Opinión

José Alfredo Calderón: Los convivios navideños y las “alegres…”

José Alfredo Calderón

Siempre he dicho que los procesos electorales desde 1957 a 2015, han sido como los convivios navideños. Para graficarlo quiero compartir una anécdota de hace muchos años cuando trabajaba para una institución bancaria del sistema.   Fui nombrado en una comisión para evaluar las mejores ofertas obtenidas en una cotización de cajillas de seguridad y esto implicó la visita a las instalaciones de cada empresa oferente (los finalistas). Dejamos para el final, la mejor opción (en términos cuantitativos) para verificar precio-calidad y otros aspectos. Durante el recorrido por las instalaciones, nos acompañaron los gerentes de ventas y el gerente general de la referida empresa.

Siempre he sido muy curioso y observador, naturaleza muy bien advertida por el gerente de ventas, el ejecutivo más joven y locuaz. Usted es una persona muy perspicaz –me dijo–, cuando yo miraba con detalle la frondosidad de las canastas navideñas que inundaban su oficina.   Son para los trabajadores de la empresa          –me indicó–, el convivio de fin de año en general, y las canastas en particular, es algo en lo que ponemos mucha atención y esmero. Luego continuó con una sinceridad inesperada: “Seguramente se fijó que las condiciones de nuestra empresa no son las más cómodas e idóneas. Que nuestro personal no cuenta con uniformes y otras facilidades. Nuestras instalaciones son más bien modestas y las condiciones laborales también lo son en consecuencia, pero esto nos permite brindar mejores precios y obtener adjudicaciones importantes en las compras, pues la calidad del producto es algo que sí vigilamos celosamente.” A estas alturas ya me había percatado de la carencia de un comedor de personal y la planta industrial propiamente dicha, distaba de parecerse a la parte administrativa, la cual era muy pequeña pero si reunía mejores condiciones. Luego espetó: “Sabemos que las condiciones advertidas generan molestia laboral durante el año, y que algunos de nuestros jefes y encargados no tienen la habilidad para manejar el conflicto y la administración de personal, en la forma más idónea. Pero el convivio lo cambia todo y nos da un respiro que dura 364 días.” Me quedé de una pieza…

Sé que le sorprende –continuó explicando con una franqueza que rallaba en el cinismo–. “El convivio es el único día del año en que la jerarquía desaparece –en términos formales por supuesto–. Los trabajadores se echan los tragos libremente y son notorias las expresiones de afecto o desafecto con relación a sus jefes. Los abrazos fuera de tono o los somatones de espalda son comunes, por lo que advertimos a los empleados con personal a su cargo, que tengan la tolerancia y paciencia del caso. Incluso, si alguno de los colaboradores se pasa de tragos, se puede quedar a dormir en la empresa o si en caso no llegan a trabajar al día hábil siguiente hábil porque agarraron “aviada”, mostramos una condescendencia única e inusual, muy diferente de lo que pasa el resto del año.” Más adelante, el pasaje de la simbología de las canastas me pareció genial, aún dentro del descaro de la alocución, la cual hacía en forma muy amena y con cierto aire docente. Yo no sé porque los de Recursos Humanos se hacen bolas –me comentó–, el mejor regalo siempre ha sido y seguirá siendo la canasta navideña. Simboliza abundancia y prosperidad, pero lo más importante –hacía el énfasis–, es un regalo para toda la familia, no solo para el trabajador. Cónyuge e hijos esperan ansiosos cada año, la llegada del padre o la madre con la canasta –finalizó diciendo–. Pero el fondo del asunto es que después del convivio y uno que otra licencia de ausencia por los efectos del ágape, las condiciones laborales seguían siendo las mismas: la incomodidad de las instalaciones, los salarios austeros, la falta de espacio, ausencia, deficiencia o insuficiencia de algunos servicios, así como un clima organizacional rígido y muchas veces francamente molesto. El convivio y las canastas, eran una herramienta táctica para cumplir el objetivo estratégico.

Traigo a colación esta paradigmática anécdota, puesto que las “alegres elecciones” son básicamente lo mismo. Sin amenazar ni un ápice la base económica del país, sin cambiar siquiera la estructura del sistema político, cada cuatro años, los guatemaltecos asisten regocijantes –hablo de la mayoría– a votar en unas elecciones donde las decisiones (verdadera elección) las toman otros, en forma previa y planificada. A pesar de los cambios que habrá en el proceso electoral de 2019, las cosas no variarán sustancialmente. Más de lo mismo se disfrazará para engañar a un votante que adolece de adecuada información y que, además, no cuenta con formación ciudadana o política alguna. Aunado a esto, la desorganización y la falta de unidad –sempiterna tara endémica en el reino–, hacen el escenario perfecto para continuar con lo mismo y los mismos.

Únicamente aquellos proyectos políticos serios y de largo plazo, no simples y cachimbiros vehículos electoreros, sabrán aprovechar los resquicios que brinda el sistema, debiendo entender que la oportunidad se centrará básicamente en llevar la mayor cantidad posible de gente decente y capaz al congreso y luchar por algunos cotos en el poder local (alcaldías), siempre con la visión de largo alcance, porque en el corto plazo, solo podemos empezar a sentar las bases del futuro. Desde la llanura de mi independencia, creo que las dos únicas opciones que se salen de la “caja”, son SEMILLA y MLP. La historia por venir dirá si estuvieron a la altura de sus responsabilidades históricas, y si la ciudadanía supo leer adecuadamente su esfuerzo.

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