Opinión

José Alfredo Calderón: La impronta del miedo

José Alfredo Calderón E.*

En una reciente cena de corte académico, varios amigos discutíamos sobre las razones que provoca, lo que a simple vista podría calificarse de masoquismo chapín. Desde 1957 hasta nuestros días, las elecciones generales han sido un chiste de mal gusto y cualquier sondeo, arroja un rechazo generalizado a los políticos, a los “partidos” y a la “política”. De hecho, las personas con capacidad y talante ético, se cuidan mucho de ser catalogados dentro de este segmento y esto es una de las razones por las que no surgen nuevos candidatos idóneos. Nuevos pícaros si surgen a cada rato y son los que le dan el refresh necesario al sistema.

Todo mundo habla pestes de los diputados y el antro que los anida. Misma reacción hay por el presidente de turno, ministros y viceministros, asesores y funcionarios públicos en general. Pestes se oyen también del sistema de justicia y de toda la institucionalidad centralizada y autónoma de Guatemala. Lamentos sobre la carencia de verdaderos partidos políticos, es decir, aquellas instituciones de derecho público que sirven como intermediarios entre el Estado y la Sociedad. Quejas sobre la precariedad global que azota al país, así como hastío por todos los grandes problemas nacionales que se postergan año con año, elección con elección.

Cuando se platica con diferentes grupos, todos coinciden en cinco cosas:

  1. El país está muy mal y no debería seguir así.
  2. La situación económica y la violencia son insostenibles.
  3. Las elecciones han demostrado no resolver mayor cosa.
  4. La política es una porquería y los políticos son una vergüenza.
  5. Esta situación es insoportable.

Ahora bien, ¿Cómo se explica entonces, que la participación en las elecciones y el voto por los políticos que se dice detestar, va en aumento? ¿Cómo se explica el voto masivo por un militar en tiempos de paz? ¿Cómo se explica el auge de los discursos autoritarios y violentos? ¿Cómo se entiende que un personaje con las carencias de Jimmy haya sido el más votado? He aquí mi hipótesis: la impronta del miedo desata el conservadurismo más duro y ello conduce al autoritarismo y la normalización de la violencia y lo perverso.

Recientemente explicaba en un foro sobre cultura política, cómo el guatemalteco común es de corte conservador y esto conduce a la popularización del autoritarismo. Comenté acerca de los orígenes de ese conservadurismo, los cuales se remontan a las épocas “gloriosas” de la Capitanía General del Reino, donde se concentraban las artes, el comercio, la Universidad de San Carlos de Borromeo (la tercera de América), las modas y la rectoría en todos los órdenes religioso, cultural, social, económico y político.[1] Ese miedo por lo nuevo por conocer y la preferencia por lo viejo conocido, conduce a muchas cosas pero hay un hecho en particular, que calificaríamos de pintoresco si no fuera por lo tragicómico. El Brigadier Gabino Gaínza era Capitán General del Reino en la mañana del 15 de septiembre de 1821 pero ya en la tarde el mismo personaje era Presidente de las Provincias Unidas de Centroamérica. Luego, las elites que habían obtenido la independencia, demuestran nuevamente el temor a lo desconocido y más tardó el proceso de independencia que la decisión de anexarse al Imperio de Iturbide en México. Más muestras de conservadurismo duro se tienen con el gobierno de Mariano Gálvez (un adelantado para su época), quien es defenestrado por la manipulación de los sectores conservadores liderados por la Iglesia Católica. Don Mariano estaba consciente de las necesidades salubristas y fue el primer gobernante que cloró el agua, situación que fue aprovechada para inventar la especie de que había envenado el vital líquido, lo cual “cuadraba” con la epidemia de cólera que azotaba esos días[2] a lo que después sería la República de Guatemala (21-3-1847). Al no poder explicar lo nuevo (la cloración del agua) lo más fácil fue creer en las patrañas de sus adversarios políticos.

Otro ejemplo más lo tenemos en la pretendida Reforma Liberal (1871-1944), que de liberal solo tenía el nombre dado su marcado corte conservador. Con la Revolución de Octubre de 1944 pasa algo similar, pues un movimiento que pretendía modernizar al país y generar pequeños y medianos propietarios, fue tildado de comunista y eso propició la intervención norteamericana de 1954.

En varios sentidos, el conservadurismo siguió haciendo estragos en el país y la base siempre fue el MIEDO. Y es que más allá de la expresión socio-cultural, lo conservador se hacía acompañar de regímenes dictatoriales y represivos, los cuales aplicaban múltiples formas de violencia institucionalizada. Desde 1957 a nuestros días[3], las masas siempre votaban por el que más conocían o sentían conocer. A partir de la llamada apertura democrática 1984 a la fecha, hay un hecho estadístico contundente: nadie con conocimiento público menor del 70% gana una elección. De allí que la expresión “Le toca” fuera tan común.

Pero el punto principal de mi hipótesis es demostrar la conexión existente entre Conservadurismo, Autoritarismo y Violencia, entente que se dinamiza con el factor que los cohesiona: EL MIEDO. Esto explicaría la atracción por los discursos fascistoides y virulentos. Ese miedo a sentirse desprotegido e inseguro, lleva a las masas, votar por candidatos déspotas, a seguir la hegemonía del cacicazgo e inclinarse por un sistema patrimonialista y clientelar que garantiza privilegios más allá de los méritos y el talante ético. Estas conexiones dan para seguir de-construyendo y propiciar el debate serio.

*Historiador y observador social

[1] De hecho Guatemala continúa teniendo cierta ascendencia sobre el resto de Centroamérica, cuenta con la mayor economía y sus habitantes siguen mostrando cierto aire de supuesta superioridad sobre el resto de habitantes del área rural y del resto de países centroamericanos.

[2] inicios de los años treinta del siglo XIX.

[3] Es el período que más he analizado en mis estudios.

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