Opinión

ENFOQUE: Sin credibilidad, es difícil convencer…

Gonzalo Marroquín Godoy

La popularidad de los gobernantes suele ir de la mano con dos aspectos relevantes: 1) el resultado palpable de su gestión y; 2) su credibilidad. Es decir que si el Gobierno tiene una buena gestión en sus políticas públicas –área social, económica, inversión infraestructura, transparencia y demás– sube la popularidad del mandatario, como sube también si su discurso es serio, responsable, transmite confianza y, sobre todo, si es verdad lo que dice.

Cuando se piensa en un gobernante que sea estadista­, es porque se trata de alguien que está por encima de los intereses particulares, personales, de partido o de grupo. Es alguien que trabaja para promover el bien común y, por lógica, puede presentar sus logros sin necesidad de recurrir a la resobada frase: tenemos logros como ningún gobierno los tuvo antes (¿le suena conocida?).

La apariencia de verdad suele confundir, pero con el tiempo las verdaderas intenciones salen a flote. Cuando un Presidente pierde credibilidad, su popularidad se desmorona.

El presidente Jimmy Morales atraviesa por su período más bajo en cuanto a popularidad, simple y sencillamente porque no se aprueba por parte del pueblo su gestión y porque ha perdido credibilidad por su discurso contradictorio, su actitud confrontativa y la falta de transparencia que brota por todos lados en su administración, aunque él siga repitiendo que somos el Gobierno más transparente que ha habido.

Cuando afirmo que su popularidad está en su punto más bajo, no lo hago simplemente porque es algo que creo, sino porque he tenido a la vista una encuesta de la empresa CID Gallup, en la cual se destaca que en enero de 2016, tras asumir la Presidencia, Jimmy Morales era calificado por el 62% de los guatemaltecos como bien o muy bien. En septiembre de ese año ya había bajado a una aprobación de solamente el 41%, para tener un leve repunte en enero de 2017 y volver a un 56% favorable.

Desde entonces ha entrado en caída libre, con pequeños picos de recuperación Para septiembre de este año solamente el 15% aprueba su gestión, mientras que 32 por ciento le califica mal y 17% muy mal, lo que representa un 49% de rechazo. El restante 36% considera que lo que hace no está ni bien ni mal.

Según el estudio de CID Gallup, a estas alturas del período presidencial, ninguno de los anteriores gobernantes había caído tan bajo como él.

Aunque el gobierno mantiene una eficiente campaña en redes sociales por medio de los famosos net centers, es evidente que las actitudes de Jimmy Morales no son aprobadas, como tampoco se cree la publicidad y promoción que hace de todas las obras que inaugura, ni tienen credibilidad los supuestos logros de los que tanto alarde hace, por más que algunos de ellos sean verdad.

Perder credibilidad es fácil –principalmente cuando se miente tanto–, pero recuperarla es una tarea titánica, y más aún si no hay sustento atrás de cada frase que se dice.

No muchos le han creído su cantaleta sobre su apoyo a la lucha contra la corrupción, cuando al mismo tiempo trata de quitar o debilitar a la CICIG, como tampoco se le cree que la razón para ello sea porque de la noche a la mañana siente ofendida la soberanía nacional por la intervención de un organismo internacional, al que considera manipulador de la justicia y e incluso un peligro para la seguridad nacional.

Mucho daño le ha causado que en las redes sociales se repliquen los videos en donde él mismo dice estar a favor de Iván Velásquez y la CICIG, al tiempo que se jacta de haber pedido una prórroga de su mandato. Todo eso terminó cuando él y su familia se vieron involucrados en procesos por corrupción.

En lo personal lamento que no hayan más encuestas sociopolíticas como la que hizo CIF Gallup, porque ellas nos permiten conocer lo que piensan y sienten las personas y no se habla entonces únicamente de percepciones, sino del sentir real de la ciudadanía.

Jimmy Morales está por entrar en el último año de su gestión. No sé si sabe o acepta que su popularidad está tan baja, aunque por la forma en que habla, me parece que sus asesores, ministros y personas cercanas, lo mantienen en el limbo, es decir, que lo hacen creer que es lo máximo y que, como Nito y Neto –dos de los personajes que interpretaban su hermano y él en Moralejas–, haciendo reír a la gente puede hacer que suba su aceptación popular.

Hablando de hacer reír, tampoco creo que sus chistes en discursos o presentaciones oficiales resulten simpáticos a la mayoría, precisamente porque su credibilidad está por los suelos y, escucharlo decir tonterías –como la de te pesco arriba o te pesco abajo, que dijo en un podio hace poco, no ayuda a devolverle a la Presidencia el prestigio que se necesita para impulsar iniciativas y proyectos con seriedad.

Si bien ponerse al frente de la campaña anti CICIG le ha permitido sacar del país –aunque sea temporalmente– al comisionado Velásquez, no le ha dado los frutos esperados en cuanto a fortalecer su popularidad… tal vez porque si se vendió como ni corrupto ni ladrón, se esperaba algo diferente de él.

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