Opinión

José Alfredo Calderón: Resumen preelectoral para la prevención de desastres

José Alfredo Calderón (historiador y observador social)

En enero convocan a otro proceso más de “Las Alegres”. Por mucho que se diga, escriba y grite, por mucho que el sistema político siga siendo el mismo                            –estructuralmente hablando–, en la psiquis de la gran mayoría, las elecciones siguen cumpliendo los dos elementos básicos para que sean exitosas como supuesta válvula de escape y el ejercicio “democrático”:

  • Las masas poco o nulamente informadas y con escasa o inexistente formación política o ciudadana (al menos), piensan que los comicios son la única forma de participación en esta democracia representativa. Aunque no se diga ni haga nada en casi cuatro años, el día “D” es el día esperado para castigar o premiar a la “clase política”.[1]
  • El sistema político, aun con sus deficiencias –dicen las masas–, me representa porque tengo varias opciones que van desde la izquierda extrema, a la derecha ultraconservadora. Siempre habrá más de alguien      –manifiestan esperanzados–.

Esta situación me hace ser práctico. Si de todos modos la gente irá a votar masivamente este 2019 (ya lo verán), por lo menos hay que proporcionar un resumen de lo que ha pasado y podría pasar, de cara a un capítulo más con algunos cambios que no terminan de ser poca cosa. Veamos:

Con la expectativa que generó lo que se dio en llamar el “despertar ciudadano” o “La Plaza” en 2015, se lograron reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos –LEPP–, que si bien no rompían la estructura política del sistema, si permitían grandes avances. Por supuesto que el proceso de estos cambios contó con un contexto muy diferente al de ahora por tres razones fundamentales:

  1. Trump no había llegado al poder en USA. Con lo que la política exterior no había dado el vuelco de ahora.
  2. El embajador Todd Robinson, con su particular forma de ser y actuar, imprimía un sello especial a la coyuntura. De naturaleza “Halcón”[2], la incidencia iba más allá de la diplomacia.
  3. Mario Taracena, como presidente del Congreso, era la correa de transmisión de Robinson, al extremo que se hizo popular la frase: “Hagan caso porque ahora las instrucciones vienen en inglés.”, en clara alusión a que si sus colegas no acataban las instrucciones de la Embajada, podrían tener consecuencias que iban desde la pérdida de la visa hasta cuestiones mayores como la Ley Magnitsky y otros mecanismos.

Si en algo tuvo éxito la campaña mediática post Plaza, fue en hacer creer a las masas que ellas mismas –por sí solas– habían logrado botar a Otto y Roxana, así como deshacerse de Baldizón y defenestrar a Sandra. Todo estaba servido para la victoria del impresentable que desgobierna actualmente.

Y se vinieron las reformas del 2016, las cuales serían seguidas por una segunda parte que nunca llegó. Sin embargo, insisto, los cambios eran importantes en su momento:

  1. Voto migrante y voto nulo: Se convirtieron en una quimera al resultar inoperante e inviable. El primero por falta de voluntad política y una pobre logística en consecuencia; el segundo porque fue diseñado para que no incidiera.[3]
  2. Financiamiento electoral anónimo e ilícito: Con la modificación hecha por el Congreso, a la medida de los empresarios mafiosos y sus operadores, los padrinos del pecado original del sistema político respiran aliviados y ya surgieron las primeras libertades (Rodrigo Arenas y Andrés Botrán).
  3. Pauta comercial política mediada por el TSE: Esta sigue siendo una reforma vital, pero si la CC falla a favor de los empresarios y sus Cámaras en el recurso que está pendiente, borrón y cuenta nueva. El mexicano dueño de los medios seguiría siendo el “Ángel de la Democracia”.
  4. Campaña más corta: Esta reforma se mantiene pero pierde vigor al desaparecer o debilitarse otros cambios. Por lo menos con esto ya sabemos que no surgirán otros candidatos, pues el tiempo no da para la construcción espuria de personajes ni para las largas y masivas campañas. Los que ahora tienen al menos las 2/3 partes de conocimiento público (no intención de voto), son los que están.[4]
  5. Transfugismo: Al parecer no lo lograron, pero el hecho de que 103 diputados (solo dos menos de la mayoría calificada) hayan golpeado al PDH con un recorte presupuestario que prácticamente inhabilita a la Institución, permite elucubrar que no es imposible que lo logren. De todas formas, la aprobación del presupuesto general 2019 les garantizará una descarada piñata a quienes no pueden reelegirse (financiamiento a ONG’s conectadas con ellos mismos, plazas a repartir, listado de obras y otras prebendas). Como se ve, si no lo logran de una forma, lo logran de otra y, a veces, ordeñan, beben leche y hasta venden la vaca que no es de ellos.
  6. Filtros para los candidatos: Aunado al espíritu inicial de la fiscalización del financiamiento electoral anónimo e ilícito (ahora ya modificado), el TSE modificó el Reglamento de la LEPP para darle cumplimiento a la idoneidad contenida en el artículo 113 de la Constitución Política de la República. “Derecho a optar a empleos o cargos públicos. Los guatemaltecos tienen derecho a optar a empleos o cargos públicos y para su otorgamiento no se atenderá más que razones fundadas en méritos de capacidad, idoneidad y honradez.” En consecuencia, los Magistrados establecieron una serie de requisitos que los candidatos debían presentar, para garantizar no solo la idoneidad, sino sobre todo, la integridad de los aspirantes. Pero resulta que ellos mismos –a finales de septiembre–, dan marcha atrás en esos cambios y re-modifican el Reglamento. Se eliminaron los requisitos de la Contraloría, MINFIN, MICIVI y Registro Mercantil. Puerta libre de nuevo para contratistas, personas con procesos administrativos y judiciales, así como conflicto de intereses con el Estado.

