Opinión

ENFOQUE: Crisis migratoria no debe llamar al engaño…

Gonzalo Marroquín Godoy

Centroamérica es foco de atención de la prensa internacional por temas como desastres naturales, corrupción, narcotráfico, pandillas o crisis sociales, como la que ahora estamos viendo con las famosas caravanas de migrantes que han provocado gran alboroto desde la Casa Blanca en Washington, hasta los cofines más remotos de los países que se han visto involucrados de una u otra manera.

La cobertura informativa que se ha dado a este éxodo masivo ha ocupado espacios importantes en la prensa local, pero también en la de cada país y, particularmente, en Estados Unidos, el país destino para miles de hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses que se encuentran ya –casi en su totalidad, si no sale una nueva caravana–, en el vecino México, otro de los países que mantiene un importante flujo migratorio hacia su vecino del Norte.

Mientras muchos centroamericanos –guatemaltecos en particular– no tengan una vida digna, seguirá el gran flujo de migrantes hacia EEUU.

Ayer los presidente de Honduras y Guatemala, Orlando Hernández y Jimmy Morales, volvieron a insistir en que detrás de estas caravanas hay intereses políticos, restando importancia –una vez más–, al verdadero meollo del asunto, que tiene que ver con la vulnerabilidad de las masas sociales en cada uno de nuestro países, ya sea por la pobreza y pobreza extrema que las golpea –de la mano de la falta de oportunidades y abandono del Estado–, o por la violencia que agobia a millones de personas y familias en el afamado Triángulo Norte de Centroamérica.

No es casualidad que solamente Haití (168) en todo el continente americano, tenga peor coeficiente de Desarrollo Humano que El Salvador (121), Nicaragua (124), Guatemala(127) y Honduras (133). –Entre paréntesis el puesto que cada uno de los países ocupa a nivel mundial–.

En estos días he tenido la oportunidad de leer y ver varios análisis sobre esta crisis humanitaria, tanto en medios de prensa de reconocido prestigio y credibilidad, como en redes sociales, en donde parece librarse más bien una batalla ideológica en la que se trata de hacer creer que hay una mano siniestra detrás de todo el movimiento.

No hay que descartar nada. Sin embargo, sería imposible crear estas oleadas de migrantes si no existiera una cruda realidad como fondo o marco de referencia. Si se piensa detenidamente, es algo casi imposible encontrar a tantas personas –las cifras varían– , que estén dispuestas, por razones políticas, a recorrer cerca de 3.500 kilómetros sin alimentos, poco dinero y en condiciones que demandan un esfuerzo cercano a lo sobrehumano, poniendo no solo en riesgo sus vidas, sino además –en muchos casos–, la de sus hijos y seres queridos.

Claro que hay un caldo de cultivo en cada país. Los cientos de testimonios son claros: huyen de la pobreza, de la falta de oportunidades y de la violencia. En muchas de las entrevistas se hace evidente que estos pobres migrantes ven detrás del sistema fallido de nuestros países, el fantasma de la corrupción. Si, son muchos los que critican la gran vida que llevan los políticos, cuando el pueblo se muere de hambre y carece de educación y trabajo.

Curioso también es que en los tres países del Triángulo Norte, han brotado grandes escándalos de corrupción que involucran a exgobernantes, algunos de ellos guardando prisión, cuando el brazo de la justicia ha podido más que el muro de la impunidad.

México, Guatemala, El Salvador y Honduras son los países latinoamericanos de donde salen más migrantes en busca del mal llamado sueño americano. Pero tristemente, son los gobiernos de estos cuatro países, los que criminalizan y dan mal trato a los integrantes de las caravanas.

En lo personal, me indignó ver un helicóptero mexicano sobrevolando sobre el río Suchiate para agitar las aguas cuando los migrantes cruzaba con sus familias. Por suerte no murió ahogado nadie, pero seguramente sufrieron mucho ese momento creado con la misma o peor intención que el famoso muro de Mr. Trump.

El gobierno de Jimmy Morales ha tratado de poner a los inmigrantes como delincuentes. Se olvida que hasta plata dieron para su campaña. Que no la hayan reportado al TSE es otra cosa, pero sí se recogieron buenos dólares… dólares sudados que fueron a parar al bolsillo de alguien.

Para mí es claro: estas caravanas, al igual que el tráfico diario de personas hacia EEUU, se deben simple y sencillamente a la pobreza, falta de oportunidades y violencia. En pocas palabras no tienen una vida digna. Todo lo demás, es adorno. Además, no se van engañados por nadie. Pagan por ir y saben los peligros que les esperan, pero es mejor eso, que la vida que aquí llevan. Por eso se van.

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