Opinión

ENFOQUE La depuración política está “a medias”

Gonzalo Marroquín Godoy

Mañana termina la Copa del Mundo y principia una batalla local más importante y trascendente: la actividad político-partidista de cara a la convocatoria electoral en enero de 2019, es decir, se agitan las aguas con asambleas de los partidos y el surgimiento de candidaturas presidenciales, para diputados y alcaldes en todo el país. De ello dependerá, en buena medida, el futuro de Guatemala.

Si bien es cierto que la lucha contra la corrupción y la impunidad ha logrado importantes avances en el país, no ha conseguido la transformación de ese círculo vicioso en uno virtuoso, y sigue vigente –aunque gracias a Dios bastante golpeado–, el mal que engendra tanta porquería en la administración pública: el sistema de partidos políticos vigente.

Se canceló a los partidos Patriota (PP) y Líder, pero han quedado organizaciones similares: FCN-Nación y la UNE.

Los casos descubiertos por CICIG y el MP dejaron al desnudo que los partidos tradicionales –que representan la vieja política– han sido los vehículos perfectos para promover la corrupción, la impunidad y mantener al país en la caótica situación socioeconómica que todos conocemos.

Ese sistema de partidos políticos muestra su nivel de fracaso y se ve totalmente fallido, cuando se comprueba –una, otra y otra vez– que cada partido que llega al gobierno lo hace con el fin primordial de servirse del poder y no de utilizarlo en beneficio de las grandes mayorías, casi siempre olvidadas por el Estado.

Eso explica por qué cada partido que ha ganado la presidencia ha desaparecido o se ha debilitado –hasta diluirse totalmente– en años posteriores. Esos son los casos históricos de la DC, MAS, PAN, FRG, Gana, UNE, PP y ahora FCN-Nación. No hay excepción.

Bien se ha dicho y repetido que la corrupción como la que se ha descubierto –casos La Línea, Cooptación del Estado, IGSS, Agua de Amatitlán, Corrupción-construcción, Caja de Pandora, etcétera– principia desde las campañas electorales, cuando los partidos se ven permeados por grupos de interés –a veces hasta por el narco–, y luego se produce una cooptación como la que ha salido a relucir.

Hay que aplaudir que además de la depuración natural que se produce con los malos gobiernos, en estos últimos años se ha dado una limpieza de partidos por la vía legal, al ser cancelados el PP y Líder. Los diputados de estas organizaciones aprovecharon el transfuguismo para ubicarse en otros partidos, principalmente el oficialista FCN-Nación, que ofrecía en su momento las mejores oportunidades de seguir haciendo negocios oscuros con el Estado.

Aunque esa depuración fue buena y aplaudida, es insuficiente para dar el necesario oxigeno para un sistema que languidece. Ahora nos encontramos con dos partidos señalados e involucrados en procesos: el oficialista FCN-Nación y la UNE. Lo malo es que al paso que van las cosas, ninguno de ellos será cancelado, lo que significa que podrán participar en el proceso electoral 2019. Hay que recordar que la Ley Electoral prohíbe la cancelación de partidos después de realizada la convocatoria –en enero–, por lo que todo lo que ambos deben hacer, es retrasar e impedir una resolución definitiva en el TSE y tribunales antes de enero.

No creo que ninguno de los dos tenga posibilidades fuertes de ganar las elecciones, pero ambos podrán mantener una cuota importante de diputados y alcaldes, de la misma clase de los que ahora tienen. Es decir, persistirá gran parte de la vieja política.

Es una lástima que esta depuración no pueda ser todo lo contundente que el país requiere. Lo que si es cierto, es que la decisión de repudiar a estas organizaciones estará en manos de la ciudadanía. Por eso los guatemaltecos debemos saber que nuestra voluntad es la única que puede terminar con la depuración de los partidos políticos y promover el cambio.

 

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