El contexto como se ve, es sumamente gris, pero repito, las masas igual irán a votar en forma masiva y con poco o nulo criterio. Queda a la masa ciudadana, aquella con un mínimo de información y formación, tratar de influenciar en los demás, no para que voten por determinado partido o candidato, sino para que se hagan algunas preguntas básicas y luego ejerzan su derecho civil y político.

  1. ¿Estoy consciente que la gran mayoría de partidos y candidatos son de la vieja política o reciclaje de éstos?[5]
  2. ¿Conozco los nombres de los partidos “nuevos” que son el parapeto de los viejos? VAMOS, PODEMOS, POPULAR, VALOR, etc.
  3. ¿Estoy consciente que una sola persona no puede cambiar al país y por tanto, la idea de un Mesías no solo es ingenua sino inviable políticamente?
  4. ¿El Partido que me atrae (por los motivos que sean), tiene procesos administrativos y políticos pendientes?
  5. ¿El o los candidatos que me atraen tienen procesos administrativos y penales pendientes? ¿O peor aún, antecedentes penales y policíacos?
  6. ¿El candidato que me atrae, ha brincado de partido en partido y tiene más de 10 años de andar en la vieja política?
  7. ¿Estoy consciente que los candidatos y las personas detrás de ellos tienen la solvencia moral y política para enfrentar cualquier señalamiento?
  8. ¿Estoy consciente que estas elecciones no resolverán de raíz los problemas del país porque el sistema político sigue siendo el mismo?
  9. ¿Me conformo con llevar a algunas personas decentes al poder local y legislativo, con las limitaciones que este alcance tiene?
  10. ¿Tengo garantía de que estas personas que juzgo decentes no sucumbirán ante el sistema?
  11. ¿Estoy consciente que la solución es de largo plazo y que urgen cambios estructurales en el sistema político del país?
  12. ¿Las plataformas políticas y sus candidatos me representan verdaderamente y me garantizan un canal de comunicación para la participación ciudadana y la fiscalización social?
  13. ¿Existe y conozco el plan político de corto, mediano y largo plazo de la plataforma y candidato escogido? ¿Parece al menos realista y razonable?
  14. ¿Estoy consciente que la abstención, el voto nulo y elegir propuestas que la mayoría considera inviables, también son opciones válidas y mi derecho?

Hay muchas preguntas más pero con éstas, las posibilidades de desperdiciar el voto disminuyen.

 

José Alfredo Calderón E.

Historiador y observador social

 

[1] Las elecciones me recuerdan tanto a los convivios navideños. Todo mundo se desfoga y la pasa “de al pelísimo”, aunque el ambiente laboral siga igual de malo los 364 días restantes y las condiciones laborales no varíen.

[2] En la diplomacia norteamericana se reconocen dos corrientes o escuelas: Los Halcones y Las Palomas. Mientras los primeros siguen los lineamientos de la Escuela Clásica y guardan las formas, los primeros son de actuar duro y directo; normalmente estos personajes no tienen una larga carrera diplomática o provienen de la Política o la lucha antidrogas.

[3] El voto nulo solo cuenta si en una elección gana por mayoría absoluta, aunque los comicios se repiten con los mismos candidatos. Nunca en la historia política del país el voto nulo ha llegado a superar porcentajes significativos y de hacerlo, no serviría por lo ya dicho.

[4] Al respecto ya he escrito sobre estos 4 precandidatos: Thelma Aldana, Sandra Torres, Alejandro Giammattei y Zury Ríos (en su orden). No alcanza para más, salvo que Arjona, Velorio o los 3 Huitecos decidieran hacer política.

[5] Los únicos partidos nuevos son el MLP cuya base social es CODECA y SEMILLA, de corte socialdemócrata.

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