Opinión

José Alfredo Calderón: Los aprendizajes de la guerra y el odio

José Alfredo Calderón E.

Historiador y observador social

Acabo de regresar de un viaje que me permitió visitar el campo de concentración Sachsenhausen y el museo “Topografía del Terror” en Berlín, Alemania. Es una experiencia inefable que te hiela el alma y por momentos te paraliza. Fui al campo el domingo 4 de noviembre y el lunes 5 al museo, por lo que la ineludible comparación inmediata provoca una asociación macabra. Los espacios físicos, las barracas, las máquinas de tortura, la cocina, el anfiteatro y otros lugares, se corresponden con las tremendas gráficas en donde se pueden ver a las personas que sufrieron el holocausto, estando todavía “vivas”. No hay “mejor” forma de acercarse a las peores manifestaciones de la bajeza humana.

A la par de Sachsenhausen hay una comunidad, en la que todavía se conservan las casas de los SS y las de los comunitarios que vivieron la experiencia de llevar toda su dinámica humana a la par de un campo de concentración. Dada la cercanía, el guía formuló una pregunta: ¿Creen ustedes que esta comunidad sabía lo que pasaba a la par? Y luego realizó una pregunta más aterradora: ¿Creen ustedes que esto podría volver a pasar? Estas son interrogantes que lo invitan a uno a replantearse la vida. La primera respuesta es un rotundo sí, aunque la mayoría de los visitantes no alcanzaron a responder y otros lo hicieron vacilantes. De hecho, varios pobladores trabajaban en el Campo o le servían de alguna forma. Aunque este lugar no era “strictu sensu” un campo de exterminio como Auschwitz[1], las diferencias al final se diluían, pues la muerte de los recluidos fue un denominador común. La segunda respuesta es más letal, pues con la misma vacilación, pero el grupo en general reconoció que estas masacres pueden volver a ocurrir, dentro de un proceso similar de locura.

No entraré en tantos detalles, por lo macabro del Holocausto, pero la pregunta general básica es: ¿Por qué la experiencia no nos permite rechazar tajantemente una posible repetición del horror? En otras palabras: ¿Por qué aceptar sin más, que es posible la repetición de estos dantescos hechos?

El odio hacia los judíos y la construcción de un plan macabro de exterminio, tenía una razón económica como todas las guerras y ejercicios de dominación, pero más que la razón, utilizaron la emoción y los prejuicios. Este plan fue diseñado por mentes privilegiadas, con un intelecto que merecía un uso más noble, pero que ahora conocemos en toda su dimensión y constatamos que no dejaron absolutamente nada a la deriva. Todo fue minuciosa y certeramente diseñado, planificado, ejecutado, monitoreado y evaluado. Cada paso fue meticulosamente preparado, pero si alguna parte del proceso se puede definir como esencial, fue la propaganda, la cual desde sus inicios, se basa en las debilidades humanas.

Hoy en día, no es raro encontrar a alguien que pueda justificar este horror; de hecho, gente como Bolsonaro en Brasil es un fiel representante de la posibilidad concreta de revivir al monstruo. Su mensaje racista, discriminador y de odio, logró millones de votos y una diferencia considerable sobre su opositor. La extrema derecha, cercana por naturaleza a los postulados del nacional socialismo (con minúsculas), sigue vigente y amenaza con seguir avanzando. Es increíble como en la misma Europa, que vivió tan de cerca el flagelo de las guerras y sus funestas consecuencias, se asiste a victorias de personajes que encarnan lo peor de la raza humana.

El nazismo no surgió por generación espontánea sino fue un proceso largo que se logró colar en el consciente y subconsciente de muchos, personas que rezaban, asistían a servicios religiosos, le leían cuentos a sus hijos antes de dormir y tenían formas cariñosas de manifestar el amor en familia, sin que por eso se arrugaran durante el día para cometer las peores fechorías de la que alguien puede ser capaz. Quemar gente viva en los hornos y luego leer la biblia en familia, era una actividad macabramente cotidiana.

¿Y sabe una cosa estimado lector? Guatemala no es ajena. Revise el discurso de odio en redes sociales y medios de comunicación, así como en pláticas cotidianas a nivel familiar, estudiantil, laboral, social y religioso[2]. El caldo de cultivo para Bolsonaros o cualquier mente macabra ya está servido. ¿Sabe otra cosa? Incluso la gente que se conmueve y llora con la película “La Lista de Schlinder”, no muestra iguales sentimientos con respecto al genocidio guatemalteco, el cual niega o le cambia nombre para defenderlo vergonzosamente.

