Opinión

Renzo Rosal: La aplicación de la justicia, entre estira y encoge.

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Renzo Lautaro Rosal

Dentro de los diversos planteamientos que pretenden azuzar, crear falsos imaginarios y generar corrientes de opinión favorables, ha tomado fuerza la supuesta justicia selectiva, como herramienta utilizada por la CICIG en complicidad con el Ministerio Público para, supuestamente, perseguir a inocentes y crear una escalada de temores.

El hecho de colocar esas dos palabras sobre la mesa, indica que la ecuación tradicional ha comenzado a modificarse. Históricamente la justicia y su aplicación ha funcionado para aceitar y perfeccionar la lógica de la impunidad al servicio, precisamente, de quienes ahora salen refunfuñando y asumiendo el papel de víctimas. El sistema de justicia no ha sido, por diseño, independiente, efectivo, pronto y cumplido. Por el contrario, su velocidad de aplicación ha dependido del tamaño de las chequeras y de la capacidad de manejar, a discreción, a sus operadores. No por gusto los operadores de la justicia juegan constantemente a los chantajes, al tráfico de influencias, a la venta al mejor postor, a estar cercanos e incluso subordinados a los sectores tradicionales de poder. El indicador que mejor desnuda esta acumulación de precariedades, es el modelo de elección de magistrados a través de la cooptación de las comisiones de postulación.

Si bien los avances en materia de fortalecimiento de la independencia judicial son endebles, y por tanto, reversibles; la puesta en escena de una dimensión nueva de trabajo que comienza a mostrar efectividad y esquemas modificados, crea resquemores, miedos y mecanismos de resistencia. Por primera ocasión en la historia reciente se advierte la existencia de una generación de jueces valientes que operan contra corriente, se manejan entre las adversidades del sistema, imparten justicia y asumen riesgos en casos donde están involucrados los famosos intocables; es decir, personas cuya pertenencia social, económica, política e incluso familiar-orgánica, los hacía ser parte de las listas de los entes superiores a quienes la “justicia” solo jugada de su lado.

Los vientos han soplado en una sola dirección, pero cuando asoman indicios de cambios de rumbo, aún y cuando sea de unos cuantos grados, se activan los mecanismos de resistencia. Opera el dispositivo “si estas son las vísperas, cómo serán las fiestas”. El modelo que funciona como pilar de iglesia se contrae, los dispositivos de “comunicación” e incidencia se encienden, las maquinarias creadores de narrativas asustadizas entran en escena.

El momento culmen requiere que los nuevos magistrados que tomen posesión en octubre de 2019 cierren las compuestas para evitar que los aires de cambio continúen la cruzada. Mientras tanto, falta que pase más agua debajo del puente que hará que el sistema de justicia siga puesto a prueba. Esa continuidad de los pulsos, en un escenario mayor que discurre entre avances y retrocesos, toma mayor velocidad en la medida que instituciones como la Corte de Constitucionalidad, el Ministerio Público y la Corte Suprema de Justicia juegan tal veletas y no se comprometen del todo ni a favor de la lucha contra la impunidad ni de la subordinación histórica; funcionando en escenarios precarios pero que al no ceder en su totalidad, aún pueden mostrar cierta capacidad de maniobra por cuenta propia.

renzolautaro.rosal@gmail.com

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