Opinión

Enfoque: ¿Metro? Por favor, algo más que demagogia electoral

— Gonzalo Marroquín Godoy

Después de un día de arduo trabajo –como el que solemos tener la mayoría de guatemaltecos–, salí de la oficina, situada muy cerca del Obelisco en la zona 10, para tomar la 20 calle en dirección a la carretera a El Salvador. Un recorrido que sin tráfico toma de tres a cinco minutos me tomó 40 minutos.Pero eso no es nada. Ese mismo día una hija que tiene que ir hasta la cuesta de Villalobos, estuvo dentro del carro dos horas y media de la zona 14 hasta su destino. Al día siguiente, en la infaltable conversación de gimnasio, un amigo contaba dos o tres anécdotas parecidas de la noche anterior. El tráfico en la capital se ha convertido en un calvario, ya no en las antes famosas ‘horas pico’, sino prácticamente durante toda la jornada, desde las 5:30 a. m., hasta las 20:30 p. m.… si no un poco más.

Una de las necesidades más grandes de la capital –y ciudades aledañas– es la de un eficiente y seguro servicio de transporte público. No se ha planificado.

Una de las causas para tanto embotellamiento es que la ciudad carece de un servicio de transporte público adecuado, un desafío que se ha venido postergando y nunca se ha enfrentado de acuerdo con la magnitud de lo que se requiere. Allá por el año 2002 o 2003 –si no estoy mal– el alcalde y buen amigo Fritz García Gallont tuvo la idea de lanzar el ‘Transmetro’ –un sistema de buses articulados que ya se utilizaba en algunas ciudades de Colombia– y realizó pruebas cerrando carriles sobre la calzada Aguilar Batres para ver el impacto que podría tener sobre esa importante vía de acceso. Hasta donde supe, dejó listo el proyecto para la siguiente administración, que encabezó ¡hace 14 años!, Álvaro Arzú. Pero como se volvió práctica por parte del desaparecido alcalde, el proyecto arrancó hasta el año electoral, es decir se puso en funcionamiento en 2007. Aunque tiene grandes virtudes, el ‘Transmetro’ no es la solución integral al problema de transporte público, mucho menos si se desarrolla –como ha sucedido– creciendo lentamente y sin desarrollo integral. Cada cuatro años, siempre en el año electoral, se le añaden rutas y más buses. Muy bueno, pero insuficiente.

Entre las deficiencias de este servicio, está que no contempló a las famosas ‘ciudades dormitorios’, principalmente Mixco y Villa Nueva, y entonces no logró lo necesario que disminuyera el flujo de vehículos hacia la ciudad. Cada vez se hace más evidente que la problemática del tráfico vehicular que ahoga a los capitalinos, es un problema que excede la capacidad de la comuna, me refiero a la capacidad financiera. Entre los años 2007 y 2010, la embajadora de Francia en aquel entonces, Michele Ramis, tuvo la inquietud de promover la construcción de un metro sobre tierra financiado por su país. El alcalde Arzú hizo de oídos sordos y el proyecto no avanzó, aunque el gobierno francés pagó un estudio que debe estar en alguna gaveta de la municipalidad.

Se ha perdido tiempo. Mientras el alcalde Arzú hablaba de la ‘ciudad del futuro’, ciudades como Panamá y Santo Domingo en República Dominicana tomaban más en serio la necesidad de este servicio de transporte y desarrollaban modernos metros, sin tener el nivel de problema que tenemos nosotros.

Como ahora estamos por entrar otra vez en año electoral, surge la idea de promocionar un metro. ¿A quién no le gustaría que se convirtiera en realidad? La iniciativa proviene del alcalde de Mixco, Neto Bran, quien lamentablemente la lanza hasta que está por iniciar su campaña de reelección y lo hace al estilo de Arzú y sus ramales del ‘Transmetro’.

¡Por supuesto que es algo necesario! Sin embargo, la construcción de un metro hay que abordarla con seriedad y empeño. La etapa de planificación del metro de Panamá se llevó varios años y construir el primer tramo tomó tres años. Es pues un proyecto visionario y de gran envergadura que, sin embargo, se debe desarrollar sin intereses ni tintes políticos y ¡por supuesto! con absoluta transparencia, porque no es cierto que cueste US$700 millones o algo por el estilo. El metro panameño, que no es enorme, ha costado cerca de US$1,800 millones. Digo esto, para que no se crea que se trata de algo como ‘soplar y hacer botellas’.

La vida en la ciudad ha perdido sentido humano por muchas causas, pero las principales son: a) el tiempo que hay que pasar en los automóviles o buses para trasladarse y; b) la falta de seguridad ciudadana, sin olvidar los otros problemas municipales que no se han resuelto de fondo, aunque se atacan superficialmente.

Sería muy interesante algún estudio que midiera el impacto de los embotellamientos –ese tráfico en ‘cámara lenta’, como lo llama el colega y amigo Felipe Valenzuela– en la vida de los capitalinos. Afecta la salud mental de los vecinos, su economía, la armonía familiar y golpea el rendimiento que tenemos como sociedad.

¡Sí! al metro, pero ojo ¡No! a la demagogia.

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