todo parece indicar que participarán en los actuales comicios pues la convocatoria es en algunos días y una vez hecha, el proceso se suspende.

De las pocas cosas con certidumbre, está el hecho de que volveremos a la oferta electoral tipo cartón de lotería. Ahora todos los partidos deben participar obligatoriamente[3] y eso derivará en una gran cantidad de binomios, cuya mayoría servirá únicamente para adornar el marco de las denominadas “Alegres Elecciones”. Ya se sabe que la oferta electoral que cumple con el 70% o más de conocimiento público se reduce a cuatro candidatos. Los demás, participarán para tener una “perla” más en sus precarias hojas de vida.

Las elecciones generales serán el marco global, pero no pierda de vista las otras elecciones gremiales e institucionales, las cuales son claves para las primeras. Recuerde que este Congreso elegirá este año a los Magistrados de la CSJ y Salas de Apelaciones. Recuerde también que los actuales fueron electos por el Pacto de Corruptos del PP y LÍDER.

El fantasma del “outsider” (algún otro arlequín tropical) o incluso del rompimiento institucional se hace cada vez más fuerte, al igual que la candidatura de “La Doña” (aunque usted no lo crea).

Internamente es poco lo que se puede hacer. Hacia afuera, el giro demócrata en el Congreso estadounidense (acaba de tomar posesión la nueva mayoría) y la inminencia de los listados de corruptos y narcos anunciada por la congresista Norma Torres, así como la ampliación en la aplicación de la Ley Magnitsky, constituyen la única esperanza para un pueblo sufrido y sumido en el miedo y la ignorancia.

 

José Alfredo Calderón E.

Historiador y observador social

[1] Comité DE Desarrollo Campesino – CODECA – Y Comité Campesino del Altiplano – CCDA –

[2] Solo queda la presencia institucional de la Iglesia Católica por medio de sus dos entidades emblemáticas: La Conferencia Episcopal de Guatemala – CEG – y la Conferencia Nacional de Religiosos de Guatemala                           – CONFREGUA–. La Iglesia ha quedado como la única Institución del país (en el sentido clásico y técnico del término), pues el Ejército, la otra institución que había, está sumida en el caos y el fango por los señalamientos de corrupción, narcotráfico y delitos de lesa humanidad.

[3] Antes era un negocio eso de fundar partidos y mantenerlos “stand by”, esperando una oportunidad viable o para negociar ficha y otras prebendas.

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