Opinión

José Alfredo Calderón: Pausa y evasión

José Alfredo Calderón

Hace unas semanas escribí sobre el escape o evasión que significa el convivio navideño en las organizaciones de todo tipo. También comparé las “Alegres Elecciones” como el gran convivio que genera esperanza a sabiendas que no pasará mayor cosa[1]. Pero hay algo todavía más macro y fuerte para entretener a las masas: las fiestas navideñas y de fin de año. Contrario a mi optimismo informado (pesimismo le llaman otros), esta época tiene cosas que me gustan. Descarto el exceso de alcohol, la imprudencia vial y la excesiva comercialización, pero la gente se vuelve más sensible. Claro, estas demostraciones externas no siempre son expresiones naturales y auténticas, pero para el caso que comento, el simulacro hace un ambiente menos malo.

Cada quien con el significado que les dé (más pagano o espiritual), las fiestas de fin de año son una pausa obligada que paraliza la cuestión política del país, a pesar de la inminencia de las elecciones.[2] Cada cuatro años, la Navidad tiene algún sabor diferente por la cercanía de los comicios generales, pero ahora lo es más, pues el proceso lo tenemos prácticamente encima.[3]

Se que la mayoría de personas están en otra sintonía, pero quiero recalcar que TODO absolutamente todo lo que nos afecta, pasa por la política. Le guste o no, de las decisiones ciudadanas dependen cuatro años de pesadilla o al menos un paliativo que permita construir futuro. Casi todos los que escriben están haciéndolo sobre los lugares comunes de la época: espiritualidad, comercialización de las fiestas, fraternidad, buenos deseos y los propósitos de un nuevo año. No está mal, pero debemos advertir que entre más rápido salgamos del soponcio navideño, más fácil nuestras neuronas se prepararán para estar alertas. Conscientes que no se puede hacer mucho -estructuralmente hablando– al menos se deben amortiguar los daños de una nueva edición de las “Alegres” pero que, por primera vez, adoptan ligeros cambios que bien pueden aprovecharse.

La gran mayoría de la población dice detestar la política y a los políticos, pero oh sorpresa, los últimos comicios (2011 y 2015), han sido los más votados (¿o botados?) de la era “democrática”. Conociendo este dato contundente, bien haríamos en utilizar el espacio de reflexión de fin de año para hacer un espacio para enfocarse en lo que hará cada quien cuando vengan los comicios y su previa, aburrida e insustancial propaganda. Tengo muchos amigos que dicen detestar la política y por eso les es ajena, pero no debería serlo pues –repito– todo lo que nos afecta directa o indirectamente, pasa por la calidad de funcionarios públicos y la práctica política de los “partidos políticos” y sus dirigentes (decir líderes es ambiciosamente risible). Pero la existencia y permanencia de estos personajes, pasa previa y necesariamente, por la actitud y acciones ciudadanas (la masa ya sabemos como reacciona).

No quiero saturar su remanso de paz, el cual seguramente se interrumpirá con la cuesta de la primera semana de enero y los estados de cuenta de fin de mes. Solo quiero generar la inquietud de que si usted no se interesa en la política[4] , tenga la certeza que otros (los mismos), si siguen interesándose y agradeciéndole su indiferencia.

Las personas siguen diletando sobre el menos peor, o un gallo tapado de última hora, o si hay un candidato malo pero con algunos buenos atrás. Es decir, el imaginario del “hombre salvador”[5] sigue presente, por más que se insista en que cualquier inicio de una solución (si la hay), tiene que ver con equipos de trabajo, con un compromiso ético colectivo y una mística para resignificar la política. No se trata de tener al menos un buen ministro de educación o uno de salud similar. Tanto el problema como la solución son colectivas, y ésta es una premisa político-metodológica fundamental.

Por hoy, solo haré énfasis en un dato sobre el cual ya he insistido: Ningún candidato gana con menos del 70% del conocimiento público a nivel nacional. Otra más en el mismo sentido: los únicos (pre) candidatos que llenan este requisito son cuatro: doña Thelma, doña Sandra, Giammattei y Zury Ríos-Montt. Con esto, el problema decisorio se hace menos difícil y al menos centra su preocupación sobre estas ofertas que no son la panacea y muchos menos lo son quienes los acompañan. Por eso le recomiendo centrar su interés en la nueva legislatura y el poder local. Si vota por los mismos, no pida resultados diferentes.

Queda abierta la posibilidad de un “outsider” en política, lo cual podría cubrir cualquier otro comediante o cantante mediocre, pero con suficiente popularidad. Así las cosas, les dejo tarea. Ya les acorté el universo de posibilidades, pero lamento comentarles que todavía queda una opción: el rompimiento institucional de un gobernante que tiene los ejemplos de Nicaragua y Honduras, los cuales se hicieron con el silencio cómplice de USA. ¿Qué no se atreverán? Hace tan solo dos meses no lo hubiera considerado siquiera. Ahora….

 

José Alfredo Calderón E.

Historiador y observador social

[1] Como en los convivios de las empresas, en donde el jolgorio y la aparente horizontalidad de ese día, contrasta con el resto del año en el que el ambiente organizacional y las condiciones laborales se quedan igual o peor.

[2] Quienes no paran son los caciques y los profesionales

[3] 3 semanas para la convocatoria a elecciones.

[4] Participar sería lo ideal pero entiendo las limitaciones y anticuerpos que genera.

[5] El sistema patriarcal, el machismo, el sexismo y la misoginia campean en este territorio, y eso tienen consecuencias políticas más allá del imaginario.

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