Gandhi decía: “Ojo por ojo y nos quedaremos todos ciegos” y sin embargo, en nuestro país son miles quienes aplauden la pena de muerte y los discursos de odio.

Si algo aprendieron los alemanes es el NUNCA MÁS. Estuve en ese hermoso país durante la primera quincena de noviembre y me percaté que las conmemoraciones es algo que se toman muy en serio. Cien años del final de la Primera Guerra Mundial y veintinueve años de la caída del Muro de Berlín, no solo no pasan desapercibidos, sino que forman parte de un vasto programa nacional de conciencia, memoria histórica y rechazo a cualquier posibilidad de repetición.

Hace dos días se cumplieron 58 años del Movimiento 13 de Noviembre y la fecha pasó desapercibida. La mayoría de la población guatemalteca no conoce los alcances de esta fecha[3]. Quizá el discurso de odio se haya impuesto y muchos lo vean como una gesta comunista y –por tanto– merecedora del rechazo, olvido u ocultamiento, cuando en realidad, dicho movimiento fue de orden militar y en sus orígenes no tuvo ningún contenido político-ideológico. La evolución de esta gesta marca el inicio del Movimiento Revolucionario Guatemalteco y la represión desatada por el Estado de Guatemala, no tuvo parangón en el continente americano[4].

Doscientas mil víctimas debiera ser razón (y emoción) suficiente para conmemorar, pues con ello, no se celebra, solo se recuerda, se rinde tributo a las víctimas y se genera conciencia tajante para la no repetición JAMÁS.

Las elecciones son inminentes y el panorama es desolador. A la pobreza de la oferta electoral, se añade la visibilidad y viabilidad de grupos extremos que propugnan el odio, la discriminación y los prejuicios. ¿Se recuerda? Las peores cosas en la historia de la humanidad se alimentaron de esto.

 

[1] Durante la existencia de los campos de concentración de 1933 1945 (anterior a lo que muchos piensan), hubo campos que se dedicaban básicamente al exterminio y otros que aprovechaban la fuerza laboral para que el disfraz de centros de trabajo y reclusión fuera más fácil. Sachsenhausen era uno de los segundos (fue inaugurado en 1933). En ambos casos, la muerte era el destino final de la mayoría y el desprecio a la condición humana, la dinámica que tranversalizó las operaciones.

[2] Conozco muchos casos en los que piadosos religiosos se refieren a ateos, agnósticos o “rivales” de secta con odio extremo y deseos de muerte.

[3] Para quienes deseen hacerlo, pueden revisar mis dos artículos relacionados con el MR-13 de Noviembre en la Revista Crónica digital, en el que abundo en detalles (noviembre 2017).

[4] Por mi trabajo he podido entrevistar a brasileños, argentinos, chilenos, peruanos y uruguayos, quienes a pesar de haber sido testigos y víctimas del terror, reconocen que el caso guatemalteco es paradigmático por tres cosas fundamentales: la longevidad del conflicto, el número de víctimas entre muertos y desaparecidos, así como la perversidad de los crímenes.

Mas en Opinión

ENFOQUE: Entre binomios y las encuestas “patito” o chafas

ENFOQUE: La desnutrición ‘le pela’ a diputados y al Gobierno

José Alfredo Calderón: Los convivios navideños y las “alegres…”

ENFOQUE: Cuando se golpea la FE

ENFOQUE: Si el Norte fuera el Sur… o si hubiera más Arjonas

José Alfredo Calderón: La impronta del miedo

Enfoque / Diferente vara de medir: Salud y Educación

ENFOQUE: Entonces… ¿Qué país queremos?

José Alfredo Calderón: Resumen preelectoral para la prevención de desastres

Enfoque: La niñez guatemalteca en el olvido

Enfoque: ¿Estupidez, torpeza o brillantez?

ENFOQUE: Se agitan las aguas electoreras

Renzo Lautaro Rosal: DESESPERANZAS POR DOQUIER

Enfoque: ¿Metro? Por favor, algo más que demagogia electoral